LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS

PROTEGER LO NACIONAL

EN las vísperas de la inauguración del nuevo gobierno en los Estados Unidos tanto Honduras como Guatemala han solicitado una restitución del TPS que fue anulado en la presente administración. La mayor parte de los amparados por el TPS llevan años de vivir allá. En lo que concierne a los hondureños, la protección abarcó a quienes ya residían como indocumentados y optaron por inscribirse en el programa, como a los de entrada reciente que abandonaron el país damnificados por el bíblico diluvio. El destructivo siniestro natural deshizo groseramente la geografía nacional. Para aquellos días los hondureños no gozaban de amparo alguno. Eran las primeras víctimas de las deportaciones. Las autoridades norteamericanas argüían que los hondureños no sufrieron los efectos del conflicto armado en Centroamérica. Los dejaron fuera de las prerrogativas que dieron a salvadoreños, nicaragüenses y guatemaltecos, abarcados en la colita de una ley –aprobada en el contexto de la guerra fría– cuyo fin consistía en extender beneficios a los refugiados cubanos.

Prejuiciados que aquí no hubo conflicto armado como en Nicaragua, donde el sandinismo derrocó a la longeva dinastía somocista, ni guerrillas de izquierda que se tomaron prácticamente la mitad del territorio salvadoreño combatiendo contra el régimen, ni padeció los daños de una guerra civil como en Guatemala. A nuestros compatriotas, entonces, no les acreditaban razones atenuantes para abandonar su país. Cosa injusta. Ya que las crisis intestinas de los vecinos derramaron sus nocivas ramificaciones sobre el suelo patrio. Honduras acogió en aquellos días calientes unos 300 mil refugiados que huían de la violencia en las desgarradas naciones vecinas. Miles de hondureños que vivían en las zonas fronterizas fueron desarraigados de sus hogares y propiedades. La contra –auspiciada por el gobierno norteamericano como proyecto militar para tumbar el régimen marxista sandinista– se instaló a lo largo de toda la franja limítrofe sur. Igual, salvadoreños víctimas de la sangría provocada por sus cruentos enfrentamientos armados, se refugiaban en Honduras. Parecido a los guatemaltecos que escapaban de su calvario pretextando el masivo abuso de derechos humanos, inundando los departamentos occidentales y desplazando a los nacionales. Así que hubo suficiente motivo para la migración hondureña. Sin embargo las causas del éxodo no contaron con igual peso ante los ojos de congresistas norteamericanos.

Hasta que azotó el endemoniado huracán que desparramó el territorio; incomunicando comunidades enteras, como pedazos disgregados de un desarmado rompecabezas. El gobierno hondureño gestionó en Washington el estatus temporal y una moratoria a las deportaciones. La gracia, por asuntos humanitarios fue concedida. Con el agregado beneficio que las remesas familiares que para entonces no llegaban a los $300 millones, con la seguridad brindada a los compatriotas para permanecer allá y trabajar, hoy en día alcanzan los $ 5 mil millones anuales. Para no solo beneficiar un país sino cubrir la región, –pero aprovechando lo sucedido en Honduras– dieron el TPS a los demás centroamericanos y caribeños (También, como paquete, se gestionó la ampliación de los beneficios de la Cuenca del Caribe. Para proteger las exportaciones nuestras que entraban libre de gravámenes arancelarios al gran mercado norteamericano y el trabajo creado por el sector maquilador). El gobierno estadounidense valoró que en la medida que se atendiera la causa del flujo migratorio en su punto de origen ello es falta de trabajo y otras inseguridades –contribuiría a la permanencia de nacionales en sus lugares domésticos–. No son los muros materiales o virtuales lo que detienen las peregrinaciones. Es el fomento de mejores condiciones de vida, mayor estabilidad política y social, en los países vulnerables de donde se va la gente. A buscar afuera las mejores oportunidades que carecen en su tierra. La necesidad obliga. Y el instinto de subsistencia es indomable. Hemos resumido en esta columna de opinión, por lo corto que es la memoria, parte de los antecedentes históricos. A propósito del tema. Trasladamos al amable lector una de las conclusiones obtenidas en las elecciones recientes: La creencia generalizada entre los norteamericanos que la inmigración beneficia al país por el duro trabajo que aporta no que lo perjudica despojándolos de sus empleos, de viviendas o cuidados de salud.