El poder de la naturaleza

El poder de la naturaleza se ha desatado. Honduras junto a Nicaragua y Guatemala, han sufrido en menos de dos semanas el paso devastador de los huracanes y tormentas tropicales “Eta” e “Iota”, dejando una secuela de muerte, dolor, sufrimiento y cuantiosas pérdidas económicas.

Las escenas son desgarradoras. Viviendas arrasadas por completo, inundaciones, carreteras destruidas, niños, jóvenes, adultos y ancianos, clamando por ayuda, en su rostro se refleja la angustia y la desesperación, al ver pulverizados en pocas horas, el esfuerzo de toda una vida derrumbarse y para muchos ciudadanos no hubo un nuevo amanecer, su existencia acabó de manera abrupta, producto de derrumbes, ahogamiento o al ser arrastrados por las furiosas aguas de ríos desbordados, que sin clemencia arrasaron con todo lo que estaba por delante.

La población hondureña vive momentos críticos, no solo por la pandemia de la COVID-19, que ha dejado un saldo trágico cercano a las tres mil muertes y más de 105 mil contagios y por otro lado, estamos frente a acontecimientos inéditos, en menos de 15 días irrumpen dos destructivos huracanes.

Primero fue el huracán y tormenta tropical Eta, que desató toda su furia al impactar en suelo hondureño, los resultados han sido catastróficos, al menos 91 muertos y nueve compatriotas desaparecidos, las pérdidas económicas superan los cinco mil millones de dólares, un panorama desolador y apocalíptico, que pone al descubierto la vulnerabilidad de Honduras, uno de los países más pobres de América Latina.

No habían pasado ni dos semanas cuando aparece el poderoso huracán “Iota” que luego se degradó a tormenta tropical, un fenómeno devastador que ocasionó más desgracias, un total de 16 ciudadanos murieron a causa de este desastre natural y en el orden económico las pérdidas se cuantifican en más de cinco mil millones de dólares, un golpe demoledor para el pueblo hondureño, donde más del 70 por ciento de sus habitantes viven en la pobreza.

Expertos en el tema climático, coinciden que las sequías, las lluvias extremas, los huracanes, tornados, tsunamis, incendios forestales, terremotos y erupción de volcanes, serán cada vez más frecuentes y con un poder destructivo mayor en el planeta Tierra, y esta premisa la hemos visto reflejada cuando el país y la región centroamericana, se han visto sacudidos por estos dos fenómenos, que de manera descomunal han terminado con vidas humanas y pérdidas millonarias a sus economías.

Sin duda el mes de noviembre de 2020, pasará a la historia, porque en pocos días nuestro país y otras naciones de América Central, fueron devastados por monstruosos huracanes y tormentas tropicales, un hecho sin precedentes, que a criterio de especialistas en temas climáticos y meteorológicos, es solo el comienzo de acontecimientos apocalípticos que impactarán en los próximos años al planeta Tierra.

A levantarse

Frente a este desolador escenario lo que queda es levantarse y ver nuevas oportunidades para reconstruir y transformar Honduras, un espacio para que los tomadores de decisiones puedan cambiar de actitud, dejando a un lado su arrogancia, altivez y prepotencia y dar paso a una conducta honesta, íntegra y transparente, en sus ejecutorias públicas.

La clase política tiene una deuda pendiente con la población hondureña, históricamente sus ejecutorias han sido reprochables, indignantes y ofensivas, caracterizadas por el involucramiento en supuestos actos de corrupción, cometidos en perjuicio del erario público, fondos que han ido a parar a cuentas personales para satisfacer sus más bajos instintos.

“Eta” e “Iota” deben dejarnos una enseñanza, en no seguir cometiendo los mismos errores de siempre, caer en la improvisación, aprovecharse del poder para cometer actos de corrupción, un flagelo que ocasiona al país, pérdidas anuales que superan los 50 mil millones de lempiras, una cifra descomunal para una nación que ha sido saqueada por dizque servidores públicos, que merecen ser juzgados y condenados, por sus nefastos actos.

El pueblo hondureño merece un trato más justo y equitativo, es imperativo que la clase gobernante cumpla con proveer a sus habitantes de servicios de salud, educación, infraestructura y vivienda de la más alta calidad, que les permita mejorar su calidad de vida, se debe rechazar y no tolerar más que hombres y mujeres coludidos con el poder, sigan dándole migajas a todo un pueblo, que con el pago de sus impuestos merecen un mejor destino.

José Víctor Agüero Aguilar
Tegucigalpa, M.D.C.