Leonardo “Nayo” Galindo Castellanos fue un periodista de la vieja guardia. De los clásicos, que ya no quedan muchos. Para situarlo en una generación, podríamos decir que fue compañero de Jonathan Russel, Napoleón Mairena Tercero o Mario Hernán Ramírez y Nahúm Valladares, todos ellos con sus primeros pasos a mediados de los años 50.
En un contexto social y político, su labor periodística de más de 50 años cubrió los momentos más álgidos de la última mitad del siglo pasado: Desde la asunción del presidente Ramón Villeda Morales en 1957 y el cruento golpe de Estado en su contra en 1963, el predominio de los militares en los años 60 y 70, el regreso a la democracia en 1980 y los momentos más peligrosos de la guerra fría, durante la llamada “Década perdida”.
Todas estas etapas las vivió con un periodismo sin pasiones y en medio de la temeridad de cada época. “Era duro hacer periodismo, no había apoyo de grabadoras ni cámaras, ni academia”, recordaría en 2012 en una entrevista al periódico El Libertador. “Hubo momentos que tuvimos que buscar la noticia desde clandestinidad por el temor a los militares”.

GREMIALISTA
Marcado por su origen humilde en La Ceiba, donde tuvo el primer contacto con un micrófono en una radio local, su huella profesional se extendió a los medios influyentes de la época, una vez que se trasladó a Tegucigalpa, donde laboró en los diarios El Pueblo y El Cronista y en radios como HRN y Monserrat.
Fue asimismo un destacado miembro de la Asociación de Prensa Hondureña (APH), promotor del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH) y la Escuela de Periodismo de la UNAH. Adicionalmente, liberal, del que terminó decepcionado tras el golpe de Estado en 2009 y aficionado del Real España. Se retiró en los albores del nuevo milenio ejerciendo relaciones públicas, otra de sus facetas profesionales, y falleció, ayer, víctima del COVID-19. Tenía 92 años.

“LA LISTA”
En su vida jubilada, se quejaba de la ética del periodismo de ahora. “Dejé de escribir porque mi pensamiento no encaja en ciertos medios de comunicación, a lo mejor ni me publicarían”, dijo.
Tras conocerse su deceso, entre sus compañeros de época queda la imagen del periodista gremialista y autor de sus propias anécdotas. Él decía, en su tiempo, que tenía la lista de todos los homosexuales de Tegucigalpa. Los declarados y los del clóset. Pero, sobre todo, los funcionarios públicos. Era temido por eso.
En otra oportunidad, sus compañeros de cabina, Mairena Tercero y Mario Hernán Ramírez, dejaron abierto el micrófono y comentaron en el anuncio que el último de «la lista de Nayo» era un político todavía vigente. Se armó un tremendo relajo al mismo tiempo que crecía el nerviosismo del resto de integrantes de la famosa lista.
“Nayo” Galindo fue despedido hasta su última morada en Jardines de Paz “San Miguel Arcángel” por sus familiares más cercanos, entre ellos, su hijo, el también periodista Jorge Galindo, quien ha recibido toda la solidaridad del gremio y amistades. (EG)