¿Volvió Goya?

Blanca Moreno

Se tiraban contra los vehículos en marcha. Inmediatamente salía corriendo una madre llorando: ¡me mataron a mi niño! El conductor era obligado a llevar la víctima al hospital, sangrara o no. En el camino se arreglaban con dinero y se olvidaban del asunto. Ahí los dejaban en la entrada del hospital.

Era un acto ensayado frecuentemente en lo que hoy es el redondel entre el Banco Atlántida, Occidente y Diunsa.

El pequeño Erick de seis años no pasó la prueba: se tiró a un automóvil sin placa y el que manejaba huyó a toda velocidad. Sí llegó una ambulancia y el infante fue hospitalizado.

Corría 1990 y me encargaron una nota de color, porque un empresario se quejó de los pequeños que se abalanzaban a pedir dinero.

Entonces, hablando con uno de los niños me contó su historia. Antes le regalé un lempira para “ablandarlo”.
Vivía en la aldea de Suyapa y una mujer llegaba a recogerlos todas las mañanas y le pagaba a su papá para que se hiciera pasar por hijo de “Goya”, quien siempre estaba chineando un recién nacido.

Escribí un reportaje con fotos de Marito Fajardo: “Los niños de alquiler”, lo tituló don Paulino Medina (QEPD), jefe de Redacción de LA TRIBUNA.

Y fue así como llegué a Erick, quien nunca más volvió a caminar.
Recuerdo que una amiga tenía un cargo en Casa Presidencial y le conseguí una “chiclera” a la tal Goya, para que vendiera golosinas.

Mejor la hubieran metido presa.

Una vez me la encontré en la acera de la iglesia Catedral en el centro de Tegucigalpa y la saludé bien alegre. Cuando me reconoció: “hija de la gran p… por vos me sacaron de donde pedía y no me volvieron a dar ayuda”.
Ayer que vi tanto pequeño limpiando vidrios con agua chuca y pidiendo en la capital, pensé: ¿será que volvió la Goya?