Por: Marcio Enrique Sierra Mejía
La expresión “bajar la guardia”, significa despreocuparse. Tomar una actitud de relajamiento y no poner atención a lo que tenemos delante o ante lo que nos puede venir. Por el contrario. Estar en guardia es estar atento a lo que pasa. Estar preparado para lo que pueda pasar. Cuando nos dicen que no “bajemos la guardia”. Es porque no debemos desconcentrarnos. Y ver con atención la difícil situación que estamos atravesando. En palabras más directas. “No descuidemos la vigilancia o la actitud de defensa”. La situación de riesgo en Honduras no solo aumentó. También continuará.
Son varios los frentes ante los que “no podemos bajar la guardia”. En lo inmediato. Los ciudadanos debemos aumentar las precauciones de bioseguridad para evitar el contagio del coronavirus. Este enemigo invisible ha contraatacado con mayor fuerza. Los científicos predicen que convivirá entre nosotros por bastante tiempo. En todo el mundo se está observando el aumento exponencial de casos con covid-19. Es alarmante. En Europa y Estados Unidos lo que registra cada día dicen que se aproxima a lo que anteriormente se registraba cada semana. Que equivale (más, o menos) a lo que se registraba cada mes. Por eso es exponencial. Y lo que nos debe poner en guardia. Es que resulta difícil predecir hasta dónde llegará.
En Honduras. La tendencia de casos continúa en crecimiento. No sabemos cuán exponencial es el crecimiento en la actualidad. Pero se sabía que para junio del 2020 la tasa de crecimiento exponencial era equivalente al 6.03%. Datos oficiales recientes establecen que tenemos más de 147,843 muestras positivas. Y que mueren 30 personas diarias. Indican que se han recuperado 60,873 y fallecidos 3,610. El virus ya se diseminó por todo el país. Los departamentos más infectados son Cortés (44,023) y Francisco Morazán (40,250). Le siguen Atlántida (8,236) y Yoro (8,210). Los menos contaminados son Gracias a Dios (842) y Lempira (1,588).
Pues bien. No bajemos la guardia. La sensatez debe imperar. La ciudadanía cooperar. Tomar una actitud de humildad y seguir las instrucciones que dan los entendidos. El gobierno no está con los brazos cruzados. Bien o mal enfrenta la pandemia. La ciudadanía también debe asumir una actitud responsable. Si se cometen irregularidades que los organismos pertinentes las denuncien. Sin hacer campaña política mal intencionada utilizando la pandemia para desinformar o demeritar al gobierno políticamente. Necesitamos disciplina. Obediencia para aplicar las medidas de bioseguridad. Usar las mascarillas como se debe. No son para llevarlas de adorno. Lavarse las manos con jabón y hacerlo a menudo. Si no tiene mascarilla ir al centro de salud indicado y pedirlas. Mantenga distancia si sale a la calle o va de compras. Estar en casa es lo mejor. Aprender a disfrutar el silencio y la soledad. Hacer gárgaras con sal también. Lavar platos y cubiertos como es debido usando lo que permita desinfectarlos.
Es una guerra la que enfrentamos contra el coronavirus. También es una realidad que somos pobres. Atrasados. Económicamente faltos de recursos. Socialmente con una población que en su mayoría convive en condiciones de exclusión. De bajos niveles de ingresos o sin ellos. Aún así. Bajo esas condiciones. Debemos contrarrestar el coronavirus. Es una prueba de Dios para levantarnos con mayores fortalezas. Hacer lo que sea necesario para contrarrestarlo con diligencia. Disciplina. Voluntad. Honestidad. Sabiduría. Inteligencia. Solidaridad. Cooperación. Y sobre todo con fe y esperanza que vamos a salir bien parados.
En esto del coronavirus “nadamos o nos hundimos juntos”. Enfrentamos un vendaval perfecto en forma de problema sanitario y de catástrofe económica y con una deficiente red de seguridad. El diseño de buenas respuestas es vital. La debilidad de nuestro sistema de salud tenemos que superarla. La ralentización del crecimiento y la demanda nos golpea. Empero. Vienen las vacunas. Una respuesta inteligente para su aplicación es clave. De manera prioritaria a los más pobres. Cuidado en caer en un combate de la pandemia con arbitrarias acciones políticas.
No bajemos la guardia. Hay que combatir la expansión del coronavirus. Insistir en dar a conocer el abanico de posibilidades para enfrentarlo. La restricción de movimientos de la población. El distanciamiento social. El confinamiento adecuado. El teletrabajo. Hacen que la transmisión sea más lenta y posibilita tiempo a que pacientes en estado crítico se mejoren y desocupen camas para otros enfermos. Activemos la economía con sabiduría y adaptándonos a las circunstancias. El cambio es inevitable. Nuestros empresarios lo saben y deben asumir una nueva actitud empresarial solidaria e incluyente.