Rafael Delgado Elvir
Cada nuevo acontecimiento que estremece al país resulta que sobrepasa en daños a lo que ya habíamos experimentado en el pasado, quedando así una percepción en la ciudadanía que aún quedan otros por revelarse y que falta todavía camino por recorrer para tocar fondo. Y lo peor, muchos no entienden que pese a su esfuerzo diario y perenne de hacer las cosas debidamente, como lo hace la gran mayoría del ciudadano trabajador, hay mecanismos que se han instalado para reproducir la pobreza, la exclusión y las injusticias para muchos. Quizás con cierta inocencia los hondureños, que sin duda llevamos una buena dosis de responsabilidad, en las pláticas diarias preguntamos con mucha preocupación cada vez que esos acontecimientos ocurren ¿qué estaremos pagando los hondureños? Ante una situación sumamente complicada que amenaza complicarse con el transcurrir del tiempo.
Las revelaciones en un tribunal de Nueva York sobre la infiltración del narcotráfico en las más altas esferas policiales, militares y políticas del país son parte de esos nefastos eventos que solamente producen repudio cuando se conocen sus detalles. Sinceramente aquí ya se sabía de algunos detalles sobre eso desde hace muchos años. Con nombres circulaba la voz sobre el involucramiento de políticos y empresarios en tales delitos. Pero ya se ha repetido muchas veces: cuando las noticias en el pueblo circularon sobre los capitales que se estaban lavando y sobre el tráfico de droga que estaba ocurriendo, las instituciones principales del país encargadas de velar por la seguridad del ciudadano y el respeto a las leyes, ya estaban ablandadas para responder a su nuevo amo. Ya era muy tarde. Pero lo peor, hoy cuando esos delitos se conocen a nivel mundial, los acusados resisten acorazados por el poder.
Hoy las acusaciones en Nueva York nos llenan a todos de vergüenza al saber que nuestras instituciones públicas nunca fueron capaces de nada cercano a lo que se llama impartir justicia. Débiles y controladas ignoraron todo lo que estaba ocurriendo. Además, saber que el nombre del gobernante hondureño se repite reiteradamente en los protocolos que los fiscales norteamericanos reúnen, reconfirma los niveles de control que todos sospechábamos y que ahora se confirman.
Esto es fatal, ya que sabemos que además del debilitamiento de las instituciones públicas del país, del control que se ejerce sobre tomadores de decisiones, se le ha hecho mucho daño a la economía del país. Fueron muchos, seguramente miles los hogares hondureños que tienen familiares que cayeron en la violencia ligadas al crimen organizado. Fueron miles también los que ya no están a la disposición del país porque huyeron temiendo ser víctimas en sus barrios de la violencia. Son muchos los espacios de la economía que no se gobiernan por leyes ni por autoridades respetuosas de las mismas. Por mucho dinero que circule ya no es una economía para emprendedores; no es un lugar donde la vida se respete.
Las próximas elecciones internas de los principales partidos políticos del país, constituyen una oportunidad para decidir claramente hacia dónde queremos dirigir el país. Indudablemente que es el momento de parar a todos aquellos que gracias a las cúpulas corruptas que existen en todos los partidos se han logrado ubicar en un lugar preferencial de las papeletas para continuar reproduciendo la corrupción y el irrespeto a las leyes. Por eso el llamado es a no votar por todas aquellas corrientes cuyos líderes y candidatos a cargos de elección popular han demostrado no tener capacidad ni interés en hacer este país menos injusto. Analice bien su voto, no vote por corruptos ni por aquellos que son instrumento de los corruptores. No se preste a ningún juego, vote consciente, castigando a los que se sabe que llegaron a sus cargos, irrespetando la enorme confianza depositada por el pueblo hondureño en ellos, para servirse a sí mismos y a reírse a carcajadas de nosotros.