La inmortalidad del alma

JOSE MARIA DIAZ CASTELLANOS

Este tema no solamente está en la Biblia. Las leyes la mencionan por ejemplo, antes para crear un municipio debía que tener determinado número de almas (habitantes). El Código Civil de 1906 las menciona: “Todo asignatario testamentario deberá ser una persona cierta y determinada, natural o jurídica, ya sea que se determine por su nombre, o por indicaciones claras del testamento. De otra manera la asignación se tendrá por no escrita. Valdrán con todo, las asignaciones destinadas a objetos de beneficencia, aunque no sean para determinadas personas. Las asignaciones que se hicieren a un establecimiento de beneficencia sin designarlo se darán al establecimiento de beneficencia que el Poder Ejecutivo designe, prefiriendo algunos de los del domicilio o residencia del testador. Lo que se deje al alma del testador, sin especificar de otro modo su inversión, se entenderá dejado a un establecimiento de beneficencia y se sujetará a las disposiciones del párrafo anterior. Lo que en general se dejare a los pobres, se aplicará a los del domicilio del testador”. (Artículo 1041).

No puedo estudiar la inmortalidad sin analizar que es la naturaleza humana, lo que nos hace claramente humanos. Nuestra naturaleza es distinta de la de los animales y el resto de la creación que podemos pensar y sentir. Nos distingue de los animales, la capacidad de razonar. Pensando como “abogado del diablo”, alguien va a escribir con argumentos contrarios a lo que aquí se diga. De todos modos, después de escuchar al abogado de Trump con una defensa brillante sobre la primera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, la libertad de palabra o de expresión, es un derecho básico que tenemos todos, incluso, los presidentes de la República.
La Biblia enseña que Dios creó los seres humanos a su imagen. Esto nos permite tener cierta comprensión de él. Le decimos “El Rey de Reyes”, “inefable”, pero también Yahveh o Jehová. Nuestra naturaleza humana refleja algunos atributos de Dios, aunque en forma limitada. Amamos porque estamos hechos a imagen de Dios, que es amor (1 Juan 4:16). Los sentimientos nos ayudan a probar la existencia de Dios y nuestra semejanza con él: la compasión, la fidelidad, la sinceridad, la amabilidad, la paciencia y la justicia. Esto de que venimos de una gran explosión, si bien es cierto para la explicación científica, con el ser humano no me convence. Una explosión no me puede explicar el sentimiento del amor.

Los egipcios momificaban a los muertos y conservaban los cuerpos de los faraones en pirámides, pues creían que la supervivencia del alma dependía de la preservación del cuerpo. Un papiro del Siglo XIV a. C. muestra a Anubis, Dios de los muertos, guiando el alma del escriba Hunefer hasta Osiris. Recordemos que los “escribas” son el antecedente de la figura del notario.

Se considera que los primeros que trataron este tema fueron Sócrates y Platón.
Los griegos anteriores a Sócrates y Platón creían que el alma sobrevive a la muerte. Pitágoras (siglo VI a.C.) sostenía que el alma es inmortal y que transmigra. Tales de Mileto, el más antiguo filósofo griego conocido, alegó que poseían alma no solo los hombres, también los animales y las plantas. Los antiguos griegos sostenían que el alma cruzaba el río Estigia para entrar en una inmensa región subterránea, conocida como el reino de los muertos. Allí las almas eran sometidas a juicio.
En Irán, (Persia), siglo VII a.C., vivió Zoroastro, quien decía: “En inmortalidad al alma del justo gozará para siempre de felicidad, pero en tormento el alma del mentiroso sin duda estará”.
Está claro que la enseñanza de la inmortalidad del alma se remonta a la antigua babilonia. Según la Biblia, libro que se caracteriza por su exactitud histórica, la ciudad de Babel o Babilonia fue fundada por Nemrod, bisnieto de Noe. (Internet).

En otro documento llamado “El alma inmortal”, sin autor, se pregunta: ¿qué pasa con el alma cuando una persona muere?, ¿será que el alma muere?, ¿será que el alma es inmortal? Luego concluye que la Biblia muestra que el alma de la persona es inmortal, no importa si esa persona cree o no cree en Dios. Esta afirmación nos está diciendo que, aunque una persona sea atea, su alma es inmortal.

Los que estudian la Biblia se basan en algunos pasajes; “Y murió allí Moisés, siervo de Jehová, en la tierra de Moab. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Betpeor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy”. (Deuteronomio 34: 5-6). Otro pasaje es la transfiguración de Jesús, donde según Mateo 17:3, Jesús con su rostro resplandeciente apareció con Moisés y Elías, personajes que habían muerto miles de años antes.