Por: Álvaro Sarmiento
Especialista Internacional en Comercio y Aduanas
La próxima semana, la mayoría de los centros escolares privados en mi ciudad iniciarán las clases presenciales, después de casi un año de hacerlo de manera virtual. Para los padres de familia que procuramos involucrarnos en la formación académica de nuestros hijos, el proceso del año pasado fue bastante accidentado, es lógico, ya que nadie se encontraba preparado para esa nueva situación. Desde pelear por un ancho de bando decente, computadoras nuevas que no se traben con Teams, convertir el hogar en ambientes escolares con suficiente iluminación, acceso al Wifi, y un mínimo de silencio, lo último algo imposible, junto a la cantidad de distractores omnipresentes en las propias computadoras, o simplemente un ambiente casero que no es el adecuado para provocar la concentración en niños preadolescentes. Esto sin contar, con la curva de aprendizaje para l@s maestr@s para interactuar con la tecnología, nuevas aplicaciones y mucho más.
Los problemas descritos anteriormente, no son nada, en comparación a la de la gran mayoría de la población, que simplemente no tenían los recursos para tener Internet en casa, hasta que no regrese el padre de familia por la noche, y todo cargado a la última recarga de datos en un teléfono celular sin planes. Sin computadoras, tanto el alumno como el profesor, y muchos etcéteras donde se confirma, que sale mucho más caro ser pobre.
El Banco Mundial, le ha puesto números a esta nueva realidad “antes de la pandemia de la COVID-19, ya había una crisis del aprendizaje. Unos 258 millones de niños en edad escolar no asistían a la escuela primaria ni secundaria, y la tasa de pobreza de aprendizajes (i) en los países de ingreso bajo y mediano era del 53%”, es decir, no se trata de un problema nuevo, las condiciones prepandemia eran malas.
Sigue señalando el Banco Mundial “la pandemia de la COVID-19 ha agravado la crisis del aprendizaje, y es probable que el impacto en el capital humano de la actual generación de estudiantes se prolongue. En abril de 2020, cuando se cerró el mayor número de escuelas, el 94% de los estudiantes (i) -o 1,600 millones de niños- dejaron de asistir a la escuela en todo el mundo y, todavía unos 700 millones de alumnos estudian hoy desde su casa”, y el impacto económico “debido a las pérdidas de aprendizaje y los aumentos en las tasas de deserción, la actual generación de estudiantes podría perder aproximadamente USD 10 billones (i) por concepto de ingresos, o casi el 10% del PIB mundial”.
La respuesta del BM no se ha hecho esperar. “Durante el último ejercicio, el total de los nuevos compromisos del Banco para educación llegó a USD 5,300 millones, una cifra récord, y se espera que asigne otros USD 6,200 millones. La cartera activa excede los USD 20,600 millones”. Lo que ha beneficiado a 400 millones de alumnos, 16 millones de maestros en todo el mundo.
Esta pandemia no ha terminado, y el BM sugiere reconstruir el sistema educativo, reimaginando la educación con mayor inversión en maestros, padres, comunidades y la propia tecnología, concretamente; eliminar la brecha digital, inversiones sustanciales en desarrollo profesional de los maestros (utilización de tecnología), los padres/tutores como pieza central en la educación y sistemas resilientes (dispositivos, conectividad y libros).
Veamos qué candidatos y partidos centran su programa político electoral en estos temas y cómo la misma prensa orienta la discusión a temas trascendentales para nuestros hijos y nietos.