Por: Jairo Núñez
Para el año 2024 la industria del cine sufrirá un enorme cambio: cada película, para poder optar al renombrado premio Óscar, debe, así como se lee, debe cumplir con cuotas de diversidad. ¿Qué significa esto? Sencillamente que las películas que salgan en 2024 y que deseen competir por el Óscar a la mejor producción en 2025, deberá de contar con las siguientes “condiciones”: por lo menos un protagonista que no sea blanco, mínimo un 30% de personajes secundarios mujeres, minorías, miembros de las dece-nas de colectivos que han surgido, discapacitados o que “sencilla-mente” el tema principal trate sobre uno de estos grupos antes mencionados.
Pero, ¿qué es esto? ¿Acaso se está imponiendo una manera de pensar, de actuar, de escribir guiones, de matar la creatividad limitándola con reglas y “cuotas de participación”? ¿Qué pasará con películas que sencillamente no cuenten con esta nueva cuota de “diversidad e inclusión”? No podrán ni siquiera postularse al premio. La academia de cine de Hollywood es una más de las in-dustrias que se está dejando llevar por un globalismo salvaje, por la censura de lo “políticamente correcto”. Sin embargo, no es la única. Hay otra industria que preocupa por igual: la literaria. ¿Por qué importan estas dos industrias? Porque deciden qué se ve y qué se lee, “solo por eso”.
A inicio de 2019, una noticia causó un enorme impacto en la in-dustria literaria. Diversos medios españoles e internacionales reportaban cómo una escuela pública de Barcelona retiraba de su biblioteca alrededor de 200 libros, en su mayoría cuentos infanti-les clásicos, entre ellos Caperucita Roja y la Bella Durmiente por tildarlos de “sexistas, tóxicos y fomentar la violencia” bajo un plan globalista denominado: Proyecto Biblioteca y Género. Y es que ni los libros se salvan de esta mal llamada ideología de género. A esta escuela de Barcelona se han sumado cientos de instituciones en todo el mundo realizando el mismo acto, incluso quemando estos cuentos, ahora etiquetados de machistas y homofóbicos. Muchos de nosotros crecimos con estos textos clásicos, ¿se verán limita-dos nuestros hijos y nietos a no poder leer estos cuentos? ¿A qué hemos llegado? ¿A qué llegaremos?
A esto llegamos: ¿sabían por ejemplo que ya varias editoriales cuentan con una nueva figura llamada “lector de sensibilidad”? Los sensitivity readers, son la maravillosa y brillante respuesta que los globalistas promotores de la ideología de género están esta-bleciendo, como una moda que está para quedarse, en las casas editoriales. En palabras de los defensores de esta figura, que es una persona, se dice que “un lector de sensibilidad detecta los problemas de representación o prejuicios en un manuscrito”. Naturalmente que, si los detecta, devuelve la obra para que sea “corregida”. Imaginémonos a un lector de sensibilidad criticando una obra de Shakespeare en la actualidad: “William, ¿por qué no hay diversidad en tu obra? ¡Eres un homofóbico, tóxico y macho agresor! Corrige o lleva tu obra a otra editorial”. Es lo que se está haciendo, llevando a juicio textos del pasado y aplicándoles “es-tándares morales actuales”. Totalmente lamentable.
Queda claro que, si bien es cierto, muchas minorías han sido his-tóricamente ignoradas, afectadas e incluso maltratadas y que su reclamo es legítimo, no da el derecho a imponer sus gustos y pre-ferencias en la sociedad. Muchas de estas minorías han reclamado tolerancia y lastimosamente se han convertido en las más intole-rantes con aquellos que no comulgan con sus ideas cuando logran sus objetivos. Es algo así como el típico político que solamente visita los sectores más pobres y desposeídos en tiempos de cam-paña y que cuando gana, se olvida completamente de las prome-sas que hizo, algo así. Otro problema que presenta el contar con estos lectores de sensibilidad es el desconocimiento del tema. A este no le interesa ser un conocedor, solo está para que lo que se escriba no llegue a “ofender” a ciertos grupos. Porque claro, la sensibilidad está a flor de piel y esto lo saben aprovechar muy bien estos promotores.
Los lectores de sensibilidad representan un nuevo actor del muy bien preparado escenario de la censura. Esto no es inclusión. Inclusión es respeto, es diseñar edificios y vehículos pensando en los discapacitados, es velar constantemente por una educación integradora para aquellos niños con retos especiales, por una sociedad más unida y a su vez comprensiva de las diferencias que gozamos como individuos que la componemos. Esperamos que esta moda, así como muchas otras, no llegue a nuestra sociedad, porque de lo contrario solamente quedarán dos opciones: adap-tarse al nuevo guion con sus reglas o seguir siendo creativos sin que limiten la libertad de expresión. Elija. Yo prefiero la segunda.