Ley y orden

Óscar Antonio Oyuela Castellón

A lo largo de la historia desde su nacimiento en Grecia, la democracia en diferentes momentos ha sufrido modificaciones sin alterar su esencialidad hasta llegar a la democracia liberal del nuevo milenio, cuyos fundamentales principios han sido utilizados para el bien común, y también -desgraciadamente- por las diferentes tendencias extremistas, como los aventureros del socialismo del siglo XXI, que “invocando la democracia” alcanzaron el poder con elecciones amañadas y el apoyo de los socialistas el Foro de Sau Paulo, acomodando las instituciones al gusto del dictador para facilitar la destrucción del sector productivo, silenciando la prensa y violentando demás libertades fundamentales; introduciendo reformas constitucionales para perpetuarse en el poder bajo un esquema esclavista que ha obligado a más de cinco millones de venezolanos huir de su patria, otrora próspera, con la mayor reserva de petróleo mundial. Un pensador dijo que la democracia encierra el germen de su propia destrucción como Marx lo dijo con respecto al capitalismo, sin embargo, la praxis política demuestra que la democracia después de recorrer difíciles períodos de transición, ante el fracaso de regímenes populistas y socialistas, como el ave fénix resurge resplandeciente con las necesarias modificaciones para adaptarse a los nuevos tiempos, manteniendo inalterable las reglas de oro y principios democráticos que dirimen los más controvertidos problemas y da respuestas acertadas a las más complejas demandas sociales.

Todo lo anterior lo destaco motivado por los nefastos acontecimientos ocurridos, en la aún primera potencia mundial, los Estados Unidos de América, fuente inspiradora de nuestras Constituciones latinoamericanas. Sin duda es un hito histórico el asalto al Capitolio símbolo de la democracia norteamericana, como las Torres Gemelas que simbolizaban el capitalismo, pero ninguno de los dos desastres desestabilizó el sistema político estadounidense. La maquinaria jurídica en su momento entró en acción para restablecer y fortalecer el sistema. Los excesos del Ejecutivo se han registrado en administraciones demócratas y republicanas, tal como los ilustra el extinto catedrático de la Universidad de Harvard y exasesor de la Casa Blanca, en su libro: El poder presidencial y los presidentes modernos: políticas de liderazgo de Roosevelt a Reagan, que como humanos imperfectos y apasionados con el poder que están investidos han intentado extralimitarse en sus funciones, pero las fuerzas autocorrectivas de la República equilibraron el sistema político norteamericano. Destaca Brewter C. Denny en el “Sistema de Gobierno y Política Exterior de los Estados Unidos” que en la crisis de Watergate el efecto combinado del Poder Judicial independiente, la separación de poderes, el proceso de imputación y la vigilancia de la prensa libre llevaron a los excesos del secreto y los abusos del poder con fines personales y políticos hasta donde les permitió el ejercicio de la autoridad gubernamental. Hoy nuevamente, en este mundo globalizado y con el desarrollo de las comunicaciones, el sistema de gobierno norteamericano una vez más ha colocado barreras constitucionales y de derechos civiles contra el abuso del poder, recordando que “la filosofía de la Constitución es que el pueblo solo tiene derechos y privilegios.

El gobierno tiene responsabilidades y deberes y se le concede limitada autoridad para cumplirlos”. Es digno destacar que en cada momento, como lo reconocen estos brillantes intelectuales, la prensa libre ha jugado un papel importante como fiel vigilante del poder. El sistema norteamericano seguirá manteniendo sus fortalezas en la medida que funcionen sus instituciones en el marco de lo establecido en la Constitución, cuyos padres fundadores establecieron principios organizativos en función de los intereses nacionales. Estos grandes hombres -señala Neustadt- en el orden político confiaban en la promesa de que el gobierno representativo y las instituciones democráticas pondrían hombres buenos a cargo para ocuparse en los asuntos de la nación, y aseguraría el debate y la consideración de todo lo necesario para las decisiones sensatas. La democracia, aunque algunos sostienen que en su seno tiene el germen de su propia destrucción, lo que realmente existe es la flexibilidad de los mecanismos que los hombres manejan de acuerdo a su ética o bajas pasiones. La democracia ya no es la misma que aquella que nació en Grecia y seguirá sufriendo modificaciones en cada momento histórico, siempre preservando sus fundamentales principios de libertades, respeto a la vida, la propiedad privada. Por su natural fragilidad siempre será manoseada por populistas y dictadorzuelos que nacen cada tiempo, pero solo por un tiempo, al final, como ha sucedido hoy en Washington con la insurrección ante el Capitolio, se mantiene firme y más fortalecido el sistema, el faro de la libertad y el sublime respeto al imperio de la Constitución. Esperamos de la nueva administración demócrata, que en el marco de la seguridad nacional y actualizada política exterior afiance alianzas con sus naturales vecinos del sur de América Latina y el Caribe, en la que sutilmente se han infiltrado potenciales enemigos de la democracia.