A PUÑO LIMPIO

DE nada sirvió el TREP. No hay resultados definitivos. No los hubo ni durante el transcurso de toda la noche, ni a la mañana siguiente. Dudoso los haya en los próximos días, dada la ráfaga de objeciones e impugnaciones que se viene encima. Allá no es como aquí que exigen tener recuento de votos, ya oficializados, a las 48 horas siguientes después de sufragar. De lo contrario agarran para la calle a protestar. Que “algo trama, algo esconde, la autoridad electoral”. El mundo seguirá en vilo de lo que vaya a ocurrir en el país más poderoso del mundo. La incertidumbre, el desasosiego; la dilatada y angustiosa espera. El desenlace del drama va para largo. Resultó ser una elección bien reñida. Quien gane, será –como en las carreras hípicas–por una nariz de ventaja. Otra vez fallaron las encuestas de la holgada ventaja. Al carajo los sondeos. La técnica de los expertos leedores de la opinión pública, con sus anacrónicos métodos de predecir el futuro. Las herramientas de antes son inútiles ahora.

Las sociedades mutaron. Esta es hoy la sociedad líquida de las superficialidades. De multitudes volubles y veleidosas. Atrapadas en sus burbujas sociales. Adictas a la alquimia que ensaya convertir lo falso en verdad y el espejismo en realidad. Poco sirve espulgar criterios. No digan que no les dijimos. “Los analistas convencionales –alertamos en editorial anterior– no entienden que se han quedado con sistemas arcaicos de medición de opiniones”. “A partir de las revelaciones del “Big Data”, de Seth Stephens-Davidowitz, en su libro “Todo el Mundo Miente”, no funcionan las técnicas tradicionales de la demoscopia para vaticinar eventualidades”. El consultado engaña u oculta su opinión. No digan, tampoco, que no les dijimos esto otro. Fácil intuirlo, desde que POTUS atacó de “fraudulenta” la votación por correo. No quiso comprometerse a una normal transición. Coronado por el apuro de los republicanos de llenar la banca de la magistrada fallecida en el más alto tribunal. “Lo que suceda en la Suprema, –advertimos en otro editorial– esta vez podría trascender al campo político electoral”. “En las vísperas de lo que podría ser una nueva controversia histórica, imposible olvidar el antecedente de la elección presidencial del 2000. La elección entre Gore y Bush prácticamente fue dirimida por un fallo de la Suprema. El juez detuvo el recuento de unos 2 mil votos –de las papeletas perforadas– en contienda en la Florida, inclinando el equilibrio de votos del Colegio Electoral”.

Florida, el codiciado Estado que arroja votaciones apretadas, esta vez no fue fiel de la balanza. Ese lo ganó POTUS. Con ajustadas diferencias, comienza la feria de reclamos. En su primera comparecencia asegurando que ganó la elección advierte que lleva el caso a la Suprema. Ya impugnó la elección de Wisconsin y pide recuento en Michigan. Ah, y recurre a la justicia para que suspendan el conteo en Pensilvania. Estos, hasta ahora, serían los Estados bisagra que decidirían quién obtiene los 270 votos necesarios para ganar el Colegio Electoral: Wisconsin, Michigan, Nevada, Arizona, Carolina del Norte, Pensilvania, Georgia. Cualquier cosa que pase, no hay que desconocer la capacidad de rebote de POTUS. Sus tácticas y habilidad de repuntar. Criticado por el manejo de la pandemia y las cifras escalofriantes de contagio y fallecidos en los Estados Unidos, tocó otros nervios sensitivos que mueven los sentidos del votante. El apretado resultado denota una sociedad bastante confrontada, de fuertes sectores poblacionales con tendencias a los extremos, partida por la mitad. Esa y no otra es la nueva normalidad. Lo que viene no es nada bonito. Será un espectáculo reñido y azaroso hasta que se defina un ganador. Lo que se entiende por democracia desciende a niveles de conflicto peligroso e impredecible. Ambos bandos se quitarán los guantes. Van a dar la pelea a puño limpio.