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Óscar Lanza Rosales
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El mal manejo de los riesgos ambientales. Después de los destrozos de los huracanes Eta e Iota, me he puesto a ver los más importantes telenoticieros de la mañana, por donde han desfilado los principales actores que deberían velar en forma permanente por la protección del ambiente hondureño.
La mayoría de ellos, han llegado a esos programas a crear castillos en el aire, después de haberse mantenido en silencio desde que pasó el Mitch en 1998. Como dice el dicho popular “después del trueno, Jesús María”.
De donde se concluye, que nuestros científicos y profesionales vinculados al ambiente han salido a dar soluciones hasta que estamos con el agua al cuello.
Los primeros que desfilaron fueron los empresarios del norte, lamentándose que desde el gobierno de Ricardo Maduro, en que se realizó un buen trabajo, en el mantenimiento a los bordes de las riberas de los ríos, Ulúa y Chamelecón, y que se construyó el canal Maya y otros canales de alivio, no se ha vuelto a hacer nada en esas tareas.
Denunciaron a los políticos del Valle de Sula, que descuidaron el ambiente, y a los alcaldes por permitir el cultivo de palma africana en los bordes de los ríos y canales. Lo mismo que el desmantelamiento de las estaciones meteorológicas para captar información, incluyendo 60 de El Cajón y con personal poco entrenado para manejarlas.
En otro programa, creo que fue el director del postgrado de Gestión de Riesgos, del Instituto de Ciencias de la Tierra, de la UNAH, que comenzó hablar de una agenda de riesgos, e invitando a los oyentes a un cambio de actitudes y a trabajar unidos con enfoque territorial, aplicando las leyes que al respecto existen en el país. Respondió a esta intervención, la doctora Mayra Falk -presidente de Banhprovi- que dio a entender que ya bastaba de hablar conceptos teóricos, recomendando a esos expertos de la UNAH, que hay que llevar ese conocimiento al campo, a la agricultura de laderas, como ella lo hacía cuando estaba en la Escuela Agrícola de El Zamorano.
Los ingenieros forestales también tuvieron su presentación en Frente a Frente. Se congratularon de ser egresados de la Universidad Nacional de Ciencias Forestales, el primer centro en esa especialidad en América Latina, y donde se forman, la mayoría de los profesionales de Honduras y la región. Uno de los panelistas y también forestal fue el director del Instituto de Conservación Forestal con rango de ministro, una institución, que para lo único que sirve es para llevar las estadísticas de los incendios forestales. Ellos hablaron del trinomio bosque, agua y suelo. Del balance hídrico. Del mejoramiento de suelos para cultivar el bosque y otros temas teóricos. Pero la gran contradicción de los forestales, es que con ellos ha aumentado la deforestación, han sido incapaces de ordenar el bosque al estilo Finlandia, y los incendios forestales se han multiplicado. Vivíamos mejor cuando los campesinos se ocupaban de estas tareas y no ahora que los protagonistas son los ingenieros forestales, cuya contribución al desarrollo del país, no se ve, ni en forma individual, ni como gremio. Ellos son los que autorizan ahora la tala del bosque.
Con relación a la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), según expertos entrevistados por el periodista Raúl Valladares, hay que tecnificar esa institución -que está politizada- y dar estabilidad a los expertos, pues sus técnicos se cuentan con la mano. No tiene un brazo técnico y lo más crítico es que todos están en Tegucigalpa. Es un organismo que reacciona a los fenómenos, pero que no actúa con la alerta temprana, como sucedió con Eta. Debe tener sus propios sistemas meteorológicos, y no depender de los centros de investigación de Miami o Nicaragua.
En 1998, para enfrentar la fase de emergencia generada por el huracán Mitch, también el Plan Maestro de Reconstrucción y Transformación Nacional señaló que Copeco carecía de recursos humanos calificados y de la capacidad administrativa, gerencial y de la logística necesaria para cumplir con su mandato legal, que provocó en aquel entonces, serias y graves deficiencias en su capacidad de coordinación. ¡Y ahora con un reguetonero al frente!
En el próximo artículo, continuaré con estas reflexiones y conclusiones, y el papel que deben jugar los distintos actores vinculados al ambiente para que estas enormes tragedias de los huracanes, no nos vuelvan a pasar, porque tenemos que minimizar en el futuro, los daños humanos y materiales con acciones inteligentes. A los actores, que tomen mis apreciaciones como una crítica sana y constructiva, para que rectifiquemos todos sin excepción.
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