Preparando el nacimiento/espera activa

Por: Álvaro Sarmiento
Especialista Internacional en Comercio y Aduanas

Espero que el lector pueda hacer un esfuerzo, al menos temporal para tratar de olvidar la pandemia, los problemas económicos y los etcéteras del día a día. LA TRIBUNA también nos ayuda a trascender sobre lo diario.

Seguramente usted, tendrá la experiencia propia o ajena de haber seguido con cierta cercanía la especial espera de los nueve meses de un embarazo. En nuestro caso, tuvimos con mi esposa la grata espera ocho veces, aunque uno, cercano a estas fechas no pudo ver la luz del día. Se utiliza el verbo “esperar”, y durante esa época, con las limitaciones o abundancias propias de cada momento, se adquiere una cuna, la ropita, pañales, y muchos etcéteras. Se prepara con inmensa ilusión un lugar para él o la tiern@.

En estas fechas se inicia el tiempo litúrgico del Adviento, donde la iglesia inicia un nuevo año, precisamente preparando durante cuatro semanas, la Natividad del Señor. Digamos que un embarazo de cuatro semanas.

Recientemente se han publicado, algunas ideas de monseñor Fernando Ocáriz -fruto de su reflexión y trato directo con Dios-, que seguramente pueden ayudar a que no nos agarre la Navidad de sorpresa, sin nacatamales, ponche y regalos para los seres queridos.

Dice don Fernando, “tenemos que ir preparándonos, precisamente, para recibir -con la novedad que la Navidad nos propone de nuevo cada año- este don de Dios con un enorme agradecimiento” y podemos preguntarnos si vale la pena agradecerle el 2020. ¡Claro que sí!, esta pandemia ha sacado en buena medida, lo mejor de tantas y tantos, nuestros héroes de blanco que como mi primo el doctor Manuel Sarmiento, han demostrado heroicidad y entrega sin límites dando su propia vida. ¡Gracias personal médico! “También sabemos bien que la liturgia del Adviento hace referencia a esa segunda venida del Señor al final de los tiempos que, de alguna manera, se adelanta para cada persona con su propia muerte, con el final del paso por la tierra. Algo que no nos tiene que dar miedo, sino que nos tiene que hacer sentir también nuestra propia vida como una preparación, como un adviento: que va a venir el Señor a recogernos. Toda nuestra existencia es, de algún modo, un tiempo de espera hasta ese día en el que Jesús vendrá para llevarnos junto a sí”. Este mensaje parece contradictorio con la alegría navideña, pero nada de eso, este Niño tan tierno, vendrá en algún momento a lanzarnos sus bracitos para que le acompañemos a la vida eterna.

Don Fernando, rápido llega a temas prácticos “un tiempo de espera activa. Nuestro caminar hacia Belén tiene que ser un buscar a Jesús en todas las dimensiones de nuestra vida ordinaria. Pero para eso hay que “enderezar sus sendas”. ¿Qué significa “enderezar sus sendas”? Significa, para nosotros, quitar obstáculos a la venida del Señor a nosotros, a nuestras almas, a nuestra vida”. Pensemos en el esfuerzo de tantos para quitar piedras y obstáculos de los caminos golpeados por los pasados huracanes, para que puedan llegar las ambulancias, los camiones con ayuda. ¿Qué telarañas o suciedad debemos quitar de nuestro ser para que el próximo 24, el Niño tenga un buen lugar para nacer? Continúa monseñor Ocáriz “por eso, ver nuestras limitaciones, nuestros límites, no nos tiene que desalentar. Nos tiene que dar, de alguna manera, alegría, no porque sean límites, sino porque son una luz que nos permite mejorar, que nos permite abrirnos más al don de Dios”.

Este día 12, fiesta de la Guadalupana, recuerdo especialmente a monseñor, Javier Echevarría, fecha de su tránsito al cielo, un enamorado de ese Niño que pronto nacerá y gran maestro del trato con Él. Un abrazo hasta el cielo querido padre, cómo nos hacen falta sus tarjetas navideñas.

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