Cerré los ojos e imaginé un mundo sin arte… paseé por mi casa y eliminé los dibujos de las toallas en mi baño, los azulejos los pinté de gris y deseché sus diseños; en los pisos, anulé las alfombras que los engalanan, quité todos los cuadros y adornos que representaran la creatividad de alguien, apagué los equipos de sonido y la televisión, pues la música y actuación son talentos artísticos que se manifiestan en estos medios.
Sustituí mis muebles y comedor por piezas rústicas de madera y cemento que solo me proporcionaran utilidad para sentarme y comer… observé las cortinas, y tuve que quitarlas también y colgar, no sé, algún trozo de tela sin color o algún saco para papas quizá… luego vi mi ropa y zapatos… ese fue un lío, tuve que vestirme con telas sin diseños y usar trozos de cuero burdo en mis pies, algo que apenas me diera funcionalidad. De las lámparas, ni les cuento, todas las tuve que bajar y dejar apenas los focos para alumbrar la casa. Todos mis collares y accesorios salieron corriendo ante este ejercicio mental, ¿el maquillaje?
¿Qué hago con él? Después de pensarlo un poco, también desapareció, pues el maquillarse requiere de un poco de creatividad y arte, entonces, no tendría razón de ser. En mi caso particular, mi estudio se esfumó en un segundo, allí solo hay cosas para crear, así que no tendrían razón de existir. Casi desmantelo toda mi casa. Al salir de ella, la vi, y también cambié su estructura a algo puramente funcional; los balcones no tenían que tener diseños, unas rejas serían más apropiadas. Salí a dar un paseo y quité todo el arte que pude a fachadas, anuncios, carteles, etc., que encontré por la calle; fue tarea bastante difícil.
En el automóvil, solo pude escuchar noticias, y anulé toda canción que se colara en lo justamente necesario para percibir. Me dio hambre. Entré a una pastelería y tuve que salir corriendo ¡los diseños y mezclas de colores eran demasiado trabajo para anular! Así que fui a un restaurante y me asaltó una duda: ¿es la buena cocina un arte? ¿se ocupa creatividad para cocinar? Así que, ante la duda, mejor me fui del lugar porque la mente estaba demasiado confundida. Observé a los transeúntes y tuve que volver a vestirlos a todos; quité los diseños en sus ropas, zapatos, lentes, accesorios, etc. Observé el estacionamiento y descarté de los automóviles sus diseños característicos, los pinté de un solo color y los clasifiqué en solo dos grupos funcionales: de trabajo y de transporte.
¡Nunca imaginé lo difícil que es despojar al mundo del pensamiento y diseño artístico! Me fui a un centro comercial y me abrumó la cantidad de negocios que tendría simplemente que cerrar, empezando por los cines, ¡era demasiado arte en un solo lugar!
La verdad, no pude más y decidí irme a un lugar aislado y llevar allí algún alimento natural que no ocupara de empaque ni nada por el estilo porque me generaría el trabajo de “anulación artística” de nuevo. Me transporté mentalmente a una montaña, saqué una sencilla y funcional bolsa en donde llevaba algunas frutas y agua y me senté finalmente a comer (recuerden que hace rato tenía hambre) y cuando vi lo que llevaba a mi boca, descubrí que era una manzana con un diseño finamente terminado, con un color rojo intenso y llamativo, inmediatamente observé las otras frutas y noté que no tenían todas el mismo color, forma, tamaño y mucho menos sabor, entonces reconocí que fueron diseñadas también… levanté la mirada y vi un cielo azul intenso, árboles de diferentes tamaños y formas, escuché distintos cantos de aves, vi flores a cual más elaboradas, ¡tanta belleza y creatividad me asustó! Y si ya estaba cansada de anular el arte en la creación humana, medité en lo agotador que sería hacerlo en la de Dios… vi entonces mis manos, observé mi cabello, tarareé una canción y me di cuenta de que todo es arte… no se puede vivir sin él y mucho menos ser feliz sin apreciarlo.
Abrí mis ojos, y agradecí a Dios por los colores, formas, tamaños, sonidos, texturas y en fin, todo lo que nos permite crear, también lo hice por la vista, olfato, tacto, oído y gusto; sentidos que nos permiten percibir lo creado. Estoy tan contenta con el Señor porque nos hizo participes de su esencia creadora y además nos dio la capacidad de apreciar todo lo bello que hay en la vida… aunque a veces tenemos los ojos cerrados…