Después de quedarse esperando a los turistas en el frustrado feriado “Morazánico”, los pequeños hoteles proponen varias opciones para aprovechar estos días de asueto de aquí en adelante.
En total son cuatro las alternativas que propuso ayer el representante de los Pequeños Hoteles, Roberto Oseguera. Estas son: pasar el feriado a finales de este mes, cambiar las reservaciones para pasar fin de año, implementar tres fines de semana largos o tomar el asueto la próxima semana.
No obstante, la más conveniente, según Oseguera, sería tomar libre desde un viernes al domingo, pero para ello, el sector privado tendría que sacrificar el mediodía de trabajo que significa la jornada sabatina.
“Poner tres fines de semana diferentes nos ayudaría a no movilizar la gente de un solo o hacerlo por etapas, lo cual es sumamente importante”, para reducir el contagio del coronavirus, consideró.
Como sector dijo que avalan la cancelación de la “Semana Morazánica”, por parte del gobierno a raíz del hasta ayer huracán Eta, además, que la gente desde antes empezó a posponer sus reservaciones.
Con este tiempo de vacaciones, los empresarios del rubro abrigaban la esperanza de oxigenar sus cuentas con, al menos, un 40 por ciento de demanda, pero los hoteleros se quedaron “como novias de pueblo; esperando, pero la naturaleza es así”, reconoció el entrevistado.
El sector turismo contaba con un millón de personas movilizándose a diferentes puntos de esparcimiento, más que todo playa, pese a la crisis económica y las restricciones de circulación.
Al final, el gobierno canceló el asueto por temor a la pérdida de vidas debido al meteoro que hasta ayer por la tarde presentaba signos de debilitarse o convertirse en tormenta o depresión tropical, con menor amenaza sobre el territorio hondureño.
La denomina industria “sin chimeneas” es la más afectada por la pandemia de la COVID-19, la actividad de hoteles y servicios fue la que más cayó desde el 16 de marzo cuando se decretó el toque de queda absoluto con suspensión de las garantías constitucionales.
La aparición de Eta en las aguas del Caribe fue otro golpe duro para esta actividad económica, que ya había invertido importantes sumas de dinero en cumplir protocolos de bioseguridad y en los preparativos para recibir a los turistas, como alimentos o reparación y acondicionamiento de las instalaciones de acogida. (JB)