Son personas empáticas, capaces de ponerse en el lugar del otro, identificarse con su prójimo y comprender sus situaciones y preocupaciones.
Entienden el sufrimiento ajeno, especialmente en aspectos tan sensibles como la salud, como en el caso de nuestras entrevistadas, una desde la presidencia de Fundación Abrigo, entidad que brinda alojamiento y alimentación a pacientes de hospitales públicos.
Nuestra otra entrevistada en la titularidad de la Fundación Hondureña para el Niño con Cáncer, sensible padecimiento que aqueja a miles de niños.
Es por ello que auscultamos la trayectoria de Ana Cristina Aguilar y Nubia Mendoza, personalidades que vierten su amor desinteresado, tiempo y esfuerzo, en beneficio de los demás, llegando hasta el sacrificio personal, todo en aras de un mundo mejor.
Ana Cristina Aguilar: “Que los problemas del mundo no nos roben nuestra buena alma”
Es abogada con Maestría en Cooperación Internacional, empresaria, ha sido propietaria de varias entidades dedicadas a rubros como alimentos, diseño, centro de pilates, distribución, entre otros.
Madre de dos profesionales exitosas, Ana Galeano Aguilar, graduada de ciencias políticas en Duke con un MBA en Incae y Julia Galeano Aguilar, graduada de Parsons con Maestria en Grabado de Pratts.
Se trata de Ana Cristina Aguilar, a quien la define la pasión por lo que hace, la entrega al servicio y las ganas de continuar aprendiendo, “seguir apasionándome es el objetivo”, afirma con fe, convicción y optimismo.
Su trayectoria en el mundo del voluntariado y por ende del altruismo, nace con ella misma. “ Yo pienso que toda la vida he tenido una especial sensibilidad hacia los problemas de la gente”.
“ Ya en mi juventud iba a Pueblo Nuevo , un barrio donde vivian muchas prostitutas a ayudarles a cuidar a sus hijos, tambien al hospicio de huérfanos de Santa Ana, y participaba en otras actividades sociales del colegio”.
Posteriormente se involucró en instituciones para el bien social, entre ellas Olimpiadas Especiales, Fundación Abrigo, Museo del Hombre, etc. Pero ademas siempre tiene personas a las que ayuda de forma individual.
Pero ¿que significa en su vida esa continua proyección hacia los mas necesitados?
“Realmente no puedo pensar en mi vida sin esa parte … creo que nacemos para servir. Me imagino que es la unica forma de trascender e irse en paz de este mundo”.
Entrelazar su empresa, vida familiar y proyección social, para ella se vuelve un tanto complicado porque el trabajo en la Fundación Abrigo es cada vez mayor.
“La pandemia ha trastornado todo y cada vez es mas difícil conseguir apoyo. Muchas veces dan ganas de tirar la toalla como se dice popularmente, pero luego veo a los enfermos y sabes que tenes que seguir adelante”.
“ Cada día es mas difícil obtener donaciones. Por otro lado, los trámites gubernamentales son absolutamente engorrosos y no hay sensibilidad frente a la situación de una fundacion y sus necesidades”
“Que los problemas del mundo no nos roben nuestra buena alma. Que los malos gobiernos no nos hagan personas sin esperanza. Que la corrupción no nos quite el entusiasmo”, concluye.
Quien así se expresó fue esta dama jovial y alegre, para quien el voluntariado es su segunda piel y quien afirma tener proyectos de desarrollo personal, seguir estudiando, nuevos emprendimientos, viajes y sueños pendientes !!! Y sobre todo ayudar siempre!!

Nubia Mendoza de Zuniga: “La palabra esperanza para mí tiene mayor significado cuando veo que un niño con cáncer se cura”
Esta licenciada en Administración de Empresas tiene 30 años de voluntariado, sensibilizando su alma cada día ante la problemática de niños aquejados de una enfermedad que parece no tener fin.
Es la madre de José Alejandro, José Adrián y José Gabriel Zuniga, para quienes el ejemplo de su madre ha moldeado e impactado de manera positiva sus vidas, convirtiéndolos en mejores seres humanos más concientes y empáticos con las necesidades de los demás.
Nuestra entrevista es Nubia Mendoza de Zuniga, titular de la Fundación Hondureña para el Niño con Cáncer, esto la hace enfrentarse a la necesidad y al sufrimiento de estos niños, explica conmovida.
“Me movió desde lo más profundo de mi corazón a hacer algo por cambiar sus condiciones y luchar por ofrecerles la oportunidad de vivir una vida más digna”, asegura.
“Desde hace 30 años en que he sido voluntaria me he tenido que enfrentar a la indiferencia y el poco apoyo de todos los gobiernos y autoridades de Salud, hemos tenido que luchar mucho porque los niños con cáncer nunca han sido prioridad para las autoridades que nos gobiernan, pero gracias a Dios el pueblo hondureño siempre nos ha demostrado su solidaridad apadrinando a estos pequeños”.
Su motor es la fe y su familia, la oración le da la fuerza necesaria para continuar con su voluntariado, ha influído mucho en ella el legado de trabajo y perseverancia que aprendió de sus padres.
“No ha sido fácil, pero he tenido siempre el apoyo de mi esposo Alejandro Zuniga y mis hijos en este voluntariado, sin su comprensión no habría podido llevar a cabo esta labor con los niños con cáncer”.
Afirma que la única manera de abrir puertas y animar a otros para que apoyen es dando ella misma el ejemplo, hacerles ver que todo esfuerzo al final vale la pena por los niños.
Dice que es importante que “en tu labor de todos los días se vea reflejado un alto espíritu de trabajo, honestidad y una visión clara de ayudar a otros sin esperar nada a cambio”.
La Fundación para el Niño con Cáncer nace de las necesidades y las carencias que sufrían los niños que estaban hospitalizados en el área Pediátrica del Hospital Escuela en la década de los 80´s.
“Cuando yo llegué a hacer voluntariado estaban en condiciones muy precarias y la mayoría perdía la vida por falta de medicamentos y condiciones higiénicas y de hacinamiento muy deplorables”.
“La palabra esperanza para mí tiene mayor significado cuando veo que un niño con cáncer se cura y vuelve a la escuela y a su vida normal después de haber estado por años luchando contra la anfermedad. Muchos de los niños se convierten en profesionales y padres de familia exitosos”.
Nos comparte que ha pasado por momentos muy duros, de incertidumbre y tristeza, pero cuando piensa que eso no es nada comparado con el dolor por el que pasan los niños con cáncer eso le da fuerzas para continuar.
“La mayor satisfacción de mi voluntariado es dar una esperanza de vida a los niños y sus familias que no tienen ninguna. Sólo se trasciende en esta vida cuando entiendes el significado y la satisfacción de dar, sin esperar nada a cambio”, concluye