¡El pecado de Adán por amor!

Por: Lic. Gustavo Adolfo Milla Bermúdez
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Todos somos pecadores y no podemos creer, y nos provoca hasta una sonrisa, pero es verdad. Todos hemos errado el blanco señalado por Dios.

No es únicamente Adán el que erró al blanco. Cada uno de nosotros ha errado personalmente. Hemos mentido. Hemos invocado el nombre de Dios en vano. Al condicionar los diez mandamientos, reconocemos instantáneamente que somos culpables.

Nadie nos obligó a mentir. Nadie nos obligó a robar. Nadie nos indujo a engañar. Pecamos por nuestra propia voluntad. “Pecamos a causa de nuestra naturaleza pecaminosa”. Echándoles a otros nuestra culpa. ¡Espere un minuto! ¿Tenía Adán naturaleza pecaminosa cuando pecó en el Jardín del Edén? Vivía en un medio ambiente perfecto. Había heredado una naturaleza perfecta. La verdad es que por propia y libre voluntad Adán eligió desobedecer a Dios. ¿Pero quién le dio la fruta prohibida a Adán? ¿Fue Eva?, pero Adán prefirió quedar callado por el amor que le tenía a Eva. Adán tuvo que pagar los platos rotos.

No podemos culpar a Adán por nuestros pecados. No podemos decir: “El diablo me obligó a hacerlo”.

Para eliminar el complejo de culpa y que podamos disfrutar de paz y gozo, es necesario reconocer contra quién hemos pecado. Y es contra Dios que hemos pecado.

Dios nos ama de tal manera que envió a su hijo a vivir en este planeta y a identificarse con la humanidad. Dios mismo tomó la forma física de un ser humano. Vino con un solo propósito. Dijo: “yo he venido para que tengan vida (vida espiritual), y para que la tengan en abundancia”.

Yo creo que la gente es extraña. No puedo entenderla porque es un ser humano lleno de pecados.

Yo tenía una novia que parecía quererme. Le di mi corazón, pero ella me lo destrozó. Nunca pude perdonarla por su engaño, pero el tiempo pasa y deja las heridas que son las huellas del amor.

Dios hizo un mundo bello para el hombre. Le dio belleza, luz y vida. Le dio todo lo que tenía, y le dio su hijo, y el mundo lo crucificó.

Por eso para mí la gente es extraña, no puedo entenderla. Pero Dios nos sigue amando.

El amor con fe es profundo, muy fuerte y nadie puede vencerlo. Los sentimientos de amor son los más bellos y sublimes que puede vivir un hombre y una la mujer.

Esta es la historia de un gran amor. Hubo un Rey de Inglaterra que abdicó a su corona por una mujer “divorciada”, ¿será tan poderoso el amor, que no importa el imperio de la corona de un rey, por el amor a una mujer? Tiene tanto poder el “amor”, como “virus en el corazón”, que mueve al hombre de pasión desesperadamente.

El amor cuando nace en el corazón es una llama de fuego, por eso Adán se quedó callado, y no le dijo a Dios que Eva le dio la fruta prohibida, porque él la amaba con todo su “amor”. Así es el amor, es fuego y no hay agua en el mar que pueda apagar esa hoguera, que quema las fibras donde nace el “amor”, el corazón”.

Adán prefirió ir al bosque a trabajar por el pan de cada día, con el sudor de su frente, como mandato de Dios. Pero Adán se quedó con su amor “Eva”, y fue feliz en el “Jardín del Edén”.

¡Adán, amigo-hermano, cuídate de la fruta prohibida, porque es demasiado dulce como “la miel”, empalaga el ¡corazón!

Yo tengo un gran amigo-hermano, que su padre y su tío, siempre me tendieron la mano, y sus palabras llenas de sabiduría, de principios morales y éticos, hoy las recuerdo con mucho amor, lealtad y respeto, en el más allá del horizonte. A don Horacio y don Felipe Elvir Rojas (Q.D.D.G.). Siempre recuerdo que me decían: Empuña en tu mano la pluma y defiende la libertad de los hombres, y por tu patria la vida, y con tus sueños, más allá de tu destino.

“¡Siempre vivirán en mi corazón!”.