Los peligros mayores

Los peligros mayores. Juan Ramon Martínez

Muchos respiran tranquilos porque terminó la temporada de huracanes. No son pocos los golosos que aprovechan para consolidar sus intereses, y darle mayor firmeza a un modelo de concentración del poder, cuya mayor “virtud”, es su capacidad para fortalecer el autoritarismo. Pocos han leído a Orwell y no conocen la “Rebelión en la Granja” y menos “1984”, donde se anticipa el desarrollo cancerígeno del totalitarismo. Y, son menos los políticos que, participando en la política, la diferencian como actividad de servicio, del simple espectáculo, en donde ellos son “estrellas” que juegan en un “estadio”; y no se sienten representantes de la voluntad e intereses populares. Con una memoria infantil, poco entienden los peligros de la desfiguración de la democracia, la privatización de los partidos, la pobreza creciente y la negación de la soberanía popular, para dirigir sus propios destinos.

Por ello, no se dan cuenta que, desde la generación de Villeda Morales, Óscar Flores, Andrés Alvarado Puerto y Modesto Rodas Alvarado, ninguna otra ha efectuado auténticas reformas políticas, culturales y económicas. Fuera de las reformas del Código Penal y del Código de Procedimientos Penales, hemos involucionado. Lo que ha consolidado al caudillismo “cariísta”, la dependencia, el familismo y la falsa superioridad imperial del gobierno. Que engaña, compra y disimula para lograr sus fines, abandonando sus obligaciones con el bien común.

En vez de avanzar hacia la soberanía popular, lo que hemos hecho –porque los que no han sido autores, hemos sido cómplices– es crear otra vez, una trama en la que, las personas se han reducido a números; y, como en los cincuenta del siglo pasado que, se compraban votos con un nacatamal y un octavo de guaro, ahora tenemos un clientelismo mayor, en el que compran más votos, quienes tienen más accesos a los bienes públicos. No solo quieren meter a todo el mundo a la cárcel como fórmula de engaño, para que nos descuidemos de la salud del sistema democrático. Algunos ejemplos valen la pena, no para creer que con artículos o con poemas, cambiaremos la fuerza y dirección del autoritarismo, sino en esperanza que, alguna nueva generación, como la de Villeda Morales, cambie el rumbo que seguimos. Y que, el pueblo descubra que, algo malo se cuece en contra de sus intereses, sin saber quiénes son sus enemigos. Porque los electores han perdido el derecho a determinar cuáles son sus intereses y la forma de defenderlos.

El primer ejemplo, es la Ley Electoral. Al compararla con las del pasado, se nota que, en vez de consolidarse el poder del ciudadano, la autoridad del municipio y el liderazgo departamental, consolida a los dueños de los partidos, por medio de los movimientos internos. Inconstitucionales y antidemocráticos, escogen de dedo a los candidatos. El voto entonces, con una autoridad electoral, política, en donde triplicamos costos, porque no confían entre ellos, representa a los dueños de los partidos e instrumentaliza a las personas.

Los votos, no se cuentan en las mesas electorales; ni se suman en los municipios y en los departamentos, sino que, en Tegucigalpa, en donde los políticos se reparten los cargos, intercambiando diputaciones, como es de conocimiento general. Los movimientos internos, aberraciones legales, sirven para que los dueños de los partidos controlen a los candidatos. Sin pensar en figuras escogidas por el pueblo, sino en estrellas de fútbol, mujeres bonitas o simples figuras, infladas por los medios de comunicación social.

El segundo ejemplo es la tendencia de grupos a retener el poder que han llegado a ocupar. No lo quieren soltar. En el Partido Nacional, el “orlandismo” busca al más inocente para, como Carías con Gálvez, seguir gobernando tras bambalinas. En Libre, tradicional como los otros, los miembros de la familia Zelaya Castro, son los que imponen los candidatos, porque los movimientos, son comparsas de un propietario de una hacienda que, nombra los capataces, ordeñadores, los jinetes y los marcadores de las reses. Solo en el Partido Liberal, hay una limitada competencia, aunque la mosca en la leche, sea Luis Zelaya que, quiere construir allí, una hacienda particular, sin contar con los verdaderos dueños de ese partido.

Estoy desilusionado. No lo niego. Tengo dudas sobre el futuro. Y poca fe en la capacidad de los políticos para, imaginarse obedientes representantes populares. Siento, en fin, que caminamos hacia el precipicio. Como sonámbulos.

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