Retazos de conocimiento

Por: Segisfredo Infante

La “Historia” procede por analogías. Nunca se repite con exactitud, en tanto que en cada momento histórico los personajes y las circunstancias son en cierta manera diferentes, como las huellas digitales originarias de cada quien. El concepto de “analogía” fue utilizado por Aristóteles, para fines eminentemente filosóficos. Nosotros lo hemos usado, desde hace tantos años, para fines históricos y literarios. Toda vez que los mismos postulados de los filósofos presocráticos, exceptuando a Parménides, han llegado hasta nosotros por la vía de los fragmentos.

En ocasiones he comparado la investigación historiográfica con la búsqueda de mosaicos “iluminados” por artistas de diversas épocas, y con las tabletas de arcilla conteniendo informaciones cuneiformes de los antiguos sumerios, caldeos y de otras comunidades mesopotámicas. Sucede, tal como lo saben los arqueólogos, que muchas veces el texto histórico se recompone, como si fuera un rompecabezas, con fragmentos de esos mosaicos pintados en la antigüedad por diversas culturas. E incluso en el Renacimiento italiano y otros renacimientos. Pero, sobre todo, se recompone con los fragmentos de los textos escritos en tablillas, en papiros, en pergaminos, en palimpsestos, en papeles y en otros soportes para la escritura. Es más, hasta nosotros ha llegado la noticia que la primera biblioteca organizada con criterios bibliotecológicos existió en las proximidades de Mesopotamia, como hacia el norte de Siria, hace más de cuatro mil años. Parejamente contamos con la historia de los manuscritos de “Qumrán”.

Lo mismo ocurre con los textos de la edad media copiados por monjes dedicados a esa tarea, y por los traductores de las escuelas de Córdoba y Toledo. En nuestro caso la historia colonial de Honduras se encuentra dispersa en manuscritos de diversos archivos hispanoamericanos y también del Vaticano. Varios de los mismos son como hojas sueltas o fragmentos en proceso de deterioro. En el pueblito minero de Santa Lucía, muy cerca de Tegucigalpa, un alcalde “equis” le metió fuego deliberadamente al archivo colonial de aquella municipalidad. Y otros han sido víctimas de las lluvias, del moho y del abandono de las autoridades de distintas jurisdicciones. Sin embargo, siempre es posible realizar reconstrucciones históricas con los fragmentos sobrevivientes que, a pesar de los huecos informativos, empalman unos con otros como si fueran piezas de mosaicos antiguos.

El problema mayor se presenta cuando deseamos indagar sobre acontecimientos más cercanos en el tiempo. Digamos en el siglo veinte de nuestra era común. Lo cual es paradójico y curioso bajo la consideración que se trata del siglo con mayor información periodística impresa. Por ejemplo: Muy poca información sistemática tenemos sobre las interioridades de la quiebra financiera de 1929. Sabemos de la caída estrepitosa de la bolsa de valores de Nueva York. Sabemos, además, de la pérdida masiva de empleos y de los suicidios rutinarios de los apostadores por causa de aquel fenómeno. Conocemos, también, que la aplicación de las políticas keynesianas, ayudaron a salir del abismo de la recesión económica capitalista mundial subsiguiente, incluyendo el macabro tema de la Segunda Guerra Mundial. Pero seguimos desconociendo, repito, las interioridades de los manejos bursátiles de aquel entonces que desencadenaron la dramática crisis.

Análogos son los acontecimientos previos suscitados antes de la caída de los valores de las transacciones financieras e hipotecarias en septiembre del año 2008. Las informaciones llegaron al público en forma excesivamente fragmentada. Recuerdo que con el doctor Jaime Chávez (matemático y analista financiero) abordamos todos estos problemas en distintos programas televisivos de “Economía y Cultura”, y en algunos momentos ambos llegamos a pensar que el fenómeno era tan inédito que resultaba harto difícil explicarlo o vaticinarlo retrospectivamente, y luego hacia el futuro. Tenemos claro que tanto el gobierno saliente como el entrante de Estados Unidos en aquel momento, aplicaron poderosos “salvatajes” financieros estatales para rescatar a los bancos y conglomerados en quiebra, y salvaguardar al macromodelo capitalista. Pero sobre las interioridades de aquel magno problema de alcances mundiales, apenas nos llegan retazos verbalmente confusos sobre los verdaderos móviles desencadenantes de la crisis, como si existieran dos ideologías, una desregularizadora y otra neopopulista, interesadas en que nunca alcancemos auténticos conocimientos sobre nuestro “Mundo Occidental”.

En la esfera personal me parece que el fenómeno político de Donald Trump, algo también inédito en la historia estadounidense, tiene sus raíces en la quiebra financiera del año 2008 y sus consecuencias. Luego la respuesta de los latinos y mestizos que apoyaron masivamente al candidato presidencial Joe R. Biden, tiene igualmente sus raíces en la mencionada crisis del 2008, más otras circunstancias concomitantes. Me gustó, dicho sea de paso, el discurso inaugural del presidente Biden. Ojalá que también mire con ojos conciliatorios y benignos a los pueblos despreciados y difamados de América Central.