TRES acontecimientos de interés para el amable público nacional, ocurren el mismo día. La reina Letizia de España visita Honduras, no con las manos vacías, sino con ayuda humanitaria a los damnificados de las tormentas tropicales. España, y en especial la familia real, han sido solidarios con el país a lo largo de todo este tiempo. Con gratitud recordamos el recorrido por las zonas devastadas de la ciudad capital que realizamos junto al rey Felipe VI, para aquellos días Príncipe de Asturias, cuando Honduras fue mortalmente herida por la furia ruinosa del bíblico diluvio. Su madre, la reina Sofía, también mostró su cariño hacia el pueblo hondureño. Originaria de Atenas, Grecia, como amante y estudiosa de sus históricos templos arqueológicos, no quiso regresar, sin antes realizar un recorrido por las legendarias Ruinas de Copán.
Regresó encantada de la fascinante herencia de la civilización Maya. Seguramente va a entristecerse cuando escuche la mala noticia recién brindada por el arqueólogo Ricardo Agurcia; ello es que el templo Rosalila está a punto de colapsar debido a las filtraciones y al efecto de las inundaciones en el parque de Copán. El otro hecho relevante es que el directorio del Fondo Monetario Internacional aprobó al país la tercera revisión del Acuerdo Stand-by, (Facilidad de Crédito), lo que equivale a un certificado de buena conducta. Si bien el FMI concede un modesto crédito para efectos de equilibrio financiero, el acuerdo es necesario para continuar recibiendo financiamiento de los bancos internacionales de crédito. Ello es, si de repente salen de la somnolencia con que han reaccionado a la aguda crisis planteada por la pandemia. Hasta ahora, da pena decirlo, no han respondido con la suficiencia de recursos, ni con la creatividad esperada, que exige el gigantesco tamaño de los apuros por los que pasan estos pintorescos paisajes acabados. Y el tercer acontecimiento, ya no local, aunque con extraordinarias repercusiones domésticas, es que el Colegio Electoral ha ratificado con creces la elección de Joe Biden como presidente del país más poderoso del mundo. El Estado de California, con sus 55 votos electorales, se encargó de colocar al demócrata arriba de la marca de los 270 votos requeridos para ganar la elección. No hay vuelta atrás. No cuajaron las querellas –recuento de votos, anulación de resultados, retraso de certificaciones, pedidos a las Cortes para darle vuelta al escrutinio realizado en los Estados bisagra–presentadas por la campaña de Trump, pretextando haber sido víctima de un gran fraude electoral.
Todos los Estados impugnados por el actual inquilino del Salón Oval, Nevada, Georgia, Pennsylvania, Arizona, Michigan y Wisconsin, emitieron sus votos por Biden Así que ya no hay vuelta atrás. Ese tamal ya se coció. Con la decisión del Colegio Electoral, quedaron agotados prácticamente todos los recursos legales y avenidas electorales, en que cifraba su esperanza la reelección presidencial. Mucho de lo que aquí suceda dependerá del gran mercado norteamericano. De la política en materia inmigratoria del gobierno que está próximo a inaugurarse. Como de un plan económico en gran escala, que quedó pendiente, desde la última administración demócrata, para enfrentar las causas de los flujos migratorios –inseguridad, falta de trabajo, vulnerabilidades e inestabilidades– en los lugares de origen. Hay días que poco importante sucede. Pero ayer lunes, llovieron motivos de esperanza.