“El enemigo del pueblo”

Por: Juan Ramón Martínez

El artículo anterior, ha provocado reacciones. Los más afectados por las debilidades culturales provocadas por el desplome del modelo educativo –más informativo que forjador de carácter–, ha reaccionado negativamente. No ven los peligros que están en el camino que, atravesarán las nuevas generaciones. Los más ilustrados no aceptan, que involucionamos; caminando hacia abajo, en dirección al abismo. No ven el deterioro de las instituciones, la privatización de los partidos, el crecimiento del clientelismo, la consolidación del paternalismo estatal y el caudillismo que, otra vez, usa el sombrero ganadero, los burros de los capataces. Son pocos los que coinciden, sobre la necesidad de reflexionar y volver los ojos hacia los últimos 50 años, para repetir lo que hicimos bien y evitar los errores. Y, menos, los que aceptan que, no hemos podido sembrar la democracia en la cultura, desarrollar un modelo económico creador de riqueza y empleo para reducir la pobreza, y crear una población que, con la vista levantada, vea el futuro y busque salidas a la crisis que vivimos. Las masas, maltratadas en lo físico y dañadas en lo mental, como niños de once años, atrapados en la conciencia mágica, sostienen que solo su “padre” –el gobierno, los Estados Unidos, Venezuela, China, Rusia, los caudillos– tiene la razón. Y que los que pensamos de manera diferente, somos “enemigos del pueblo”. En las redes sociales, quienes no nos conocen, me atribuyen tal calificativo que, no merezco. Aunque García Márquez decía que escribía para que sus “amigos lo quisieran más”, no lo hago con tal fin. No busco aplausos –que cuando los recibo, gozo enormemente– ni erigirme en el pensador de la época, con seguidores que, a mi muerte erigirán estatuas a mi memoria. Sé que la muerte es olvido. Y que, algunos de mis enemigos –que no los considero tales– aprovecharán mi indefensión, para acusarme de golpista, que no he sido; y de no haber aceptado que, los ganaderos y los descendientes de los encomenderos, sigan dirigiendo a Honduras. No temo al olvido; ni a las imprecaciones de los expertos en, dispararles a los cadáveres.

Escribo para cumplir responsabilidades, sin miedo a la diatriba. Para derrotar la conciencia infantil que nos agobia; forjar un pensamiento crítico y hacer esfuerzos para impulsar las reformas que necesitamos. Reformas necesarias, para evitar las crisis que han sufrido otras sociedades o correr el riesgo, anunciado por Harari que, anticipa que en el 2050, Honduras desaparecerá como nación. No engullida por los huracanes, sino que destruida por sus habitantes. En los últimos 75 años, solo los demócrata-cristianos presentamos, una propuesta de reformas. Los marxistas, nos acusaron de reformistas y pseudo revolucionarios. Pero ellos, –como nosotros; pero por otras razones– fracasaron en el esfuerzo por cambiar al país, así como le ocurriera a los más “puros” que, se nuclearon alrededor del PINU, en el sueño de una “nueva Honduras”.

Pero no solo nosotros hemos fracasado. No es un consuelo; pero vale la pena analizar lo que otros han hecho. Un lector, me ha escrito un mensaje que creo, es útil compartir. “Me ha calado profundo su artículo”, me escribe Carlos Alvarenga. “Somos de dos épocas diferentes (tengo 51 años), pero la conclusión es la misma. Soy salvadoreño naturalizado hondureño. Desde los 80 me interesé por las causas de nuestro atraso. Viví la guerra civil salvadoreña (1979-1992). Llegaron los acuerdos de paz, pero no mejoró mucho la situación, y si lo hizo, fue por poco tiempo. Luego llegó el estancamiento, y finalmente el inicio de una caída libre. Desde hace 13 años vivo en Tegucigalpa. Ahora, en Q’hubo TV, los viernes a las 1:00 p.m., tengo un programa de análisis de la realidad hondureña… La conclusión es la misma. Acá en Honduras, allá en El Salvador, en Nicaragua o Guatemala: ¡la regamos! No hay luz al final del túnel. Fracasamos. Nunca pudo madurar nuestra democracia, los partidos fueron un fiasco, –roban más que las dictaduras militares–, pero sin hacer las obras que aquellos erigieron, y ahora, lo peor, las maras y los narcos dominan. Son un factor ineludible, llegaron para quedarse. No era la Centroamérica que yo soñaba, la que quería después de tantos conflictos. Saludos y a seguir arando en el mar”.

Algo queda. ¿Hay futuro? ¿Sobrevivirá Honduras?