PARECIERA que aramos en el mar. Como cuando sugerimos obtener adecuada cantidad de las pruebas clínicas como única herramienta para desacelerar la inercia de los contagios. O cuando anticipamos la inefectiva respuesta de las multilaterales financieras, que a la fecha de hoy todavía no han dado ni los suficientes recursos, ni las alardeadas moratorias ofrecidas, ni las esperadas condonaciones, como respuesta a esta crisis que colapsó las economías. El cataclismo –pese a que fueron creadas para afrontar este tipo de desequilibrios– las agarró con los calzones en la mano. La parsimoniosa burocracia internacional continúa aturdida sin captar la destructiva gravedad del desastre y sin ninguna idea fresca de cómo afrontarlo. Como avestruz con la cabeza metida en la arena incapaz de ofrecer soluciones. O cuando les advertimos que la OPS y su COVAX no daría el ancho suministrando las vacunas ofrecidas a los pintorescos paisajes acabados, si tarde negociaban los excedentes con las farmacéuticas, ya cuando habían satisfecho su gula los que se reparten con la cuchara grande.
Llevamos infinidad de artículos escritos señalando que esta peste cambió la realidad como la conocíamos y la forma de lidiar con ella, AC, antes del coronavirus. Que ahora, DC, después del coronavirus, se impone una nueva realidad. No para permanecer petrificados por lo desconocido, sino para responder con creatividad y capacidad de adaptación. No con las medidas acostumbradas y mucho menos improvisadas. Aparentando pasar el agua pretendiendo que vayamos a retornar a puntos de partida inexistentes. Los estados de antes, desaparecieron; fueron superados por los efectos demoledores de este ruinoso siniestro económico y sanitario. Que ha perturbado hasta las formas de convivencia en sociedad. Recientemente hemos abordado la calamidad educativa. Queriendo hacer conciencia sobre los abismales rezagos que se padecen y, por lo mismo, si ya estamos años atrás respecto al resto del mundo en calidad educativa, no se sale de este hoyo al paso lento de la resignación en que se ha andado. Esta grosera eventualidad ha puesto al descubierto imperdonables deficiencias. Lo infeliz que ni con clases virtuales se haya podido compensar la ausencia de las presenciales. No solo porque no es lo mismo operar a control remoto que en misa de cuerpo presente, sino que ni aún provistos de tecnología básica, los estudiantes en la remota ruralidad tienen que subir al pico de un cerro para conseguir señal. Y parte sin novedad.
Llegará el momento –como decíamos ayer– cuando será obsoleto el entrenamiento recibido por la persona durante toda una vida. (Esa maldición no es que vaya a suceder, ya está ocurriendo). Ello nos lleva a la necesidad de revisar si lo que se enseña, si el plan de estudios para escuelas, colegios e institutos, públicos y privados, y el currículo académico de las universidades –en fin, comprendido a todos los niveles del sistema educativo– es todavía relevante al mercado laboral. ¿Qué tan listo está el sistema educativo nacional para hacer frente a semejante desafío de recomposición? ¿Qué pasos se han tomado para iniciar ese proceso de remodelación? “El mundo moderno –explican en un portal financiero– ha transformado muchos de los empleos que conocíamos y ha matado directamente a otros para dar paso a las nuevas necesidades que exige el mercado laboral”. Estas fueron las 10 profesiones emergentes mejor remuneradas en los últimos 5 años: 1. Especialista en Inteligencia Artificial; 2. Ingeniería robótica; 3. Científico de datos; 4. Ingeniería “full stack”; 5. Ingeniero de confiabilidad del sitio; 6. Especialista en éxito del cliente; 7. Representante de desarrollo de ventas; 8. Ingeniería de datos; 9. Técnico de salud conductual; 10. Especialista en ciberseguridad”. Tomen nota que estas eran las estelares antes que la peste hiciese más volátil e impredecible el panorama. ¿Cuáles serán las de los años venideros? ¿Y aquí se prepara para cuáles de las anteriores? ¿Alguna idea de qué hacer con lo que asecha a la vuelta de la esquina? ¿Habrá alguna noción que de la radical reconversión de los esquemas actuales dependerá el éxito, la subsistencia y la defunción de sociedades y naciones?