Cedros es un encanto

Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina.

A 80 kilómetros de Tegucigalpa se encuentra la ciudad de Cedros, comunidad histórica no solo por su antigüedad sino por los relevantes acontecimientos que han tenido lugar en ese importante rincón catracho, ya que su fundación se remonta al año de 1537 y uno de los principales templos católicos del país, fue levantado precisamente poco tiempo después de su fundación, convirtiéndose así posiblemente con San Manuel de Colohete en Gracias, Lempira, en las dos iglesias del catolicismo de mayor edad en nuestro país, con el atenuante que en Cedros su iglesia guarda devotamente un Cristo Negro al cual llaman Señor del Buen Fin, mismo que fue donado por el Rey Felipe II de España en 1572.

Se trata de uno de los pueblos mineros de mayor auge durante la colonia, ya que sus minas estaban repletas de oro y plata; de ahí la importancia que esta población alcanzara hasta el grado de convertirse en la sede de la primer Asamblea Nacional Constituyente de Honduras celebrada en 1824, como para calmar los ánimos de los pobladores de Comayagua, la capital de entonces, y Tegucigalpa su rival eterno.

De ahí salió el primer jefe de Estado, cargo que recayó en el célebre estadista don Dionisio de Herrera.

Lo anterior obedece a reciente visita que realizamos a ese pintoresco y hospitalario polo turístico de Honduras, en el que aún se respiran los aires de la Colonia, ya que mantienen incólume su arquitectura, conservando así la real fisonomía de un pueblo que ha sabido mantener su identidad nacional, independientemente de la labor que el Instituto Hondureño de Antropología e Historia realiza a su favor, lo que convierte a este municipio en algo sencillamente encantador.

La presencia en perfectas condiciones de la residencia en que nació el ínclito Álvaro Contreras Membreño en 1811, restaurada en dos oportunidades se mantiene de pie conservando toda su estructura original. En esta casa asomó al mundo el tribuno el 3 de enero de 1839; convirtiéndose así desde entonces en el hijo predilecto de esa gran comunidad cuya gente amable por excelencia le abre las puertas de par en par al turista o fugaz visitante que tenga la suerte de conocer tan bellísimo lugar.

Antes de seguir adelante, haremos un paréntesis para referirnos brevemente al decepcionante episodio que nos tocó vivir a nuestro paso por la comunidad llamada Jalteva, en donde desde tiempos de la administración Villeda Morales viene funcionando a retazos un reformatorio para niños infractores de la ley, ahora con el pomposo nombre de Instituto Nacional de Asistencia a los Menores Infractores (INAMI), el cual se ha convertido en una verdadera fortaleza inexpugnable, ya que sus muros y portones de hierro son inaccesibles para cualquier persona y mucho más para los periodistas que siempre buscan la información fresca para complacer a su público lector.

Se nos informó únicamente que el director del centro es un señor llamado David Maradiaga y que en ese inmueble hay alrededor de 50 internos, cuya suerte solo sabe el personal que lo maneja y los custodios que resguardan el plantel. Quisimos conocer el interior de este reformatorio porque el gobierno con alguna frecuencia informa que se están invirtiendo grandes cantidades de dinero en la ampliación y mejoramiento del sistema ahí imperante; sin embargo, de nada sirvieron nuestras explicaciones porque se nos dijo que habían consultado a la oficina principal en Tegucigalpa, adscrita al edificio de la antigua Casa Presidencial, desde la cual se nos negó el ingreso al tantas veces mencionado reformatorio.

Pero, volvamos a Cedros, en cuya jurisdicción se localizan 12 aldeas y 189 caseríos para una población que sobrepasa los 30 mil habitantes entre los rurales y urbanos, teniendo también el honor de haber dado a luz a otro de los ciudadanos más ilustres de la historia hondureña como fue el primer profesor de Estado don Luis Landa, nacido en lo que hoy es el municipio de San Ignacio, pero que entonces pertenecía a la demarcación de Cedros.

En Cedros, tuvimos la agradable oportunidad de alternar con personalidades de la talla de don Luis Alonso Raudales Cruz, don Roberto Ramírez y el joven Josué Hernández Lozano quien sirvió de guía e informante a nuestras inquietudes como funcionario de la alcaldía municipal cedreña.

Abundante información recogimos de este bello e histórico rinconcito hondureño, el cual felizmente, a estas alturas cuenta con todos los requisitos indispensables del modernismo como hoteles, restaurantes, balnearios y un sinfín de novedades que invitan a los hondureños a visitarlo y permanecer en el mismo, dos, tres o más días ya que la tranquilidad fundamental para un descanso primoroso está a la orden del día en Cedros, donde también la seguridad personal, la limpieza de sus empedradas calles y la aristocracia colonial de sus residencias lo convierten en uno de los sitios de mayor atracción para el solaz y esparcimiento de quienes gustan disfrutar de un verdadero oasis de paz y entretenimiento.

Para cerrar traemos a nuestros lectores la célebre e inmortal reflexión de Álvaro Contreras en su discurso oficial durante la inauguración del Primer Monumento Ecuestre al General Francisco Morazán en la ciudad de San Salvador, El Salvador, en septiembre de 1882, el cual reza así: “…suprimid el genio de Morazán y habréis aniquilado el alma de la historia de Centroamérica”.

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