Hoy quiero contarles un poquito acerca de mi historia personal como estudiante. Cuando tenía 13 años, fui a presentar un examen de admisión en La Escuela de Bellas Artes, con la mala suerte, que justo en ese período comenzaron con un proceso en el cual, si el postulante pasaba, se le podía enviar a estudiar un año más de nivelación, y justo, ese fue mi caso. Ahora me da mucha risa recordar mi forma de pensar en ese tiempo de mi vida, yo dije: “si estudio bachillerato solo tengo que hacer dos años, y aquí me están pidiendo que pase cuatro años más estudiando antes de entrar a la universidad” en ese momento, mis matemáticas fueron simples: dos es mejor que cuatro… ahora viéndolo en retrospectiva, puedo notar que para la edad que yo tenía, hasta más años podría haber estudiado sin afectar mis “aspiraciones”, pero fue así que estudié bachillerato y entré a la universidad acabando de cumplir 16 años, allí saqué una licenciatura en Mercadotecnia pues mi intención en ese momento fue dedicarme al comercio, pues mi familia tenía negocios.
Estudié medio tiempo mientras el resto del día trabajaba atendiendo una de las sucursales de la empresa familiar. Para ese entonces, no era exactamente una alumna muy aplicada; de hecho, me recuerdo muy bien los días de exámenes orando frenéticamente, pidiendo perdón por no haber estudiado a diario y jurando que para la próxima iba a mejorar (todavía tengo pesadillas con ese tema de ir a exámenes sin estudiar) el caso, es que, a pesar de todo, me gradué con el segundo promedio más alto de toda la promoción, e incluso representé a la universidad en actos en donde asistían los mejores estudiantes. ¿Por qué les cuento esto? Créanme que de ninguna manera es para jactarme.
Hoy que soy adulta responsable y que tengo hijos que aconsejar, analizo más fríamente mi caso; lo que no les he contado, es porqué nunca estaba preparada apropiadamente para los exámenes y porqué faltaba incluso a ellos para tener más tiempo para tomarlos en reposición. Resulta que además de trabajar, los fines de semana los utilizaba en actividades de grupos cristianos de jóvenes, en los cuales yo tenía responsabilidades por dirigir algunos de ellos; por otro lado, era voraz lectora de libros, así que me interesaba más leer temas a mi gusto que mis asignaturas de las clases; y si a todo lo anterior le suman una sed insaciable de crear con mis manos y de experimentar con nuevos materiales, entonces entenderán que no era exactamente un asunto de parrandas, amistades o vicios lo que me mantenían lejos de los libros académicos. Pero la pregunta que siempre me he hecho es ¿Por qué tuve tanto éxito en mis asignaturas en la Universidad? todo estaba en mi contra: trabajaba siete horas al día, estudiaba poco, faltaba mucho a clases y los fines de semana siempre los tenía ocupados en otras actividades… aparte de creer que Dios tuvo mucha misericordia cuando me veía cada parcial llegar deshaciéndome en súplicas, he llegado a entenderlo todo; y no se trata de una inteligencia superior ni nada por el estilo.
Pongan cuidado: mis experiencias liderando en los grupos de jóvenes, me capacitaron para afrontar todos los retos de exposiciones orales en la Universidad; siempre me fue bien en ese aspecto; además, la lectura frecuente me hizo ser una buena redactora de ideas, y aunque yo no me supiera una respuesta, siempre escribía algo elaborado y lógico que yo creo que hasta por pesar, mis maestros recompensaban con algunos puntos… y como cereza del pastel, resulta que hay estudios científicos y profundos que dicen que la práctica del arte estimula la parte en el cerebro que resuelve conflictos y desafíos, así que se hace más fácil la comprensión y solución de problemas matemáticos y de otras materias de esa índole. Cuando analizo todo lo anterior comprendo razonablemente porqué se me daba fácil el estudio; sin así planearlo, yo estaba comprobando lo bien que funcionan todas esas actividades extracurriculares en la vida académica, y yo diría que todas estas experiencias me formaron integralmente para tener una carrera exitosa.
Hasta este momento de ninguna manera mi consejo a un joven sería seguir mi ejemplo al pie de la letra, pues entiendo que no es exactamente el mejor, además, cada caso trae sus particularidades especiales… lo que sí les recomendaría ampliamente es: lean, creen, expónganse socialmente en grupos con buenas causas, practiquen todo tipo de arte, eso hará que les vaya mejor en la vida.
Bueno, después de leer mi experiencia como estudiante y saber mis trucos inconscientes bajo la manga, habrán algunos que digan: ¡Ah! Y así ¿Quién no?