EL Hospital de Especialidades Pediátricas es un centro de salud cinco estrellas. Una bendición para los niños hondureños que acuden, como pacientes, a recibir atención por sus dolencias. El equipo de hondureños que allí labora es impecable. No podría esperarse mayor sentido de entrega a su delicada responsabilidad, de cuidado por los enfermos y, en lo que se refiere al personal administrativo, pulcritud y honestidad en el manejo de sus funciones. Sin embargo, pese a la dicha de tener un centro hospitalario de superior calidad, del bien que le hace al país, no escapa al fisgoneo inmerecido y a la ligereza con que aquí se manejan ciertas noticias. Para quienes se perdieron la lectura, reproducimos, de una columna de comentarios breves que publica el periódico, las siguientes:
“En el Hospital de Especialidades Pediátricas no hay truculentos ni ‘meruseros’”. “Al hospital, siendo un centro de atención de niños, de la noche a la mañana le dieron el encargo de abrir una sala de coronavirus para atender adultos”. “Corrieron a adecuar el pabellón de adultos, proteger del contagio en cubículos aislados a los niños que atienden de otros padecimientos y abastecerse de los insumos necesarios”. “Solicitaron fármacos al Almacén Central y de allá se los mandaron a cuentagotas”. “En el HEP no pueden hacer como en otros lados que le dicen al paciente que vaya a las farmacias a comprar las medicinas que ocupa para seguirlo curando”. “Si allá en ese Almacén Central quieren justificarse, sepa Judas cuál sea su inventario de fármacos –“nos hubieran consultado a nosotros primero”, dijo un tal jefe de ese almacén– dando pie a noticias especulativas desacreditando hospitales, no es nada raro, ya que estamos en tiempos de lavarse bien las manos, como en época de Poncio Pilatos”. “Para estar preparados con las dosis necesarias y atender bien al paciente, el HEP probó licitar las compras y no hubo droguería que quisiese suministrarlas, por tratarse de pocas cantidades”. “Entonces compraron en las droguerías locales, las que, por supuesto, en la escasez, vendieron a precios más altos”. “Es de los pocos centros de salud con portal de transparencia. De allí tomaron la información para hacer un escándalo de unos fármacos que compraron en las droguerías con una diferencia de 9 mil lempiras más de como las compra la SESAL”. “Preguntan, entonces, ¿a quién y dónde se reembolsan los 9 mil lempiras, para evitar la grosería que expongan al hospital de esa manera, como si hubiesen hecho algo indebido, sin acreditar nada a todo el buen servicio que presta a los pacientes, el amor con que atienden a los niños y todo el bien que le hace al país?”.
Tomamos extractos de la nota aclaratoria completa publicada hoy por LA TRIBUNA, de una institución de servicio a la comunidad que no tiene nada que esconder: “Desde nuestra creación, la FAHM ha actuado y actuará siempre en apego y observancia de las leyes del país”. “Nuestra gestión se caracteriza por ser transparente en el manejo de los recursos asignados y gestionados, demostrado a través de auditorías externas anuales, rendición de cuentas y veedurías de diferentes organizaciones de la sociedad civil”. “El HMEP cree que todos los niños merecen acceso a salud de calidad”. “Con la pandemia tuvimos una situación diferente a ser un centro de atención COVID-19 y recibir pacientes adultos”. “El hospital con sus médicos y personal clínico estando en primera línea para la atención de la emergencia y salvar vidas requirieron los medicamentos, insumos y equipo de protección personal, oportunamente, para asegurar que cada paciente recibiera tratamiento según los protocolos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Secretaría de Salud”. “Como siempre, el trabajo del Hospital de Especialidades Pediátricas es realizado por personas serviciales, diligentes y éticas, esmeradamente dedicadas a los pacientes que atienden nuestras salas, con solvencia y transparencia, así que nuestros libros e instalaciones están abiertos a cualquier investigación responsable que se quiera realizar en aras de evitar especulaciones infundadas”. Triste que, ni los que salvan vidas todos los días, se salvan de ser víctimas de ese infecundo prejuicio de sospechas que invade al país.