“Equilibrio Nash” y la crisis de Honduras

Óscar Núñez Sandoval
PhD Economista

John Forbes Nash Jr. (1928-2015) fue un matemático estadounidense premio Nobel de Economía, sus contribuciones a la Teoría de Juegos (modelos matemáticos aplicados a explicar el proceso de toma de decisiones) revelaron los factores que gobiernan el cambio y el proceso de toma de decisiones en la vida diaria.

La tesis doctoral del doctor Nash, de únicamente 28 páginas, contiene la definición y propiedades del llamado Equilibrio Nash. Nash demostró que en cualquier juego donde un número finito de jugadores tiene un número finito de opciones, hay al menos una posición desde la cual ningún jugador puede mejorar su posición cambiando de estrategia. Este punto se llama “Equilibrio Nash”, o sea, una situación en la que todo el mundo está haciendo lo mejor que puede, considerando lo que el resto de los individuos están haciendo. Por lo tanto, la solución tiende a ser estable. Pero existe una realidad: un Equilibrio Nash no significa necesariamente que se obtenga el mejor resultado. Simplemente significa que ningún individuo puede mejorar su posición, dado que son incapaces de cambiar las opciones de otros.

Estudios posteriores han demostrado que en una sociedad los individuos pueden reducir su nivel de egoísmo (cooperar entre ellos) para alcanzar un nuevo equilibrio que representaría mejores beneficios individuales y al mismo tiempo la sociedad será más estable. O sea, un Equilibrio Nash óptimo, el cual puede obtenerse voluntariamente o vía legislación.

Con un 60% de los hogares en pobreza y 37% en extrema pobreza (INE 2019), desde hace varios años, la sociedad hondureña viene operando en situaciones muy diferentes a lo que podría representar un Equilibrio Nash estable y no óptimo. Hoy en día, los efectos negativos de factores externos como la pandemia y desastres naturales empeoran las precarias condiciones de vida de la gran mayoría de la población. Para alcanzar un Equilibrio Nash, que sea no únicamente estable pero también óptimo, amerita que los hondureños cooperemos sin egoísmos.

Este año, el proceso electoral del país, que apenas comienza con las elecciones primarias de marzo y las elecciones generales de noviembre, representa una oportunidad para escoger aquellos candidatos con las mejores credenciales para buscar el bienestar de la mayoría. Debemos razonar nuestro voto y olvidarnos de colores políticos, compadrazgos y las prácticas de la política tradicional que han llevado al país muy cerca de convertirse en un estado fallido, por el camino de la corrupción y el debilitamiento institucional.

El progreso del país solo puede ocurrir eligiendo autoridades que guíen un proceso con el objetivo de servir para el bien común, mejorando las condiciones de vida de cada ciudadano. Este debe ser nuestro entendimiento y compromiso colectivo, evitando el conflicto potencial con los intereses individuales, que, como está evidenciado, han llevado a la mayoría de la población a condiciones de pobreza y convertido nuestro país en uno de los más corruptos y desiguales del continente. Esos millones de compatriotas en una situación de vulnerabilidad extrema, que seguro nunca escucharon del genio matemático John Nash y sus contribuciones, se merecen una mejor opción en su propia patria en lugar de arriesgar su vida emigrando.