Recuerdo haber leído la historia de una mujer que comentaba que después de morir sus padres, fue dada en adopción a una pareja completamente disfuncional; la “madre” en particular, al parecer tenía problemas psicológicos graves, tanto así, que su marido la abandonó pues temía por su propia vida. Luego que esto último pasó, la mujer protagonista de la historia, quedó, siendo aun una niña pequeña, a la merced de una lunática que la maltrataba de manera descomunal; la abusó de todas las formas posibles, la alquiló para cosas impensables y le destruyó su autoestima y la idea de tener una vida apenas normal.
Con el paso del tiempo, la niña creció y se fue del hogar. Por todo lo que atravesó, se introdujo fácilmente en el mundo de las drogas, excesos de todo tipo y hasta en una secta en donde se practicaban actos aberrantes. Lo interesante para mí en esta trágica narrativa, es que la protagonista cuenta que, siendo aun pequeña, asistía con su madre adoptiva a la iglesia, ella no recordaba nada de lo que le decían, pero en la pieza donde recibía escuela dominical, había un afiche en donde aparecía Jesús rodeado de niños; en la imagen se le veía cargando a uno y viéndolo con ojos de amor, aceptación y alegría. Ella recordaba que se quedaba por largos ratos contemplando esa imagen, y que se imaginaba como ese niño que El Salvador tenía en su regazo.
Cuando ya era adulta y estaba en los momentos más oscuros de su vida, hacía un esfuerzo por sentir esa sensación de seguridad y amor que sintió tantos años antes a través de un simple afiche… la historia, afortunadamente, termina en que esta mujer, con la ayuda de Dios, logra salir de esa vida terrible que llevaba. Lo interesante para mí como artista, es entender el poder que puede tener una imagen en el ser humano… como creadores, tenemos la posibilidad de afectar profundamente a alguien, ya sea para bien o para mal.
En este punto, viene a mi memoria el relato de una jovencita que luego de ver ciertos dibujos que hacían de ella sus compañeros de clase, exagerando sus defectos, se embarcó en un camino sin retorno de “autocorrección” sometiéndose a un sinfín de cirugías plásticas. El caso es que lo que vemos e interiorizamos, muchas veces se convierte en algo trascendental en nuestro existir. También leí acerca de un artista, que siempre retrataba mujeres de espalda, dando una mirada de reojo con desdén, y en ocasiones, ni siquiera eso. Este hombre, tenía su casa repleta de estas obras; el era exitoso y no tenia problemas financieros, sin embargo, era desdichado en el amor. Un día, una amiga que fue a su casa, le dijo: “no me extraña que tengas problemas sentimentales, sin que me dijeras nada, al solo ver tus obras, me daría cuenta de eso”.
El reflexionó acerca de esta observación y comenzó a pintar cosas diferentes: parejas felices, la cita perfecta, mujeres sonrientes, etc. Pronto notó que el mismo comenzó a cambiar y a mejorar en su área sentimental.
Quiero que piensen por un momento… ¿Qué tipo de imágenes se ven en una iglesia? ¿Qué obras de arte se encuentran en los palacios? ¿Qué carteles y recortes se ven en los talleres de mala muerte?… ahora analicen ¿Qué tipo de personas son las que asisten o viven en esos lugares? … estoy segura que no tengo que confirmar lo que todos intuyen a raíz de hacer estos razonamientos, pero tengo una importante pregunta final ¿Qué imágenes, ya sea en carteles, obras de arte o impresiones, tienen ustedes en su hogar o lugar de trabajo? Por favor, nunca subestimen su poder.