Por: Carlos Medrano
Periodista
Ver ese espectáculo migratorio de hondureños rumbo a Estados Unidos, dan ganas de llorar, es denigrante, repugnante y genera indignación, no contra los sufridos marchantes, sino en contra de la clase política y gobernante que no ha podido construir un país en el que todos quisiéramos vivir.
El fenómeno migratorio no es nada nuevo en Honduras, miles y miles de compatriotas se han ido a buscar el “sueño americano”, muchos lo encontraron, otros todavía lo andan buscando y otra buena parte fracasaron en su intento.
La mano de obra hondureña es excelente, según lo pude registrar en una etapa de mi vida, principalmente en el Estado de la Florida, específicamente Miami, los connacionales tienen buena referencia, la mayoría gente obediente, trabajadora y amistosa.
Las “oleadas” migratorias salían con coyotes que mantenían bajo perfil, pueblos enteros vieron partir a sus hijos, quienes debían pagar 4, 5 y hasta 6 mil dólares a un desconocido que los llevaba de frontera a frontera hasta pasarlos por los puntos ciegos, túneles, cloacas gigantescas y caminatas interminables en inclementes desiertos norteamericanos.
Hoy, sin pena, con escaso orgullo patrio, con desesperanza, sin miedo a la muerte y a semejante reto, (aproximadamente 3,000 Kms. en promedio), los hondureños tienen casi dos años de estar caminando en masa para Estados Unidos, pese a que la administración Trump, endureció su política y apertura migratoria, para los centroamericanos y en específico para los hondureños.
Da lástima observar cómo madres llevan a sus hijos en brazos, casi recién nacidos, muchos infantes caminan en extremo, soportando un clima hostil, hambre, sacrificándose físicamente por un viaje incierto y lo más seguro, un viaje fracasado.
Estas caravanas deben llamar la atención de todo el país, pero principalmente de la clase política que debe reflexionar sobre qué tipo de país hemos construido, qué oportunidades de trabajo se han ingeniado para que la gente prospere y genere riqueza.
Yo quiero hacer unas preguntas a la clase política: ¿Qué ambiente positivo han generado para que la inversión nacional y extranjera reinvierta en el país?; ¿luego de los desastres de Eta, Iota y COVID-19, qué medidas han adoptado la clase gobernante y política para crear y mantener empleos?
¿Qué plan de incentivos han implementado en el Poder Legislativo y Ejecutivo, para que el empresariado nativo no despida a sus colaboradores, frente a esta depresión económica?
¿Cómo van a conquistar a las grandes empresas para que vengan masivamente a generar trabajo, cuál es el plan, o la hoja de ruta (como esta de moda decir), para crear ventajas comparativas en Centroamérica?
¿Frente a la crisis económica, ya hay un plan de crecimiento económico que genere empleo? Son algunas preguntas que nos hacemos ante esta hecatombe que nos ha caído en el país y que debe de tener alarmados a quienes toman las decisiones de la nación.
Estas caravanas humanas, integradas por hondureños, es una “cachetada” a la clase política, a esos diputados que han vegetado en el Congreso Nacional, a los partidos políticos que no han contribuido al desarrollo y los últimos gobernantes que hemos tenido en Honduras.
Honduras solo tiene dos alternativas, terminar con la corrupción y generar trabajo y oportunidades que permitan a cada hondureño tener la dignidad de un empleo, sino estas caravanas seguirán peregrinando hacia Estados Unidos, convirtiendo este éxodo humano es un símbolo indeleble de la incapacidad de la clase política y gobernante de nuestra querida Honduras.