Año 2020, el mejor de nuestras vidas

Deseos extraterrestres de Año Nuevo

Año 2020, el mejor de nuestras vidas. Año 2020, el mejor de nuestras vidas. Por: Otto Martín Wolf

El mejor? Claro que sí! Dentro de la pandemia y dos huracanes estamos vivos aún, cierto?

Lamentablemente no a todos les fue tan bien.

Pero, para los que hemos sobrevivido, indudablemente este puede ser el mejor año de toda nuestra existencia.

Por qué? Por todo lo que hemos aprendido.

El 2020 nos enseñó que las pandemias no conocen fronteras, tendencias religiosas, clases sociales o políticas; ante una amenaza de contaminación todos somos iguales.

Somos más iguales de lo que jamás lo hemos sido, económica, religiosa, política y socialmente.

Aprendimos que no importa cuánto dinero se tiene si no se dispone de un lugar seguro dónde disfrutarlo.

También aprendimos que por poco que sea el salario en un empleo, es mejor tenerlo a no contar con ingresos. Es más, nos dimos cuenta que después de tres meses sin trabajar hay quienes exigen vacaciones y días feriados, así como “semanas morazánicas” y todo ese tipo de estupideces, y que el empleo es lo más importante para la economía de todos.

Sabemos ahora que el dinero de nada le sirve a los bancos si no tienen a quién prestarlo, así como a los grandes almacenes, tampoco su enorme surtido les sirve si no hay clientes a quién venderles, o lujosos restaurantes sus mesas vacías.

Hemos entendido que, en un país -cualquier país- existe una interdependencia entre todos: ricos, pobres, altos y bajos, hombres y mujeres, bonitos y feos, gordos y flacos.

Comprobamos que las fuerzas de la producción no pueden ser aminoradas por pandemias o desastres naturales, realmente solo pueden ser detenidas por la abulia burocrática y gobiernos ciegos o insensibles.

Nos dimos cuenta de lo inútil de la oración -excepto porque ayuda a conseguir resignación y un poco de esperanza en “otra vida”, más justa y feliz- pero en este año han muerto pastores evangélicos, sacerdotes católicos, imanes musulmanes y también ateos, igual que en todos los tiempos.

La pandemia no entiende de rezos, cadenas de oración o sacrificios de autoflagelación.

El virus no conoce ni le importan esas cosas, su misión es multiplicarse y, en el camino de cumplirla, se lleva de encuentro a todos por igual.

Algunos, no todos, se han dado cuenta que la ciencia es la única que puede frenar pestes como la que afecta al mundo y que cosas tan sencillas como lavarse las manos o utilizar una mascarilla puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Hemos aprendido que muchos políticos -cuya “misión es ayudar al pueblo”- igual se aprovechan de pandemias y catástrofes para enriquecerse ilegalmente, con el dinero del pueblo y sin importarles el destino de ese pueblo al que con “tanta devoción” quieren servir.

Comprendemos que no podemos dejar que la separación entre ricos y pobres se siga haciendo más amplia cada vez, conforme los primeros tienen acceso a educación en línea y los otros no.

Si lo permitimos los ricos serán mañana también, dueños del conocimiento y los pobres de nada, excepto su miseria de la que solo podrían haber salido con educación.

Definitivamente el 2020 ha sido un buen año, nos ha enseñado muchas lecciones que podremos aplicar durante el resto de nuestra vida, si no somos traicionados por una memoria corta, que es quizá la peor de las pandemias.

Sí amigos míos, el 2020 puede ser con facilidad el mejor año de nuestras vidas.

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