Juan Ramón Martínez
Mañana viajaré a Nacaome y Choluteca. Para reunirme con los gobernadores políticos de ambos departamentos. Y con los directores departamentales de educación. Intentaré explicarles, –con el apoyo del historiador Ismael Zepeda y del promotor, Walter Ulloa–, el significado y carácter de la celebración del Bicentenario, como medio para fortalecer la memoria histórica de las nuevas generaciones. Y desarrollar, entre los hondureños, un nuevo sentido de identidad, que permita en el futuro, hacer una nueva nación, fuerte, sin desigualdades, miseria, pobreza e irrespeto internacional. La tarea, no es fácil, tiene dimensiones superiores a mis capacidades personales y, del equipo que me acompaña. Y esta es, la última quijotada que emprenderé, en favor de Honduras, a la que tanto le debo y a los hondureños, con los que me siento, obligado y comprometido.
Junto con mis compañeros, trataremos de convencer en aliados, a estos dos funcionarios departamentales, para que la celebración del Bicentenario sea algo más que las celebraciones tradicionales del 15 de septiembre. Desfiles, palillonas, paracaidistas, concursos de bailes folclóricos que por lo demás, nos gusta que se efectúen. Al fin y al cabo, muchos están convencidos que ver desfilar a sus familiares, es la mejor forma de servir a los intereses de Honduras. Integrar estos eventos que podríamos llamar tradicionales, –de un día–, una semana o un mes, durante todo el año. Y desde abajo hacia arriba, para que, en cada municipio, empiece a germinar, la construcción de la memoria histórica. Y, a sentar las bases de la identidad nacional, que se haga visible, en un compromiso para hacer posible el acuerdo moral de cumplir integralmente, de acuerdo a sus recursos y posibilidades y bajo su dirección, el desarrollo municipal, en la búsqueda del bienestar para la mayoría de sus habitantes, del departamento. Y, finalmente, de la nación. Bajo la premisa que la reconstrucción física, pase, por la reconstrucción emocional del hondureño, que nos dé un nuevo ciudadano. Con una cultura orgullosa, un carácter acerado. Y, un sentimiento que, sin ofender a nadie, pueda extender la mano, para aliarse y defender sus intereses, sin que se le hagan agua los ojos; ni balbucee palabras inteligibles, buscando compasión, limosnas y migajas.
No será fácil. Pero hemos recibido muchas seguridades que, muchos gobernadores y directores departamentales, comparten estos objetivos. También algunos ministros de este gobierno. Y por momentos, el propio Presidente de la República, que sin embargo, en la última vez que exponía el programa de actividades, se levantó de la mesa principal y me dejó hablando solo, en lo que me pareció desinterés sobre el tema. Y falta de respeto, a quien suscribe estas notas.
Los gobernadores y los directores departamentales, recibirán puntual información sobre la importancia de la celebración que, se efectuará durante once meses del 2021. No bajo su control, sino que, de los comités, democráticamente elegidos, en los municipios, departamentos y aldeas. Y, a nivel nacional. Que ellos, como nosotros, somos servidores, promotores y animadores para que, el Bicentenario sea una oportunidad para liberar las fuerzas creativas de los hondureños, para poner la política, la economía y la burocracia, al servicio de la colectividad, porque lo que buscamos es que el pueblo en general –y no solo las autoridades– hagan de este año, un esfuerzo para forjar la unidad nacional, fortalecer la hermandad y rechazar todos los propagandistas de la confrontación. Para lo que, a nivel nacional, entre otras actividades, erigiremos 18 estatuas departamentales de Valle; honraremos a los mejores compatriotas que se hayan destacado en el bienestar y la concordia nacionales; construiremos una plaza de las 7 culturas en las que se ha basado el mestizaje; construiremos un museo de estatuas al aire libre; un museo y casa José Cecilio del Valle; un panteón nacional, rehabilitaremos la Plaza del Obelisco, con la que, se celebraron los 100 años de independencia en 1921. Y editaremos, millones de libros, de historia, economía, literatura, etc., para que las nuevas generaciones, sepan de dónde venimos, cómo estamos. Y para dónde nos encaminamos, en la construcción de una gran nación.
Pese al reto, estoy animado. Iré contando, con citas de nombres completos, cómo me tratan y me ayudan los gobernadores, los alcaldes y los directores departamentales y municipales de educación. Para que, sepamos en manos de quién está el futuro nacional de Honduras.