Bicentenario y hondureños en el exterior

Juan Ramón Martínez

Los diseñadores de las líneas generales de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, han partido de claras consideraciones básicas. La primera, histórica; y la segunda, fruto de la experiencia. La primera es que el Acta de Independencia establece que, “se debe consultar a los “ayuntamientos”, cuya representación actual son, las municipalidades. Y la segunda, la necesidad de la participación, la búsqueda de la unidad nacional y la colocación del gobierno al servicio de la ciudadanía. Para, desarrollar desde una memoria histórica completa, el orgullo nacional, y aumentar el prestigio de Honduras. Por ello es que, en el interior, los líderes, organizadores de esta voluntad participativa de todos los sectores, son los gobernadores políticos, los directores departamentales de educación y los alcaldes municipales. A estas horas, están organizados comités en todo el país. Con reglas básicas para su constitución y con espacios de libertad para que cada municipio, desde la visión de su pasado, su presente y sus deseos, pueda diseñar su propio programa de celebración que, al final, desemboque en un plan de desarrollo del municipio, el departamento y el país. Participando todos, sin exclusión alguna.

La otra consideración es que la conmemoración será continua. No solo el 15 de septiembre. Sino que, realizando una actividad cada mes, hasta diciembre. De este modo, además de los recordatorios históricos locales, conmemoraremos, desde una perspectiva reflexiva, grandes acontecimientos nacionales. Como ejemplo, la devolución de las Islas de la Bahía y La Mosquitia, ocupadas hasta mediados del siglo XIX por los ingleses. Y desde Roatán y Puerto Lempira. Con la participación de las autoridades locales y nacionales. Y además, el inicio de la huelga de 1954 en un muelle de Puerto Cortés; las guerras de Honduras en el curso de su historia; un foro para discutir –en SPS– cuál es la Honduras del futuro que queremos construir, usando como punto de partida, la expresión amenazante de Yuval Harari que, afirmó que, para el 2050, Honduras no existirá como nación. Finalmente, celebraremos la devolución de las Islas del Cisne, la inmigración de hondureños hacia Estados Unidos y Europa, la integración capitalista de la costa norte a la economía nacional, el fracaso del ferrocarril interoceánico; y la fundación de las Fuerzas Armadas.

Para el exterior, hay un programa con el que se busca la participación de todos, en forma libre y creativa, de los compatriotas que, económicamente son los más importantes: los que desde el exterior envían remesas. Aquí los cónsules y embajadores, cumplirán el papel de facilitadores –para aumentar la confianza de nuestros compatriotas– y organizadores de comités, libres y manejados por el liderazgo de los compatriotas que, han logrado establecerse en el exterior. Para que ellos, puedan –con el consejo histórico de aquí– efectuar sus propias celebraciones, de conformidad a sus visiones existenciales y sus responsabilidades, de cara al futuro de Honduras. Hasta ahora, esta tarea no ha sido fácil. Mientras Carlos Madero, Leonel Ayala, Arnaldo Bueso, Ricardo Cardona, Lisandro Rosales, dan apoyo y cooperación, hay funcionarios de tercera categoría que, niegan las direcciones de los cónsules, o las dan equivocadas. No envían cartas a los embajadores. Pretendiendo, con cierta ingenuidad y cultura autoritaria, hacer de la conmemoración un acto gubernamental, pasando por alto que los compatriotas, especialmente sus líderes más influyentes, tienen reticencias para que los cónsules y embajadores les celebren sus festividades. Se trata de la patria, de su futuro. Y no, del gobierno que, dentro de la concepción democrática, tiene la función de servir.

Esta semana, contando con las direcciones correctas, recibirán cónsules y embajadores, las sugerencias para desarrollar actividades en el exterior. No sobre fiestas donde se regalen nacatamales, sino que, ideas sobre las relaciones entre los inmigrantes y las autoridades de Estados Unidos; el tratamiento que desean recibir de las autoridades hondureñas, concursos sobre ensayos en los que se indague cuál debe ser el papel de las autoridades nacionales de cara al desarrollo; el uso de las remesas y la edición y distribución de libros sobre los éxitos de los emigrantes. Hay muchas ideas que compartir, con el mayor respeto y admiración. Porque sin las remesas, este país, hace tiempo que habría dejado de existir. Pero si les ordenan a cónsules y embajadores que no colaboren, buscaremos a los líderes de los inmigrantes, para que lo hagan ellos.