TARJETAS DE IDENTIDAD

SALADO el RNP. Cuando tomaban envión en la entrega de tarjetas de identidad, se les cae el sistema de validación biométrica –aducen que se trata de un software instalado por el PNUD– y detienen los operativos en 6 departamentos. Sucede en el peor de los momentos. A pocas horas de los comicios internos y primarios de los partidos. Cuando el nerviosismo está a flor de piel. Cuando el tenso ambiente está cargado de malestar por tantas otras cosas. Sumado lo anterior a la inquieta expectativa del amable público a las medidas de emergencia que, de la noche a la mañana, toma la autoridad electoral. Y a la incertidumbre que brota en la medida que el tiempo corre de prisa hacia el día del juicio final. Nadie ignora que ya es costumbre inveterada de la gente dejar para mañana lo que debieron hacer ayer. Así que a nadie asusta esas colas kilométricas de ciudadanos reclamando su tarjeta. Lo inesperado es que ocurra lo esperado en estos pintorescos paisajes acabados, donde todo falla.

Dando rienda suelta a todo tipo de conjeturas sin que haya explicación valedera que logre disipar las dudas de los incrédulos. Meses atrás cuando fueron a nuestro despacho dos de los interventores del RNP a contarnos sobre las retadoras tareas que estaban emprendiendo, encaminadas a darle un “overhaul” a la base registral y dotar al ciudadano de una nueva tarjeta de identidad, lucían optimistas. Sin embargo, conociendo cómo es el infierno hondureño –que cuando hay agua no hay balde, cuando hay balde no hay agua, y cuando hay agua y balde no hay quien abra el grifo para echarla– lo primero que se nos ocurrió preguntarles fue ¿si habían calculado bien el desplome de esos ambiciosos proyectos? Con el pasar de los meses se dieron cuenta que no habría nueva tarjeta de identidad, para todos los ciudadanos, antes de las primarias. Para remediar lo inevitable tuvieron que emitir un decreto prorrogando la vigencia de la vieja tarjeta hasta el 15 de mayo. El propósito de depurar y actualizar la base registral se hizo montando el proyecto Identifícate. Este contó con respaldo y financiamiento del PNUD. Sin embargo, el encargo de contratar una multitud de enroladores para echar adelante el cometido topó con la exigencia de los diputados de colocar sus activistas a desempeñar esas labores de registro. Así que cuando los políticos reclaman al órgano colegiado por los errores, olvidan incluir dentro del pecado las culpas propias. Ello es la lista de recomendados que no cumplían ni las mínimas calificaciones. Varias veces tuvieron que revisar, hacia abajo, el nivel de los aspirantes de los tres partidos.

Luego se presentó otro problema que estalló más adelante. Al momento de diseñar el formulario registral, a alguien se le ocurrió quitar o no quiso incluir una pregunta clave: “¿En qué lugar o domicilio votó usted antes?”. Cuando se divulgaron los datos preliminares y en las pantallas la gente buscaba el sitio de votación que le habían asignado, estalló la bomba del traslape domiciliar. Después de vueltas por acá y por allá, diseñaron un mecanismo de rectificación que no alcanzó corregir la totalidad. Ah, y hay que recordar, –algo que pareciera nadie toma en consideración al momento de hacer airados reclamos– que cuando estaban a medio empezar la gigantesca proeza, cayó encima la pandemia. Ya a las puertas de la elección primaria, ¿qué recurso queda para que ninguno de los inscritos se quede sin identidad? Privilegiar la entrega a los nuevos ciudadanos que no tienen tarjeta de identidad. Así que en las horas que quedan solo entregarán identidades a los nuevos votantes que acaban de cumplir los 18 años. La esperanza es que ninguno se quede sin la suya.