A SU DEBIDO TIEMPO

A estas horas, ETA estaría abandonando, por el litoral atlántico, el territorio nacional. En ruta al mar Caribe. Para alivio de unos y resignación de otros que sufrieron o continúan sobrellevando los groseros efectos del fenómeno natural. Entró como huracán a Puerto Cabezas, golpeando duro poblados nicaragüenses. Al degradarse a depresión tropical, en su ingreso a Honduras, deja cuantiosos daños a su paso. Hay al menos una docena de muertes que lamentar. Siempre, el pesar más grande, es cuando se pierden preciosas vidas humanas. En segundo término los demás perjuicios que han sido considerables. Desbordamiento de ríos, llenas y derrumbes. Centenares de evacuados en las zonas de riesgo. Destrucción de viviendas; compatriotas que perdieron todos sus bienes, en distintas comunidades. Daños a la infraestructura vial como a la agricultura. Varias zonas incomunicadas a consecuencia de caminos lavados, carreteras desmoronadas o puentes caídos.

No porque estuviesen pegados “con saliva” –como dijese algún ignorante– sino porque los caudalosos ríos crecidos embisten lo que encuentran a su paso con furia, como fieras salvajes. Arrastran troncos, piedras y todo lo que cruza su cauce, impactando con fuerza brutal en las pilastras. Ello requiere de monitoreo y de regular mantenimiento. No hay que ser experto para entender que las constantes crecidas de los ríos, en el transcurso de varios inviernos, van erosionando los pilares y los estribos de la estructura hidráulica. Los encargados de obras públicas deben ejercer su función de vigilancia con el fin de reparar lo deteriorado. (Si no lo hicieron, suya es la responsabilidad). Igual como lo dan, solo para citar un ejemplo, a la cortina de “El Cajón” que no podría soportar la formación de grietas o de fallas catastróficas. Todavía no ha pasado la emergencia para hacer un recuento exacto de las pérdidas. La rehabilitación obliga a que se haga un somero inventario del estropicio. Como que la inversión utilizada en reponerlo se maneje en forma transparente. De momento la atención debe centrarse en brindar socorro y asistencia a los compatriotas damnificados y a cualquier persona en necesidad de atención solidaria. No vamos a caer en la tentación, de momento, de hacer contrastes entre este delicado temporal con el diluvio que destruyó a Honduras en el año 1998. Ni al ruinoso estrago provocado ni a la exitosa recuperación. Considerado, por su siniestro efecto demoledor, como “la segunda mayor catástrofe natural del siglo pasado”.

Ilusos sin memoria –y uno que otro periodista cuya labor, por respeto a la angustia que aflige a tantos hondureños, debiese ser orientadora, no surtidor de frustraciones– hacen un recuento distorsionado de la historia. Para poner las cosas en el lugar correcto, hay que ser paciente y saber esperar; todo a su debido tiempo. Hoy estamos en emergencia y son otras las prioridades. Resultaría hasta necio distraer atención de las ingentes necesidades del pueblo hondureño. Para concluir. El otro suceso que mantiene en vilo al amable público es el atolladero electoral en los Estados Unidos. Como decíamos ayer, lo que se entiende por democracia desciende a niveles de conflicto peligroso e impredecible. Vaya coincidencia, a propósito de este frío moderado que trajeron los frescos vientos de la tempestad. Pareciera que allá va a ser Nevada. Es decir, el Estado que pueda definir la elección.