Incivilidad; indisciplina; incultura

SEGISFREDO INFANTE

Los significados contrarios de cada uno de los términos anteriores, poseen una trayectoria conceptual a lo largo y ancho de la historia de las civilizaciones, y de las más remotas comunidades. El pensador alemán, Oswald Spengler, pretendió separar los conceptos de cultura y civilización, con un lenguaje florido y pegajoso, pero cargado de ultrapesimismo respecto del futuro de la “Civilización Occidental”. Esta clase de pesimismo, y de negligencia, consciente o inconscientemente, le abrió las puertas de par en par a los totalitarismos extremos del siglo veinte. En Honduras el abogado Ramón Ernesto Cruz (QEPD) elaboró un folleto con los conceptos elitistas de “cultura” y “civilización” que había trabajado Oswald Spengler. Pero ignoro si acaso “Monchito” Cruz era consciente del trasfondo conceptual de aquel importante pensador alemán.

A mi juicio, aunque son conceptos muy diferenciados, “cultura” y “civilización” se entrelazan íntimamente en el curso de la “Historia”. Por supuesto que las culturas prehistóricas eran incivilizadas, en tanto que las civilizaciones emergieron hace aproximadamente diez mil años, comenzando, quizás, con la ciudadela amurallada de Jericó, a pocos tiros de ballesta del río Jordán. La civilización, cualquiera que ésta sea, se encuentra asociada, por regla general, al sedentarismo; a la agricultura; a la construcción de los primeros emplazamientos urbanísticos; a la jerarquización estatal y a la invención de los números y la escritura. El arte, por su lado, experimenta unos refinamientos especiales y las relaciones interhumanas tienden a domesticarse.

Por supuesto que la civilización cabe dentro de una esfera más amplia y flexible que es el concepto de cultura, desde una óptica antropológica. Pero los grandes aportes poéticos, teológicos, filosóficos, científicos, artísticos y tecnológicos, se han realizado dentro de las civilizaciones. O muy cerca de ellas. Además de los grandes aportes espirituales, las civilizaciones han causado enormes desastres contra ellas mismas, como clara evidencia de la irracionalidad humana, nunca superada del todo. El concepto elitista de “cultura” vino mucho después, para referirse a personas incultas, es decir, ignorantes o iletradas. De tal modo que este concepto es elástico y pareciera que se puede aplicar a cualquier época y persona dentro o fuera de un contexto civilizado. También se dice que alguien es “inculto” cuando cae en actos vandálicos o en verborragias tóxicas.

Las guerras de cualquier índole; los fanatismos ideológicos, religiosos y raciales extremos; los siniestros naturales; más las epidemias de amplia cobertura, conducen a exhibir lo peor y lo mejor de cada ser humano, en diferentes momentos históricos. Pero, sobre todo, en el siglo veinte y en los comienzos del veintiuno. No estoy diciendo nada nuevo. Solamente lo estoy confirmando. En tanto que el irrespeto a la vida sacrosanta de las personas, y el grave peligro de extinción de nuestra especie humana, se han vuelto a poner en evidencia con la actual problemática pandémica, la cual se ha convertido en un fenómeno multifactorial. O en una especie de “Medusa” con múltiples serpientes.

Todos sabemos que las reaperturas económicas son vitales para la subsistencia de nuestras sociedades hipotéticamente civilizadas. Inclusive para neutralizar posibles o probables hambrunas. Sin embargo, muy pocos parecieran enterarse que en algunas reaperturas en que las “autoridades” y las “masas” irrespetan las medidas básicas de bioseguridad, se pone en peligro a las reaperturas mismas, y se abren las ventanas de los rebrotes angustiantes del “coronavirus”, tal como hoy por hoy está sucediendo en lugares tipo Miami, Florida. Y en algunos municipios de Honduras. Sin olvidar que en nuestro caso son varios los médicos y enfermeras que han caído, heroicamente, dentro del apostolado de salvaguardar las vidas de sus pacientes.

Guillermo Hegel sugería que los pueblos cultos o civilizados eran susceptibles de “involucionar”, especialmente en territorios abiertos. Habría que añadir que la involución también es probable en las grandes concentraciones metropolitanas. José Antonio Funes, un amigo especial, me ha informado en estos días que en Francia se registran, diariamente, alrededor de cincuenta mil nuevos casos de personas infectadas por “covid-19”, con la proyección de cien mil infecciones diarias. Por eso el presidente Emmanuel Macron ha propuesto nuevos confinamientos, menos restrictivos que los de marzo. Otro tanto está ocurriendo en algunos puntos de Italia y Alemania. Y entonces aquí deviene la pregunta clave: ¿En dónde quedó la admirada disciplina de los alemanes?
El concepto de “incivilidad” lo utiliza José Antonio para referirse a la marejada de jóvenes que salen a parrandear injustificadamente, y retornan a sus hogares a infectar a sus parientes. Me parece que es un error craso seguir justificando a las “masas populares” desbordadas. Habría que releer el libro “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset”, a fin de colocar las cosas en su justa perspectiva. Ahora mismo observamos una conjugación de incivilidad, indisciplina e incultura, de griegos, parias y troyanos.