Por: Otto Martín Wolf
Otra vez con el asunto de los cohetillos. Todos los años por estas fechas de nuevo las autoridades municipales quieren convertir una tradición nacional en un acto de delincuencia.
También todos los años desperdician enormes recursos en tratar de quitarnos el único auténtico folklore popular que nos va quedando y que toda la gente disfruta.
La yuca con chicharrón desapareció ante la pizza y las hamburguesas, los juegos infantiles como trompos y “maules” no existen ya, solo videojuegos.
Está bien, los tiempos cambian, no se puede -ni debe- detener la influencia global.
Pero, de verdad, las autoridades no pueden encontrar algo más importante que hacer que andar persiguiendo a los que quemamos cohetillos?
Pregunta: Todo ese interés de eliminar los cohetillos, toda esa diligencia en una cosa realmente tan pequeña no deberían haberla empleado desde hace muchos años en un esfuerzo para evitar que toda el agua que nos cae en la temporada lluviosa -y que generalmente ocasiona desastres- se pierda?
Ahorita tenemos agua suficiente (demasiada) y también muchos túneles, pasos a desnivel y bastantes puentes, en un par de meses estaremos de nuevo viendo hacia las nubes y pidiendo a los dioses que llueva.
También en unos meses volveremos a ver los pasos a desnivel -que no han funcionado del todo- mientras seguimos haciendo enormes colas y nos preguntaremos de nuevo: No hubiera sido mejor en lugar de todo esto poner semáforos inteligentes y modernos -de los que miden el fluido en los diferentes sentidos y cambian en consecuencia- y construir la madre de todas las presas para abastecer a la capital de una vez por todas?
Cada Nochebuena y fin de año la capital, el país entero realiza una encuesta masiva sobre el deseo de que la tradición permanezca, miles, millones de cohetillos celebrando aquello que se pueda celebrar.
Claro, cuando a alguien le preguntan frente a las cámaras si está de acuerdo con los cohetillos automáticamente dice que NO!
Eso es lo “políticamente correcto”, pero es una farsa, porque ese mismo día estará comprándolos para quemarlos con sus hijos.
Quiénes queman cohetillos en esas fechas? Son los padres de familia, los maestros, barberos, médicos y toda la gente, es el pueblo, de todas las clases sociales.
No son delincuentes ni seres que vienen llegando de otro planeta para esas fechas.
Somos nosotros, la gran mayoría, disfrutando de esa tradición que nos enseñaron los mayores y que todos los años declaramos con grandes explosiones que queremos conservar.
La ironía del asunto es que está prohibido vender pólvora, pero algunas ciudades un poco más inteligentes otorgan permisos y nos vemos obligados a viajar para traer esa carga en el baúl del auto, con el peligro que eso conlleva.
O los compramos a la chiclera o a la señora con la canasta de frutas, debajo de las cuales están los cohetillos.
Cierto que hay niños quemados; pero también se ahogan en piscinas, pozas y playas, vamos a prohibir nadar? Cuántos niños se quiebran las piernas en patinetas o bicicletas, será que también vamos a prohibir subirse a los árboles a bajar mangos, pues se pueden caer y golpear?
Todas las actividades tienen su nivel de riesgo, pero no por eso prohibimos que se disfrute de ciertas cosas como hacer “canopy”.
Las motos producen al menos dos muertes diarias, quién sabe cuántos lisiados permanentemente y heridos, vamos a prohibir el uso del principal medio de transporte personal?
Claro, hay que regular y vigilar el uso de la pólvora, incluyendo sanciones contra los padres, cuyos hijos sean perjudicados por desinterés, pero la tradición debe mantenerse legalmente.
Ilegalmente el pueblo hondureño la ha conservado desde hace unos veinticinco años, cuando los primeros mojigatos empezaron a hablar en su contra.
Quisiera ver a alguien diciendo públicamente, “agua y cohetillos, los dos son indispensables para Honduras!”. Qué magnífica campaña sería!
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