Una ciencia corporal

(Epílogo: López Vs. Lomachenko)

Federico Rosa

“La pelea es ganada o perdida lejos de los testigos, detrás de las cuerdas, en el gimnasio, y allá en la pista, mucho antes que yo baile bajo esas luces”.
-Muhammad Ali-.

El pasado 17 de octubre, Teófimo López padre, lucía una gorra de béisbol con el lema “Nostradamus”, haciendo alusión al supuesto adivino francés, ya que años atrás, el hondureño había predicho que su hijo le ganaría a Vasily Lomachenko en una contienda de boxeo. La mayoría de aquellos que lo escuchaban en aquel entonces, pensaban que el entrenador era alguien quien hablaba demasiado, y tal vez, un poco desquiciado. Esa noche, yendo hacia último asalto, le dijo a su hijo: no hagas nada estúpido, que estamos ganando. Su hijo le desobedeció, y se arremetió a golpes con el ucraniano, considerado el mejor boxeador técnico de su generación. Al final de la noche, el hombre con la gorra de Nostradamus levantó a su hijo Teófimo, ahora declarado campeón indiscutible del mundo.

La sorpresa no fue la profecía. Para muchos, no fue solamente que Teófimo López, hijo, le ganara a Lomachenko, sino que su victoria fue tan amplia en las tarjetas que varios pensaron que no fue justo o acertado. Que “Fimo” haya ganado no fue ningún error. La victoria fue sólida y si no contundente. El ucraniano hizo poco o nada en los primeros seis asaltos, sus movimientos utilizados casi exclusivamente en defensa. Existen argumentos de que el ucraniano hizo lo suficiente en los siguientes cinco asaltos para empatar a López. Seguramente, Lomachenko hizo la pelea más competitiva, acortando la distancia y marcando golpes claros sobre López, pero el duodécimo asalto dejó clara la contienda. López mermó a su contrincante, lanzando más allá de sus reservas, aún sufriendo una cortada sobre el ojo derecho, a causa de un choque accidental de cabezas. Lomachenko, por otra parte, se vio diezmado y gris, caminando lentamente hacia su esquina.

Aún en los últimos diez segundos de la pelea más vista de los últimos dos años, López no dejó que la duda quedara sobre los jueces. Lanzó más golpes y fue para adelante, manteniendo a Lomachenko a la defensiva. López anotó la mayor cantidad de golpes que cualquier boxeador le había dado a “Loma”, en el último round. Al sonar la campana final, este regresó a su esquina agotado; su cara marcada por golpes y su lenguaje corporal reflejaba incertidumbre y quizás, desilusión. López, por otra parte, celebraba como que estaba seguro de que había ganado. Se subió sobre las cuerdas a gritar:

“¡I just did that!”

Es donde, aquí en Honduras, vivimos algo confuso. Los narradores nacionales nos afirmaban que Lomachenko había ganado todos los rounds. Vimos una contienda reñida, es cierto, y no pensamos que sería posible que López le fuera a ganar a Lomachenko. Curiosamente, López comenzó a celebrar antes que anunciaran al ganador, y su esquina igualmente lo hacía. Lomachenko, por otro lado, sabía que no fue una de sus victorias con rivales menos fuertes, rápidos o talentosos. Estaba muy inseguro y se le notaba.

Al comparar las narraciones nacionales de la contienda con las de los Estados Unidos, México o Rusia, me sorprende que nadie aquí en Honduras habló de la primera mitad de la contienda como una pérdida para Lomachenko; de la velocidad y paciencia del boxeador hondureño; del tamaño de López, el cual era significativo, haciendo al ucraniano verse pequeño; de que López pegaba muy fuerte y se notaba, ya que Lomachenko respetaba esta fuerza y se movía de lado a lado, evitando los puños del hondureño. Que, en efecto, si Lomachenko lució mal, no fue accidente, fue por culpa de Teófimo López. En mi columna anterior, comparé la pelea a la historia ‘Goliat vencido por David’, pero al final, el pequeño de esta pelea, literalmente, era el ucraniano. En el pesaje del día anterior, se notaba que López se tuvo que deshidratar, mientras que el ucraniano se miraba hasta un poco blando el día de la pelea. Al final, vimos una pelea reñida, pero muy táctica. Difícil de puntear.

En este tipo de peleas, en la cual un favorito pierde, y hay una decisión de una juez sospechosa, no falta la crítica. Los humanos reaccionamos negativamente al ver cambios inesperados. Muchos teníamos la certidumbre que Lomachenko ganaría. Pero no sucedió. Esta discrepancia nos emocionó a nosotros como hondureños, pero confundió a los críticos de López y los defensores de Lomachenko. Esto está bien, ya que entre más hablen de la pelea, más atención le damos a López, cosa que nunca está de menos. Hay un lema que reza: “hasta la mala publicidad es buena”. Por otra parte, Lomachenko necesitó una operación quirúrgica luego de la pelea a causa, se supone, de un golpe previo a la pelea. Como para ajustar las tarjetas, ahora también López sostuvo una operación en su pie debido a una lesión. En cualquier caso, el resultado ya está dado, hay un nuevo campeón y varias peleas interesantes en el horizonte. De nuevo hacemos el llamado a López a que nos venga a visitar como hondureño.

La lección para nosotros, no obstante, es esta: Esa gorra de Nostradamus ha de tener algo. ¿O será quien la lleva? Estamos a la espera de la próxima profecía.

Dedicada a la familia López.