Cuando yo estaba pequeña, me encantaba escuchar historias, y una que siempre me impresionó trataba del encuentro de dos animales parecidos pero diferentes entre sí.
Resulta que un día, en una zona boscosa se encontraba un zorro, de esos pequeños y rojizos, quejándose de su suerte pues hacía varios días que no cazaba nada para comer… le dolía el estómago y hasta la vista tenía borrosa porque estaba débil y exhausto… de pronto, le pareció sentir un aroma a comida que alertó sus sentidos, se olvidó de todo, y sacando fuerzas de verdaderas flaquezas, se lanzó a la búsqueda de la fuente de tan delicioso olor, y así fue como salió del monte y la maleza y se fue adentrando a un reino desconocido… los dominios del hombre… con mucha cautela y cuidando no ser descubierto, observó un delicioso hueso carnoso en el plato del perro del hogar, este, descansaba con cara de aburrimiento dentro de su bonita casa hecha especialmente para su comodidad, solo asomaba su cabeza rechoncha, su cuerpo estaba dentro de sus aposentos, ni de casualidad volteaba a ver el manjar que tenía a unos centímetros de su pico… el zorro ya estaba salivando y temblando de ansiedad al verse tan próximo a ese delicioso platillo, pero… si se acercaba, seguro habría un enfrentamiento por la conquista del botín; entonces pensó: “no tengo nada que perder, si de todas formas tengo que morir, que sea peleando y no de hambre” así que caminó sigilosamente al plato del perro, este, rápidamente paro las orejas y comenzó a olfatear, supo inmediatamente que tenía una visita inesperada, de pronto, las miradas de ambos se cruzaron, los dos estaban asustados, pero ninguno tuvo una actitud violenta u hostil, y fue así que el perro tomó la iniciativa y le dijo al zorro: “amigo, ¿en qué te puedo ayudar? El zorro comenzó a contarle todas sus penas y como llegó a las “puertas de su casa” buscando alimento, el perro muy amablemente le dijo que comiera con confianza, total, él estaba lleno y francamente hasta le aburría a veces que le dieran tanta carne y hueso.
El zorro de un salto atacó la comida y la devoró con ansiedad y agradecimiento. Mientras, el perro lo veía con compasión… y entonces le dijo: “querido pariente, yo vivo con mi amo, y es un hombre bueno, amable y generoso, yo puedo interceder por ti para que te adopte, así nunca más tendrás que sufrir de hambre, frio o sed, aquí todas tus necesidades serán cubiertas”… el zorro escuchaba con mucha atención, pues la idea era tentadora… de pronto se estacionó un auto algo lejos de donde ellos estaban, entonces el perro comenzó a mover la cola, se levantó y exclamó muy contento: “es el, dentro de un rato vendrá a saludarme” sus ojos brillaban de la alegría… el zorro pensó: “ debe ser muy bueno el amo para que este perro se ponga así de contento con su llegada” fue hasta ese momento que el zorro notó algo… su nuevo amigo tenía un collar y una cadena que lo retenía en su cómoda casa… entonces preguntó: “¿porque estas amarrado? ¿no te molesta?” … “¡Oh, no!” contesto el perro, “mi amo me saca a pasear de vez en cuando, ¿no te digo que es muy bueno?” el zorro inmediatamente agradeció toda la amabilidad recibida y desapareció más rápido de lo que había llegado al lugar.
Más tarde, el zorro estaba a la par de un riachuelo contemplando la luz de la luna, estrellas y luciérnagas, mientras agradecía a la vida por la existencia que le tocó sobre este planeta, pues comprendió que aunque a su buen amigo el perro lo que más le importaba era la seguridad y el aprecio que su amo le proporcionaba, a él, lo que de verdad lo llenaba de alegría era la libertad de correr de un lugar a otro sin cadenas ni limitaciones, aunque eso, en ciertas ocasiones le significara padecer un poco de hambre… aunque recordó también que en muchas ocasiones disfrutó de manjares después de una buena jornada de cacería…
¡Cómo puedo ver similitudes entre los artistas y el personaje del zorro en esta historia! Somos almas libres, deseosas de crear, de correr y alcanzar… disfrutamos del placer de cazar miradas con nuestras obras, de revolotear por cuanto lugar nos inviten… y saboreamos cada logro de nuestra jornada como si se tratara de un gran manjar…
Nunca frenemos a alguien procurando hacer que encaje en ideas tradicionales si no es ese el lugar que le corresponde, finalmente, muchos venimos de nacimiento con “Almas de artistas”.