Estado esbelto y los 7 desperdicios

Estado esbelto y los 7 desperdicios

Jairo Núñez
[email protected]

Estado esbelto y los 7 desperdicios. Hace un par de años, mientras terminaba de impartir una clase en la Facultad de Ingeniería, se me acercó un estudiante ávido de conocimiento y miembro activo de un partido político en su ciudad de origen y me preguntó si era posible aplicar al plano gubernamental el concepto de manufactura esbelta que recién acabábamos de ver en clase. Me emocioné por lo excepcional de la pregunta y me senté con él a “filosofar”. -Claro que sí- le res-pondí de inmediato. Partiendo de la noción que la manufactura esbelta (lean manufacturing en inglés) es un conjunto de técni-cas ingenieriles que tienen como finalidad la reducción al míni-mo posible de los 7 tipos de desperdicios o “mudas” que se generan en cualquier proceso productivo, agregando valor a los clientes con los mismos recursos o con menos, sí era totalmen-te posible su aplicación -le comentaba-.

Sin embargo -le mencioné- existe una pequeña diferencia a lo que estamos acostumbrados a estudiar, ya que en ingeniería tenemos la misión de reducir costos e incrementar utilidades. El Estado es un conjunto de instituciones que no tienen como finalidad explícita la generación de utilidades, ya que el Estado se nutre mayoritariamente a través de la captación de impues-tos, no de ventas, mismos impuestos que deberían ser adminis-trados eficientemente para sufragar los gastos que se tienen en el Presupuesto General de la República. Aquí es donde entra lo “esbelto”, porque, aunque no se generan utilidades como tal, sí se pueden administrar esos recursos, y en eso está demostrado el beneficio de la producción esbelta.

Imaginémonos a una persona que tiene unos cuantos “kilitos” de más. Cierta grasa es necesaria para el cuerpo, pero la grasa en exceso provoca hacernos más lentos y holgazanes e incluso enfermedades, algunas mortales -le explicaba- aparte que no se necesita ese “adicional”. Así como esa persona con esos “kilitos” de más es el Estado, si se deja crecer. Se debería poner a dieta reduciendo o eliminando lo innecesario, la grasa adherida. Aho-ra bien, veamos al Estado como un gran centro de costos que no genera utilidades, como ya lo mencionamos, pero que debe-ría mantenerse dentro de su presupuesto, así como el presu-puesto de cualquier empresa o incluso individuo podría aplicar las técnicas para eliminar o reducir los 7 tipos de desperdicios, los cuales son:

#1. Tiempo de espera: como esa sensación de saber que se tiene que estar mucho tiempo cuando se va a realizar algún trámite en una oficina estatal; pero también es el tiempo de espera en atender las necesidades de la población.

#2. Transporte: ni qué hablar, tantos problemas relacionados a estos que llenaríamos mínimo cinco páginas. Asociado a esto, podrían comenzar reconstruyendo los puentes y carreteras afectados por Eta e Iota.

#3. Exceso de inventario: los inventarios representan un costo, y aunque no se crea, se almacenan y pierden miles de millones de lempiras en productos, medicinas y otros a los que no se les aplica una tasa de rotación adecuada.

#4. Movimientos innecesarios: como las enormes comitivas que realizan turismo nacional e internacional y que supuesta-mente andan en “viajes de trabajo”.

#5. Sobreproducción: como el personal supernumerario que aparece semana tras semana o como las nuevas secretarías o ministerios. “Paracaidistas” en buen hondureño.

#6. Defectos: como los errores que vemos a diario o la misma corrupción. Desaprovechamiento de recursos. Nombramientos de personas sin preparación o tan siquiera conocimiento para puestos gubernamentales.

#7. Retrabajos: como los “parchos” a los cráteres que se en-cuentran en las carreteras o votar por los mismos una y otra vez, eso también representa retrabajo.
Suena bien disminuir todo eso, ¿cierto? Las técnicas para atacar esos desperdicios sí tienen aplicación en la práctica y se ha comprobado su utilidad en el plano empresarial, ¿por qué no en el plano estatal? Como todo en la vida, es cuestión de actitud, voluntad y perseverancia. Además, que estos conceptos no son algo nuevo, en su mayoría, son de sentido común. Hoy escribo esta columna después de haber tenido comunicación con el ahora gerente de la corporación municipal de su ciudad y con-tento de haberme enterado, directamente de él, que sí ha podi-do poner en marcha estos principios en su comunidad, tal y como lo hablamos hace un par de años. Si él pudo, ¿por qué no los demás? Queda para reflexión y como una guía donde aplicar mejoras.

Noticias Relacionadas:

Estado esbelto y los 7 desperdicios