Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo
Gran parte de los medios de comunicación de Honduras no están de acuerdo con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), que aporta el 65% del costo de una vacuna contra la pandemia del coronavirus COVID-19, que afecta a todo el mundo y particularmente a nuestro país.
El COHEP en un comunicado público señala que aportará 3.5 millones de dólares al IHSS para la compra de 1.4 millones de dosis para que la institución logre la inmunización de los 700, 000 afiliados.
La inconformidad pública es porque el COHEP obliga al IHSS a comprar la vacuna a la firma AstraZeneca ligada a la universidad de Oxford en Inglaterra, que desde el comienzo de la pandemia en el Reino Unido se dedicó a estudiar el virus y se empeñó en el desarrollo de un preventivo, al igual que otros países como China, Rusia y Estados Unidos, poco se sabe de la vacuna china, donde originalmente surgió el virus y de la que Honduras va a comprar a través del IHSS, se sabe que ya se está aplicando ampliamente en Inglaterra y que al menos 4 personas han resultado con daños colaterales (parálisis facial), se les hace estudios rigurosos para determinar si las mismas son resultado de la vacuna o si ya estaban predispuestas a esa disposición incapacitante, y no por un efecto secundario de la inmunización, en cuyo caso se daría un paso atrás hasta determinar que la misma resulta no solo eficaz y eficiente contra el letal virus sino que no produce efectos secundarios.
La vacuna debe ser almacenada a muchos grados de baja temperatura (-70 grados Celcius), y por lo tanto su transporte en grandes cantidades debe hacerse en barcos, aviones y camiones dotados de refrigerantes especiales, productores de hielo seco que implican un enorme riesgo de descomposición en mortal CO2.
Por otra parte no se sabe si las instituciones hondureñas que van a comprar vacunas tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, donde ya se aprobó una de la firma Pfizer y que según estudios científicos es eficaz en más de un 90% y se ha comenzado a distribuir en todos los estados de la Unión Americana, donde el ataque del virus ha sido espantoso, tienen la capacidad suficiente y los frigoríficos especiales para almacenar la vacuna y los equipos portátiles como para hacer campañas en las zonas rurales.
La controversia hondureña con esto de la vacuna no tiene razón de ser –según mi criterio– pues es mejor tener algo paliativo que nada, si tenemos en cuenta que una mínima parte de los afectados por el virus pandémico se encuentra hospitalizada en salas especiales y colapsando las de cuidados intensivos de todos los hospitales del país, mientras la mayoría de cientos de miles reciben atención ambulatoria con el tratamiento MAIZ (Microdacyn, Azitromicina, Ivermectina y Zinc), ideado por el médico hondureño Omar Videa y un tratamiento más especializado, también ideado por médicos hondureños residentes en Estados Unidos y en el país, denominado CATRACHO, con componentes farmacéuticos más especializados, y que es suministrado a personas que presentan síntomas relativamente moderados, para evitar su ingreso a la unidad de cuidados intensivos de los hospitales, de donde son pocas las personas afectadas que logran vencer la enfermedad.
En medio de esta terrible pandemia, en Honduras unos pocos funcionarios de gobierno y de la empresa privada se han enriquecido ilícitamente, los primeros, y aumentado sus fortunas corruptamente los segundos.
Casos emblemáticos de este caso de corrupción inhumana, insolidaria y criminal son la compra de insumos, equipos y contrataciones a costos millonarios, por la sobrevaloración de los mismos (televisores, cafeteras, carpas supuestamente para albergar equipos médicos, hospitales móviles, mal almacenamiento de medicamentos y comercialización de los mismos con firmas farmacéuticas), y ahora se teme que pueda ocurrir algo similar con las compras millonarias de dosis de la vacuna, que se compren donde se compren, y que por decreto legislativo deberá ser administrada a los hondureños en general en forma gratuita.
No se entiende cuál es la prisa en invertir dinero en esta vacuna cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció la semana pasada que Bolivia, varios países de las islas caribeñas, Honduras, Haití y El Salvador recibirían la vacuna en forma gratuita por ser los más pobres del mundo.
Aun no se sabe con las vacunas en funcionamiento, una china que no se sabe ni el nombre, la Sputnik V de Rusia, la AZD 1222 de Oxford, Inglaterra o la de Pfizer de los Estados Unidos de América, si la duración de la misma en el cuerpo humano es permanente o temporal, en la producción de anticuerpos del virus SARS COV-2 que genera la enfermedad conocida como COVID-19.
Habrá que esperar que esta pandemia no siga generando más corrupción y que el pueblo hondureño –digno de mejor suerte– reciba lo mejor que hay en el mercado, para la inmunización contra el SARS COV-2 y que pase mucho tiempo en el mundo entero para que se produzca otra pandemia que seguramente será más letal y sofisticada, que esta que diezma la población mundial a diario y que aún no se sabe si podrá ser erradicada de la faz de la tierra como otras enfermedades pandémicas, o se volverá endémica como el dengue, al que nuestras autoridades de salud no le ponen atención, cuando es más fácil de combatir que el coronavirus, eliminando criaderos y adultos mediante fumigación del insecto denominado Aedes Aegypti.