LAS CAMPANAS

ESTE fin de semana los ecuatorianos van a elecciones. Como castigo al funesto gobierno de Lenin Moreno –quien, vaya sorpresa, una vez se acomoda en la silla, se le da vuelta a su padrino y con purgantes del FMI, desmonta la estructura económica en bancarrota y el andamiaje político de su antiguo jefe– el favorito es el izquierdista candidato de dedo del enemigo jurado, Rafael Correa. Latinoamérica oscila al vaivén del tañido de las campanas. Doblando y repicando. Entre lo malo y lo peor. La gente saca a los malos, porque ya no los aguanta y vota por los más malos que le resultan peor. Lo mismo da. Salen de las derechas que deprimen los mercados con medidas fondomonetaristas y fracasan arreglando las crisis económicas. Entonces el pueblo decepcionado cambia a gobiernos de izquierda, que reparten el pisto ajeno hasta que se seca el agua del pozo, sumiendo al país en una peor crisis de la que estaba. Los venezolanos en esto tienen mención honorífica.

Ardidos del caracazo apostaron al redentor. La bonanza de la revolución de siglo XXI duró lo que duraron los precios de extorsión del crudo en el mercado internacional. Una vez se desploma el crudo, les cae Nicolás encima –sin los dotes de liderazgo del finado– empeñado a la fina y pertinaz labor de arruinar miserablemente todo el país. Sin coyuntura de sacarlo mientras sigan firmes con la dictadura los generales obedientes a quienes les han dado el negocio de los bienes estratégicos venezolanos. Por fin los bolivianos se sacudieron a Evo. Pero el interinato de derecha fue tan anárquico y desastroso –todos los oxidados de ayer querían ser presidentes, hasta uno que tuvo el poder y al primer zafarrancho salió de barajustada– que regresaron a votar por el candidato de Evo. A mala hora, porque no es lo mismo gobernar en la opulencia de buenos precios del gas y otros recursos minerales que ahora con una endemoniada pandemia encima. Los argentinos hartos del kirchnerismo corrompido, probaron con Mauricio Macri. Intentó atragantarle a la sociedad las pociones tóxicas del FMI como cura al desajuste recibido. Y cuando no hubo cura milagrosa a los males padecidos, los argentinos decepcionados regresaron al kirchnerismo con Alberto Fernández y la doña que manda tras bambalinas. El resultado. “Argentina se encuentra hoy inmersa en una grave crisis, con índices de pobreza por encima del 44% (la peor cifra en 15 años) y su moneda por los suelos”. “Su PIB cayó el año pasado un 12.9% más que cualquier otro país del G-20”.

Veamos si cosa distinta sucede allá en Brasil. Ya pasaron por los alarmantes incendios de la Amazonia que provocaron daños severos al ecosistema. Los brasileños se sacudieron sus izquierdas, destronando a la Rousseff y metiendo preso –por el escándalo de “Lava Jato”– a su padrino, Inácio Lula da Silva. Empalagados de tanto despilfarro votaron por la ultraderecha. Y adivinen qué. “La crisis sanitaria y el fin de los subsidios promovido por el gobierno de Brasil ha provocado una caída drástica de la popularidad de Bolsonaro”. “La tasa de desaprobación del mandatario es del 40% y la de aprobación bajó del 37 al 31%”. Pues, quizás en México el sol alumbre. Pero igual. El desencanto con el PRI por el mal gobierno de Peña Nieto –salpicado por escándalos de corrupción– y los flojos indicadores económicos, le pusieron en bandeja de plata el triunfo al izquierdista López Obrador. Pero la economía mexicana se hundió el 2020 en un 8.5%, la peor caída después de la gran depresión. Si Trump bailó a Peña Nieto con el muro fronterizo, con AMLO jugó enchute. Bajo amenaza de sanciones arancelarias, tuvo que negociar un tratado comercial en condición más desventajosa que el anterior. La lesión al interés mexicano va computada como pago al costo del muro fronterizo. Bueno, dirían en otros tiempos, siempre queda el ejemplo chileno. Quedaba. Hasta el estallido social de protestas callejeras que duraron meses. Los furiosos disturbios, el pillaje en las calles, la turbamulta quemando tranvías y asaltando negocios, hicieron tambalear la democracia chilena. Terminaron cambiando la Constitución, como si fuera la letra viva y no las personas, los políticos y los gobiernos los culpables de las inequidades sociales y de los cismas del sistema. ¿Qué países siguen?