NAVIDAD Y LA LECTURA

DE Eduardo Galeano. Tomado de El Libro de los Abrazos. “NOCHEBUENA”: “Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua. Es vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos andaba atrás de él. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso. Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano: –Decile a… –susurró el niño–, decile a alguien que yo estoy aquí”.

De Jorge Luis Borges. Tomado del poema del libro El Otro, El Mismo (1964). “JUAN, I, 14”. “Refieren las historias orientales/ La de aquel rey del tiempo, que sujeto/ A tedio y esplendor, sale en secreto/ Y solo, a recorrer los arrabales/ Y a perderse en la turba de las gentes/ De rudas manos y de oscuros nombres;/ Hoy, como aquel Emir de los Creyentes,/ Harún, Dios quiere andar entre los hombres/ Y nace de una madre, como nacen/ Los linajes que en polvo se deshacen,/ Y le será entregado el orbe entero,/ Aire, agua, pan, mañanas, piedra y lirio,/ Pero después la sangre del martirio,/ El escarnio, los clavos y el madero”.

Rubén Darío: “Los tres Reyes Magos”: “-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso. / Vengo a decir: La vida es pura y bella. / Existe Dios. El amor es inmenso. / ¡Todo lo sé por la divina Estrella! / -Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. / Existe Dios. Él es la luz del día. / La blanca flor tiene sus pies en lodo. / ¡Y en el placer hay la melancolía! / -Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro/ que existe Dios. Él es el grande y fuerte. / Todo lo sé por el lucero puro/ que brilla en la diadema de la Muerte. / -Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos. / Triunfa el amor y a su fiesta os convida. / ¡Cristo resurge, hace la luz del caos/ y tiene la corona de la Vida!”.  Amado Nervo. “NOCHEBUENA”: “Pastores y pastoras,/ abierto está el Edén./ ¿No oís voces sonoras?/ Jesús nació en Belén./ La luz del cielo baja,/ el Cristo nació ya,/ y en un nido de paja/ cual pajarillo está./ El niño está friolento./ ¡Oh noble buey,/ arropa con tu aliento/ al Niño Rey!/ Los cantos y los vuelos/ invaden la extensión,/ y están de fiesta cielos/ y tierra… y corazón./ Resuenan voces puras que cantan en tropel:/ ¡Hosanna en las alturas/ al Justo de Israel!/ ¡Pastores, en bandada/ venid, venid,/ a ver la anunciada/ Flor de David!…”.

Por Juan Ramón Molina. Libro: Tierras, Mares y Cielos. “TRÉBOLES DE NAVIDAD”: Niño Dios -que en el pesebre estás, radioso y desnudo-/ mientras que, sombrío y mudo,/ tengo fiebre./ Dulce niño,/ grácil cosa,/ como rosa, como armiño/ como armiño, como rosa./ Pobre rey,/ que ningún vasallo adula,/ que sonríes a la mula/ o que lloras junto al buey./ Del trotar/va acercándose el rumor,/ del corcel de Baltasar,/ del camello de Melchor/ y el onagro de Gaspar./ En la noche -ardiente y bella-/ los divinos magos ven,/ que ya se paró la estrella/ sobre el místico Belén./ Sus tesoros/ te darán, que son inmensos:/ púrpuras, mirras, inciensos,/ perfumes, diamantes y otros,/ mientras danzan los pastores,/ tañendo sus caramillos,/ en los prados/ argentados/ aromados/ de tréboles y tornillos;/ y -en las bóvedas celestes-/cantan himnos y alabados/ de los ángeles las huestes./ Niño Dios, pequeño rey,/que un almita azul alientas,/ ¿Tienes frío? Te calientas/ Con el vaho de ese buey./ Si ningún vasallo adula/ el milagro de tus ojos/ de violeta, está la mula/ contemplándote de hinojos./ Tu/ orfandad presto se fue;/ ya tienes tu manto tisú,/ un magnífico ajuar que/ una maga preparó,/ y tu cuello lucir ve/ un collar como de O./ Bien quisiera/ presentarte -como don-/ la hechicera/ sortija de Salomón:/ o un par de azules palomas/ de exótico país,/ o las mágicas redomas/ en que guardó sus aromas/ Belkiss,/ cuando -ávida de placeres-/ en pos de un rey, todo luz,/ hizo su viaje de Citere/ sobre un nevado avestruz./ Ni una ofrenda, ni una cosa/ fabulosa/ te he de dar,/ ni una perla milagrosa/ de los joyeles del mar:/ ni una estrella luminosa,/ ni un sutil velo de tul,/ que -en arca de topacio-/ escondí, cerca de la Osa,/ en mi lírico palacio/ del azul./ Mas te regalo esta flor,/ -albo y rubio serafín-/ flor de amor, flor de candor…/ ¡La que respetó el dolor/ al arrasar mi jardín!  (Con gusto complacemos el pedido: Un lector solicitó repetir el editorial de la pasada Navidad).