Por: Carlos López Contreras
Tony Blair y la minería hondureña. Cuando el ex primer ministro británico Tony Blair, en septiembre del 2002, presentó en Johannesburgo, Sudáfrica, en el marco de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible, la iniciativa de transparencia en la industria extractiva, probablemente nunca se le ocurrió que Honduras se adheriría a ella en el 2012, porque inicialmente la propuesta proponía combatir la corrupción en países exportadores de petróleo, donde se defraudaban a los pueblos decenas de miles de millones de dólares. Hoy en día la iniciativa está más al servicio de la transparencia.
Lo curioso en Honduras es que su actividad extractiva legal no representa ni el 1% del Producto Interno Bruto; solo existe en 5 de los 298 municipios, con unas 261 mil hectáreas concesionadas, de las cuales ni el 10% son explotadas; la inversión extranjera directa representa unos 2 a 4 millones de dólares anuales; en tributos supone unos 13 millones de dólares anuales y, laboralmente, ocupa entre 2 y 4 mil empleos directos y unos 5 mil indirectos.
Los principales productos de exportación son oro, plata, zinc, plomo y óxido de hierro. En Honduras no hay explotación de petróleo o gas, y la concesión de exploración está suspendida hace unos 3 años, debido a la caída de los precios.
La iniciativa EITI no es una organización intergubernamental, es más bien una asociación internacional que reúne a los tres sectores implicados en la actividad extractiva: gobiernos, sector privado y sociedad civil.
En Honduras existe el Consejo EITI desde 2013, habiendo ingresado a dicha organización conforme al estándar 2013, cuya finalidad fundamental, como la concibió Tony Blair, era la de comparar los pagos que hacen las empresas a los gobiernos, central y municipales, con lo que estos reciben y verificar mediante la conciliación que no había defraudación. Ese estándar ha sido modificado varias veces y ha hecho que países como Honduras, paguen 50 mil dólares anuales para presentar un informe de conciliación.
En Honduras, con la poca actividad de la minería legal existente y la militancia ambientalista por declarar a Honduras “territorio libre de minas”, impugnando y logrando la declaratoria de inconstitucionalidad de ciertas disposiciones de la Ley de Minería, en 2 oportunidades, ha quedado el país en un limbo jurídico, poco atractivo para la inversión.
Con todo lo anterior, durante el Consejo Global de EITI celebrado en Lima, Perú, en 2016, el Secretariado Internacional circuló un documento en el que destacaba que “El Instituto hondureño de Geología y Minas ha hecho limpieza en el registro de licencias hasta convertirlo en un sistema que produce datos más claros, categorizados y completos”. También calificó la gestión del Consejo EITI Honduras, como de “progreso significativo”.
La idea de la transparencia en el sector es muy noble, pero resulta cara y compleja para Honduras, si se toma en cuenta el rigor que aplica EITI a los países que manejan una industria que representa entre el 70 y el 90 por ciento del Producto Interno Bruto. No es el caso de Honduras.
Creo que la iniciativa debería continuar funcionando en Honduras, si se define una política extractiva que contribuya al desarrollo del país, respetando la ley que protege a la persona humana, el ambiente y los derechos humanos. Pero también debe controlar la actividad extractiva fuera de la ley.
Recientemente EITI Internacional circuló un informe relativo a ciertos correctivos que le había pedido al Consejo que aclarara, con relación al último informe de Conciliación. El Consejo EITI Honduras lo hizo de manera exhaustiva. EITI felicitó al Consejo, pero a pesar de toda la información suministrada, criticó la participación de la sociedad civil en el Consejo.
Para conocimiento público, en el Consejo EITI en Honduras participa la sociedad civil organizada que desea hacerlo: actualmente están representados el COHEP, Federación de Organizaciones no Gubernamentales de Desarrollo de Honduras (FOPRIDEH), Foro Nacional de Convergencia (FONAC), Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Universidad José Cecilio del Valle, la Asociación Nacional de Minería Metálica, todas estas entidades con representantes altamente calificados, éticos y con riguroso sentido de responsabilidad. Todos participan a título honorario.
Infortunadamente EITI en su nuevo estandar se ha apartado de sus concepciones originarias y aborda temas totalmente ajenos a la industria extractiva, como por ejemplo si la sociedad civil es representativa o no en un país, si es eficiente o no. Quiere incursionar, además, en temas de género, pero dudo que vaya a intentar imponer que los mineros sean mitad hombres y mitad mujeres; EITI, por otra parte, manda a evaluar a técnicos nacionales de países que no participan en EITI.
En mi opinión, Honduras debe continuar con esta iniciativa de transparencia, dentro o fuera de EITI internacional. El Consejo Nacional es muy competente y bien podría manejar dignamente esa iniciativa en Honduras.
En definitiva, no es lo mismo un país que depende de la minería en un 80% que otro cuya significación no llega al 1%.
Con todo lo anterior, creo que el hecho de que hoy la industria extractiva sea de poca monta, no prejuzga que pueda volver a ser relevante en el futuro; que lo importante no es solo su significación económica, sino que también el constituir un filón desde donde se pueda proyectar la voluntad de transparencia del Estado de Honduras, manteniendo ordenada y estable su legislación, sus instituciones, el otorgamiento de licencias y concesiones; y como tenemos expectativas de explorar y explotar hidrocarburos un día, vale la pena anticiparnos en las buenas prácticas para prevenir el derroche, la corrupción y la dilapidación de la riqueza proveniente de los recursos naturales, dando oportunidad a un mayor beneficio colectivo, con respeto de la ley.
Las Sagradas Escrituras dicen que quien prende una lámpara, no es para ponerla debajo de una mesa: quien tiene riquezas, no las entierra y, si están bajo tierra, vale la pena extraerlas, con respeto de la ley, para beneficio del pueblo.
Hay que recordar, que la peor tragedia de un avaro, es morirse de hambre con tal de no gastar sus riquezas.
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