Noé Pineda Portillo
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Nuestro Golfo de Fonseca, decimos “nuestro”, aunque se resientan los pinoleros y guanacos que son nuestros vecinos, nos guste o no, pues también son ribereños del Golfo. Esa enorme poza marina que tantos dolores de cabeza ha dado a los pueblos centroamericanos, pues por allí traficaron carabelas de España colonial, guerras unionistas y submarinos de la Segunda Guerra Mundial.
Nuestro Golfo, tuvo un solo dueño como soberano al Rey de España, después la República Federal de Centroamérica y más tarde, al desintegrarse la Federación, pasó a manos de tres estados centroamericanos: Honduras, Nicaragua y El Salvador, que son los que han estado en litigio casi doscientos años. Si hubiéramos seguido federados como República, más o menos estuviéramos como el nivel de México o Colombia, pues son nuestros vecinos más cercanos. Tampoco hubiéramos perdido las islas y espacios marinos con Colombia, tanto del lado de Honduras como de Nicaragua.
Pero ilustremos, lo que podría ser esa joya preciada en la costa sur de Centroamérica. Se trata de una enorme bahía ubicada en el océano Pacífico y una de las mejores del mundo en esa ribera. Desde luego, fue usada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, ya puede inferirse su gran importancia en el tráfico internacional y el desarrollo que presentaría hoy para el istmo de Centroamérica y América Central, incluyendo México.
Pero la desgracia vino como el coronavirus en 2020, a Centroamérica con la desintegración que se pulverizó en cinco estados soberanos, que en vez de ser fuertes, pasaron a débiles, fácil presa de otros estados más fuertes que como Estados Unidos, Inglaterra y Colombia, se aprovecharon de esa debilidad y formaron sus propios enclaves en la patria de Morazán.
A Honduras, esa desintegración le ha pesado mucho. A tal grado, que gran parte de su atraso y de su conformación soberana para poder avanzar, a eso se ha debido. Ahora que hemos delimitado y demarcado casi todo el territorio nacional, luego la suprema ignorancia de nuestros gobiernos, la corrupción y las calamidades naturales y de salubridad, apenas si nos dejan respirar para planificar nuestro verdadero desarrollo.
Y volviendo a nuestro Golfo de Fonseca, por nuestra crisis de pandemia y de huracanes, bueno será retomar los proyectos de desarrollo en toda la cuenca del Golfo, es mejor desarrollar en conjunto que uno solo, la “unión hace la fuerza”, con ello, más rápido saldremos adelante. Hay que dejar los egoísmos y separatismos a un lado. Las inversiones, las actividades comerciales, culturales, académicas, científicas y tecnológicas, solo vendrán con fuerza de conjunto, no aisladamente.
En el fallo de la Corte Internacional de Justicia para definir las fronteras de los países centroamericanos, hacen hincapié en tomar la iniciativa juntos para resolver los problemas que nos hacen falta y que solamente nosotros mismos podemos para concurrir en nuestro bienestar común.