El fascinante mundo de la fotografía

Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio “Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina”

En Honduras y particularmente en Tegucigalpa desde finales del siglo antepasado (1800) la fotografía se convirtió en una de las atracciones más fascinantes de la población y es que, aquellos primeros fotógrafos con tan maravilloso descubrimiento hacían del mismo -micos y pericos-, de tal forma que las imágenes aparecían extraordinariamente captadas desde diferentes ángulos y posturas a cuál más artísticas. Ha sido tan importante la fotografía en el desarrollo humano, que la misma se ha convertido en el más fiel testimonio de los avances técnicos y artísticos con que el hombre registra gran parte de su historia.

En el presente trabajo vamos a referirnos hasta donde nuestra capacidad nos permita, a la presencia de los primeros fotógrafos, por lo menos en Tegucigalpa, donde aparece don Nicolás Urquieta, posiblemente de origen mexicano, como el primer fotógrafo profesional de finales de 1800 y comienzos del siglo XX; sin embargo, antes de penetrar en la parte toral de la entrega de hoy, revisemos ese auxiliar tan valioso para las nuevas generaciones de escritores e historiadores que se llama Internet y veamos lo que sobre este apasionante tema nos refiere, para el caso la enciclopedia Wikipedia.

“En el año 1824, el científico francés Nicéphore Niépce obtuvo las primeras imágenes fotográficas, inéditas. La fotografía más antigua que se conserva es una reproducción de la imagen conocida como Vista de la ventana en Le Gras, obtenida en 1826 con la utilización de una cámara oscura y una placa de peltre cubierta en betún.

“En 1827, Niépce entró en contacto con Daguerre, que se interesó por su invento e insistió en un acuerdo de trabajo para que le revelara su procedimiento. Logró firmar el acuerdo con Niépce poco antes de su muerte en 1833. Desde entonces, Daguerre continuó sus experimentos, regresando al uso de las sales de plata que habían sido desestimadas por Niépce, y en 1839 hizo público, con apoyo del Estado francés y gran despliegue mediático, su proceso para la obtención de fotografías sobre una superficie de plata pulida, a la que denominó daguerrotipo…”.

“Casi al mismo tiempo, Hércules Florence, Hippolythe Bayard y William Fox Talbot desarrollaron otros métodos de manera independiente. El procedimiento creado por Fox Talbot obtenía negativos sobre un soporte de papel, y a partir de los negativos reproducía copias positivas, también en papel. Este procedimiento negativo-positivo de Talbot se llamó calotipo o talbotipo”.

Tampoco deben olvidarse las aportaciones de George Eastman y la casa Kodak, que permitieron concluir el camino hacia la instantánea fotográfica”.

Lo anterior es apenas un pequeño bosquejo del tema que nos ocupa, porque es en lo que concierne a Tegucigalpa lo que vamos a centrar nuestro comentario.

En efecto, según relatos de nuestros mayores, fue el señor Urquieta el primer fotógrafo conocido en la capital, sin descuidar que existen fotografías auténticas de personajes como Marco Aurelio Soto, Ramón Rosa, Juan Ramón Molina, Policarpo Bonilla, Terencio Sierra, Miguel Oquelí Bustillo, Manuel Bonilla, Rómulo Ernesto Durón y otros personajes importantes de aquella época, que se conservan en archivos, bibliotecas públicas y privadas.

Con la presencia además del señor Urquieta, de Ángel Gallardo p., de origen salvadoreño; Raúl Estrada Discua, Tomás Rodríguez, Amado Membreño, Juan Pablo Martel, Óscar Asfura, Ángel y Agustín Gallardo, Conrado Henríquez Flores, Fernando Cárdenas, Rubén Villeda Bermúdez, Raúl Gilberto Tróchez, Evaristo López, Cristóbal Ríos, Rolando Medina y en los periódicos de antaño Efraín Retana Bolaños (El Tico); Ángel (Lito) Herrera, Aulberto Salinas, Napoleón Martínez, Aquiles Andino y otros verdaderos maestros, que con sus lentes no solo han grabado la historia arquitectónica y personal de alguna gente, sino también los paisajes más excelsos e incluso, sorprendentes instantáneas de animales, árboles exóticos, mares, desiertos y hasta del sol, la luna y las estrellas.

Con el aparecimiento de la fotografía posiblemente, también, haya aparecido el cine, hasta llegar actualmente a la televisión. Empero, nosotros logramos admirar en los mercados citadinos unas cámaras fotográficas, cuyos conductores escondían su rostro y su cabello en una caja de madera cubierta por un telón negro, con rústicas fotografías de corta duración.

Aquí no podemos descartar por nada del mundo, la presencia de otros hombres y mujeres que en su afán investigativo han ido coronando su vida de éxitos con el aparecimiento de esas otras cámaras que se utilizan no solo para filmar personas y objetos en vivo, directo y a todo color para estamparlas en el séptimo arte, sino también, esos camarógrafos que hoy utilizan su talento para exponernos bellísimas imágenes en la cámara chica de la televisión, pero que, lamentablemente, por razones ignoradas sus nombres pasan casi por el anonimato, a no ser de maestros como, Agustín Lagos, Roberto Budde, Froylán Gua-Lung, Evans Rivera Lizardo y uno que otro que por su antigüedad, desde 1959 cuando aparece la televisión en Honduras iniciaron esta nueva profesión, realizando estudios en México y Estados Unidos para perfeccionarla.

La radiología también es parte de este asunto y para enriquecer mucho más este trabajo, tendríamos que irnos a otras regiones del país como la costa norte y sus enormes fincas, comisariatos, barcos y ferrocarriles que también quedaron estampados para la historia.