La “salud” de nuestra democracia

Por: Juan Ramón Martínez

Un informe sobre el estado de la democracia, publicado por BBC Mundo, nos sitúa entre las democracias imperfectas. Solo tres países de nuestro continente, son calificados como democracias consolidadas: Chile, Uruguay y Costa Rica. La situación nuestra, pese a la pandemia que no solo afecta el cuerpo humano, sino que también el sistema político, sigue siendo estable. Seguimos sin movernos de la condición de democracia imperfecta, renga, de baja participación, con partidos poco comunitarios y escasa disposición para defender la libertad. Aunque la felicidad, el daño o perjuicio del vecino, no es sino consuelo de tontos, El Salvador, especialmente por la brusquedad con que se aplicaron las medidas de “confinamiento”, desciende a una democracia híbrida: dictadura y democracia. El autoritarismo de Bukele, el tono con que trata a sus conciudadanos y la pasividad de estos para intercambiar libertad por salud, han hecho descender la calificación de la democracia salvadoreña. En pocas palabras, ellos están peor que nosotros.

El corazón del informe es la libertad. Y su expresión valorativa, la disposición de la población para aceptar las decisiones gubernamentales, la pérdida de su libertad de movimiento y de expresión, a cambio que le garanticen la salud. Países como Estados Unidos, de larga tradición de defensa de sus libertades individuales, la población ha protestado en contra del gobierno del expresidente Trump que, no pudo utilizar la pandemia, para limitar la movilización de las personas; ni mucho convencer que en sus manos estaba la garantía de su existencia. Trump, más bien redujo la peligrosidad de la pandemia –con elevado precio en vidas– porque de esa manera, no estaba obligado a suprimir la libertad de movimiento de la población. En cambio, en el caso nuestro –desde los médicos especialmente– se ha presionado al gobierno para que actúe con mayor dureza en contra de la libertad de movimiento, exigiendo confinamientos, más allá de lo razonable. Desde una clara opción que debemos renunciar a todo: libertad, movimiento, expresión, a cambio de nuestra vida que será garantizada por un gobierno controlador. Afortunadamente, el gobierno no ha seguido el consejo, aunque, tiene en su contra, el haber suspendido –como ningún otro en la historia de este siglo y el anterior– las garantías individuales, especialmente la libertad de movimiento. Afortunadamente, la capacidad de control del gobierno es limitada y la actitud de la población para irrespetar las reglas impositivas, ha evitado, por ejemplo, las draconianas medidas aplicadas en El Salvador.

Para nadie es un secreto que en Honduras, hay grupos –dentro del gobierno y en la sociedad civil– que tienen inclinaciones autoritarias. Y que incluso, no han disimulado su interés en postergar o eliminar las elecciones internas; e incluso, suprimir las elecciones generales. Todo, en nombre de la defensa de la salud del pueblo. Lo que, por más que lo disimulen algunos en objetivos piadosos y finalidades altruistas, representan inclinaciones fascistas y dictatoriales. No solo porque crean que los fines justifican cualquier medio que se tenga a mano, sino porque sienten que, solo dentro de la dictadura, es posible garantizar la tranquilidad y el bienestar públicos.

Sin embargo, el pueblo en general –en la medida en que ha ido pasando el tiempo– ha terminado por no creer que, tenga que hipotecar su libertad, ni entregar sus derechos, a un sistema ineficiente que no le garantiza ni la salud o la vida. Las críticas que se hacen sobre el uso de la mascarilla por parte de los más jóvenes, al margen de su valor terapéutico, desde la perspectiva política, constituye una suerte de rebelión de la población en contra del poder que, hace pensar que este, no se atreverá a ir más allá del uso del miedo, las estadísticas de muerte y de algunas campañas, engañosamente educativas. Porque las razones de la protesta, están a flor de piel. El talento del gobierno de JOH es que no se atreve a lucir duro e inconsecuente, sino que comprensivo y atento a servir, más que a ordenar. El que un comité de políticos que visitaban una zona de clase media baja de la capital, haya recibido un ataque de huevos e improperios impublicables, es una indicación que, los sentimientos de molestia, se han ido acumulando. Y que, si presiona más, como quiere el doctor Umaña, las tensiones pueden explotar en forma de violentas protestas.

[email protected]