TREN DE ASEO

UNA vez a la semana, o cada quince días, vemos aparecer a los muchachos del tren de aseo de las principales ciudades de Honduras. Ellos han continuado trabajando a pesar de la pandemia y de otras terribles contrariedades. Nadie les pregunta nada sobre sus familias ni mucho menos sobre sus estados de salud. Tal vez en el periodo navideño algunas personas se desprenden de unos pocos billetes para darles las “pascuas” a estos héroes anónimos de la sociedad, sin cuyas presencias constantes involucionaríamos a los peores momentos de acumulación de desechos que se relatan en los textos sobre historia antigua, medieval e incluso moderna, pues sabemos que varias ciudades importantes de Europa a comienzos del siglo diecinueve eran casi intransitables, debido a los pésimos alcantarillados (o a la ausencia de los mismos); o como resultado de las porquerías acumuladas en las calles, ya que los habitantes de los barrios pobres y medios lanzaban desde sus ventanas todo lo pútrido que se les ocurriera lanzar. En ciertos países asiáticos con ciudades pobres y superpobladas, el problema continúa incluso en la actualidad. De ahí que la tifoidea y la lepra se encuentran malignamente al asecho, tanto en el pasado como en el presente.

Varias personas afirman que los empleados del tren de aseo son inmunes a todas las enfermedades. No lo sabemos. Lo que sí podemos asegurar es que nadie les pregunta sobre sus existencias individuales o grupales. Simplemente llegan con uniformes y con guantes a recoger los desperdicios hediondos, mosqueados y agusanados de la ciudad, para que la comunidad pueda continuar con una vida tranquila o aceptable.

Ellos son silenciosos y, a su manera, estoicos. Si acaso gritan en las calles, de vez en cuando, es para que los parroquianos saquen la basura a tiempo. De lo contrario se arriman a los contenedores con el fin de recoger las inmundicias para depositarlas en los camiones y cargarlas hasta sus respectivos “crematorios”. Poco antes de la pandemia varios individuos, también anónimos, se metían a los contenedores para separar y rescatar los envases de plástico con el objeto de venderlos libreados a compradores insospechados. De vez en cuando encontraban alguna “maravilla” botada por los ricachones. Lo correcto sería que la basura fuese clasificada desde cada hogar. Pero aún no hemos desarrollado, en nuestro medio, la cultura de la clasificación y reciclaje de los desperdicios, cuyo solo acto auxiliaría en buena medida a estos trabajadores del tren de aseo.

Alguien ha sugerido, con la mejor intención posible, que en las casas en donde haya pacientes con coronavirus, a las bolsas de basura se les coloque un símbolo rojo como advertencia para los recogedores. A esto habría que agregar que de ser posible se fumiguen con alcohol u otras substancias apropiadas, todas las bolsas con basura antes de depositarlas en los contenedores o de entregárselas a los empleados de aseo. Es lo menos que podríamos hacer en favor de estos seres humanos que realizan una de las actividades más humildes pero, también, una de las más importantes del mundo.

En el grupo de heroínas y de héroes silenciosos de cada ciudad, aparecen también las aseadoras que trabajan en hospitales públicos y privados. O en los hoteles tratando de que las habitaciones queden limpias después de cada amanecer. Por regla general los pacientes y los visitantes de hospitales sólo detienen sus miradas sobre los médicos y las enfermeras. Y casi nadie repara en las humildes mujeres silenciosas que cada cierto tiempo retornan a recoger y a botar los desechos farmacéuticos y otras cosas. O que pasan aseando los pasillos durante todo el día, sin que nadie preste atención a sus existencias, que son tan valiosas como las de cualquier otro ser humano.

Nuestro tiempo actual es apropiado para que nos detengamos a pensar en las vidas individuales y familiares de estas personas que tanto benefician a la comunidad, en Honduras y en cualquier parte del mundo, y que ayudan en forma vital a que respiremos y coexistamos mejor, como entes civilizados que presumimos ser.