Rompiendo ciclos

Carolina Alduvín

Pobreza y atraso en el desarrollo, han sido durante toda nuestra historia, una constante difícil de abatir, un círculo vicioso que no hemos sabido romper, no importa cuántos intentos individuales o colectivos se hayan hecho; es necesario, para salir adelante, eliminar los vicios que perpetúan la dependencia, el paternalismo, la corrupción y el atraso como individuos y como sociedad. Cierto es que la mentalidad de los propios pobladores no siempre ayuda, que se prueban estrategias y metodologías, que parecen funcionar durante algún tiempo, que tienen que venir respaldadas por alguna forma de incentivo y que, la falla es que cuando el mismo se agota, la tendencia es a revertir avances y el estado de cosas suele volver a un punto retrógrado, respecto del estado inicial y la eterna pregunta sigue siendo: ¿cómo rompemos el círculo?

Sabemos que el Estado, aunque cuenta con fondos presupuestados para toda su estructura burocrática, es muy poco lo que termina real y efectivamente destinando al desarrollo de las comunidades, especialmente, las más alejadas o aisladas. Ahí suelen entrar las organizaciones no gubernamentales, su papel resulta fundamental para hacer frente a los retos de todo tipo, sin importar su ámbito o constitución jurídica, se enfocan en conseguir cambios positivos en las familias y comunidades, para que se garanticen los derechos de todas las personas.
Su visión tiene como punta de partida, sensibilizar a la sociedad sobre problemas globales como la pobreza, desigualdad, injusticia, crisis humanitarias, desplazamientos de la población o el cambio climático, entre otras. Se requiere la participación activa de la propia ciudadanía en el diagnóstico de sus necesidades, siendo estas múltiples, deben también priorizarlas y consignarlas en un plan de acción; sin embargo, tales prioridades no siempre coinciden con las de los promotores de las acciones sociales, un gran punto a revisar y a armonizar para el éxito.

Su misión, al final de cuentas es impulsar proyectos de transformación social, teniendo en mente, proteger a las personas más pobres y desfavorecidas, estas suelen ser las mujeres, niños, ancianos y discapacitados. Es común identificar una transmisión intergeneracional de la pobreza, por lo que resulta fundamental intervenir en las causas estructurales que perpetúan las situaciones de ingreso por debajo de las necesidades esenciales y de beneficio desigual entre quienes generan riqueza. Para esto, es imprescindible conocer y comprender la dinámica detrás del proceso; aquí es donde se debe tener cuidado con los planteamientos ideológicos implícitos, más que buscar culpables, hay que hacer responsables a los protagonistas y promover la participación en su propio proceso de desarrollo, hay que erradicar la idea que todo debe venir de papá gobierno o del candidato de turno que viene a buscar votos.

Para tal objetivo, hay que vincular a las personas con los proyectos desde su selección y primeros pasos, para garantizar que les darán continuidad, estén o se hayan retirado los promotores; esto es el factor clave para no generar dependencia entre los beneficiarios y asegurar la sostenibilidad de lo que hayan construido como individuos y como sociedad.

También es indispensable fortalecer a los ciudadanos como tales, abrir sus ojos, dando a conocer que tienen derechos, cuáles son al igual que sus deberes, cómo hacerlos valer, defenderlos y exigirlos; especialmente a las personas más vulnerables, mediante planes de formación y capacitación en labores de porta voz, gestión y negociación con las instituciones oficiales, de manera que puedan tratar temas clave para el desarrollo de sus comunidades.

No se trata de reemplazar el trabajo, mucho menos las responsabilidades de los gobiernos, sino, más bien complementar las políticas públicas del Estado o los organismos internacionales, ejerciendo influencia para que las políticas públicas respondan a las necesidades e intereses de la sociedad civil. Experiencias con organizaciones de maletín o que se limitan a cumplir los propios fines, han terminado por generar desconfianza hacia este tipo de instancias, por lo que se debe llevar a cabo una gestión impecable en las labores de promoción del desarrollo. Es clave trabajar con honestidad, profesionalismo, compromiso y transparencia; periódicamente, informar a aportantes y beneficiarios sobre uso de recursos y avances en los proyectos y bienestar.