“TE HICIERON CASO”

PROTEGER LO NACIONAL

YA días en esta columna de opinión insistimos sobre la urgencia de privilegiar lo hecho en casa. Mucho más ahora, con el desplome económico sufrido por el golpe de la peste, las empresas moribundas y la cantidad de hondureños que quedaron en la calle sin trabajo. Un amigo nos escribe ironizando sobre el tema: Te felicito, por fin te hicieron caso de “comprar lo hecho en casa”; pero en los Estados Unidos. Resulta que la Casa Blanca –entre las primeras órdenes ejecutivas que firma el nuevo presidente– acaba de lanzar el “Made in America”. Un ambicioso emprendimiento que obliga al gobierno federal a preferir lo hecho en los Estados Unidos. Instruye que al firmar contratos de abastecimiento lo hagan con empresas estadounidenses que operan localmente. Comprar todo lo necesario en el mercado local. Con ello, aparte de impulsar la reactivación industrial, busca beneficiar las fuentes de trabajo para sus compatriotas. Cientos de miles que han perdido sus trabajos a consecuencia de la pandemia.

Igual hemos abogado que se haga aquí en Honduras. Imponerse de la nueva realidad provocada por la peste y tomar las medidas pertinentes que vuelvan a poner al país en pie. Ello no es posible si no se repone la golpeada infraestructura productiva. Un país deficitario con el resto de región, que ocupa revertir la tendencia negativa y producir superávits, es menester prioritario importar solo lo básico, las esencialidades, la materia prima –lo que no se obtenga localmente– que se ocupa para la fabricación de artículos elaborados en el país. Gentileza de un amigo lector, a propósito de un editorial anterior, recibimos un artículo publicado en The Economist, que plantea lo contrario. Arguye que esa “política proteccionista es un error”. Pues bien, quizás lo sea a largo plazo, tratándose del país más poderoso del mundo que durante décadas –exceptuando la administración Trump– lideró la doctrina de los mercados abiertos y de tratados de libre comercio en el intercambio internacional. Terciando sobre el contenido del artículo enviamos el mensaje siguiente: Bueno, en términos de la economía internacional, la doctrina enseña que en lo relativo a la producción nacional los países deben especializarse a razón de sus ventajas comparativas y competir en un mercado libre. Teóricamente ello acarrea mayores beneficios para todos, del intercambio comercial. Sin embargo, estos son tiempos atípicos. Los mercados no funcionan normalmente sino de manera imperfecta.

Honduras es una economía que exporta postres. Café, banano, frutas, entre otros. Nada esencial. Todo el crudo, la maquinaria y lo manufacturado es importado. Incluso con letargos abismales en tecnología. Poca es la ventaja comparativa acreditable. Extensivos en tierra y dizque mano de obra barata, el colmo es que ni siquiera competimos en la agroindustria. Ni en producción de granos básicos. Debido a los métodos arcaicos de producción en el campo. (Las actividades rurales van a sufrir ahora que se vencen las cláusulas de salvaguarda a la producción agrícola y pecuaria del TLC con Estados Unidos). Con la economía colapsada, la desocupación galopante y las altas tasas impositivas que merman la capacidad competitiva del país, lo que urge es la revisión profunda de todo el sistema. Urgente la creación de masivas fuentes de trabajo, ya que eso es una bomba de tiempo. Pusimos de ejemplo lo atinente a la actividad periodística. Los medios de comunicación convencionales pagan todo tipo de impuestos por operar. Volumen de ventas –dos veces al fisco y a la alcaldía–activo neto, contribuciones, “tasón”, obligaciones sociales, etc., por la venta de sus servicios publicitarios. ¿Qué pagan los gigantes tecnológicos por la explotación del mercado local? Por toda la publicidad que transmiten al mercado hondureño –pautada por las matrices de las transnacionales que operan aquí con sucursales– no pagan un centavo de impuesto. Total competencia desleal. ¿Cuánto recauda el tesoro nacional del usufructo del mercado local de esos portales tecnológicos? Cero. ¿Qué se ha hecho para corregir este colosal desequilibrio? Nada. Y así por esa ruta podemos continuar analizando otros factores que impiden que el país levante cabeza. Dependiente, con la mano extendida pidiendo limosna, si no se revierten esas fallas estructurales de todo el sistema económico, financiero, fiscal y productivo. La lástima es que en todo esto que apuntamos, solo hacen caso –como en broma nos dice el amigo– pero en los Estados Unidos.