David Salomón Amador
Uruguay es un pequeño país de Sudamérica, con una extensión territorial de 176,215 Km. cuadrados, un poco más grande que Honduras, con un total aproximado de habitantes, al cierre del año 2019, de 3.5 millones, es decir casi 60% menos que Honduras y con el sorprendente PIB por habitante de $ 24,362.00 al año, es decir unas 4 veces mayor que el de Honduras, lo cual es sorprendente y llamativo, por ello al investigar un poco pude notar ciertas cosas que políticamente son parecidas a las que Honduras ha tenido en su proceso democrático. Hasta cerca de los años 1985, Uruguay venía de procesos de dictadura, Honduras dejó esos procesos a partir de la elección, mediante sistema democrático en 1982, cuando se elige al doctor Roberto Suazo Córdova como presidente constitucional de Honduras. En el caso de Uruguay el primer presidente democráticamente electo fue José María Sanguinetti del Partido Colorado, con ideología centro-derecha, quien por cierto, gobernó dicho país por tres períodos, bajo la reelección, que fue debidamente autorizada desde el momento de la primera legislatura, lo cual alejaba cualquier indicio contrario a su Carta Magna.
El modelo uruguayo en términos políticos ha sido muy similar al de Honduras, donde han gobernado tres partidos políticos, el Partido Colorado, el Partido Nacional y el partido denominado Frente Amplio; pero previo tuvieron que pasar por momentos complejos. En el año 2002 se da la situación que los bancos uruguayos que tenían depósitos de muchos argentinos, se vieron en la situación de entregar retiros de las cuentas de los bancos, efectivo proveniente de argentinos y ello llevó a una escalada financiera que tuvo que intervenir el Fondo Monetario Internacional, para regular el descalabro del sistema financiero uruguayo, y aun y cuando el FMI no pretendía ayudarles, el gobierno de EEUU a la cabeza de George Bush padre, le otorgó un préstamo por 1,500 millones de dólares para poder estabilizar el país y no provocar un caos financiero, que lo llevaría a un caos social. Según un informe de la revista británica especializada THE ECONOMIST, Uruguay es considerado el país más plenamente democrático de Sudamérica, ubicado en el puesto 27, sobre un total de 167 naciones, y además es el primero de Latinoamérica en la tabla de los países con menor índice de percepción de corrupción, elaborado por la organización Transparencia Internacional; ambas menciones acerca de Uruguay son dignas de respeto porque denota la madurez democrática y política que tiene el país a nivel mundial.
Si bien en el mismo país hubieron contiendas reñidas entre los tres partidos, que han alternado los procesos políticos, es de importancia señalar que a pesar que hace 18 años, el país estuvo cerca de un precipicio financiero, hoy es uno de los que tiene un alto nivel de ingresos por habitantes, eso se debe a que no importando el gobierno que le toque se han realizado las acciones pertinentes, en el tema de combatir la pobreza, ejemplo claro es que en el 2019 el nivel de pobreza en Uruguay fue del 5.3% y en Honduras un 58.6%, y si nos vamos al índice de pobreza extrema, Uruguay 0.3% y Honduras un 21.8%, es llamativo que hay tanta diferencia, claramente algo han hecho los uruguayos que les permita ser un país en crecimiento sostenido y que sus habitantes gocen de un ritmo de vida más adecuado a sus necesidades. Uno de los sectores de mayor crecimiento ha sido el tecnológico, a tal punto que Uruguay es el mayor exportador de software en Latinoamérica, lo que le ha permitido entonces este crecimiento económico, ello indica inversiones extranjeras que tienen plena confianza en la seguridad jurídica del país.
Recientemente y a raíz del problema del covid-19 hubieron dos expresidentes que tuvieron que retirarse a sus puestos dentro del Senado, como consecuencia de la prevención de adquirir el virus; José María Sanguinetti y José Mujica, en dicha reunión lo que más pude apreciar fue que a pesar de las diferencias ideológicas, siempre el país fue primero, y acá es donde para mí el modelo uruguayo es un ejemplo, tenemos desde 2010 una política sectaria en Honduras, donde una opinión contraria es catalogada por socialista o los únicos que tienen derecho son los nacionalistas, si seguimos con ese sectarismo vamos al despeñadero. Déjense de papadas señores políticos y asuman de una vez por todas que este país es de hondureños, no de ñangaras o de manchas bravas, todos nacimos acá, aprendamos de otros que son mejores.