Fernando Berríos
Periodista
Twitter: @berriosfernando
Correo: [email protected]
La participación igualitaria, con paridad y alternancia, en los asuntos políticos electorales de la nación son un acto de justicia para la mujer hondureña.
Mucho se demoró nuestra clase política en reconocer que las mujeres debían ser algo más que un instrumento electoral y propagandístico en manos de políticos que, a sabiendas, ignoraban el rol trascendental de la mujer en la sociedad.
En ese sentido, debemos reconocer que las reformas electorales para asegurar su participación política, en condiciones justas, igualitarias y equitativas, son un enorme avance en el proceso de fortalecimiento democrático.
Atrás quedarán esos falsos discursos que pregonaban la participación igualitaria de la mujer, porque basta hacer un pequeño análisis del último proceso electoral (que en teoría representó un gran avance en función de procesos pasados) para darnos cuenta que la clase política siempre se las ingenió para burlarse del elector.
Según los resultados oficiales del proceso electoral de 2017, que dieron como vencedor a Juan Orlando Hernández Alvarado, pese a los compromisos de abrir más espacios de participación, las mujeres siguieron siendo una minoría en el Congreso Nacional.
La lógica establece que si las mujeres representan el 52% de la población, en esa misma medida debería verse reflejada su representación en el soberano Congreso Nacional.
Pero la realidad fue otra. Las mujeres solo fueron incorporadas a las planillas de los partidos en contienda para cumplir requisitos y evitar una sanción moral en una sociedad que lamentablemente sigue siendo machista y patriarcal.
Ubicadas en posiciones poco relevantes y con escasas posibilidades de triunfo, las mujeres fueron usadas una vez más para llenar espacios y cumplir cuotas.
El resultado fue el esperado. Según un recuento efectuado de los resultados oficiales publicados en el Diario Oficial La Gaceta, apenas 28 mujeres lograron una curul como diputadas propietarias, contra 100 representantes del sexo masculino.
En el caso de las diputaciones para suplentes, solo 50 mujeres lograron un escaño, es decir, en total fueron 78 las mujeres que se convirtieron en parlamentarias de 256 escaños en disputa (entre propietarios y suplentes).
Si los vemos en términos porcentuales, entre diputados propietarios las mujeres apenas representaron el 21.8 por ciento y en el caso de las suplencias representaron el 39 por ciento.
Si bien estos números son relativamente mejores a los de procesos anteriores, cuando había un absoluto dominio del sexo masculino en la toma de decisiones, estuvieron muy lejos de lo que demandan las sociedades modernas, civilizadas y eminentemente democráticas.
La mujer debe ser siempre el eslabón más fuerte de la sociedad y todos sus derechos deben ser reivindicados por la sencilla razón de que han sido ignoradas a lo largo de la historia.
La marginación y la exclusión han pasado una factura muy cara de pagar: pobreza extrema, desempleo, analfabetismo, migración irregular, inseguridad, mortalidad. La lista es demasiado extensa.
Las reformas a la ley sin duda serán vitales para comenzar por lo primero, es decir, reconocer el derecho a la libre participación pero en igualdad de condiciones, sin trampas y sin subterfugios.
Hay departamentos del país que culturalmente deben avanzar mucho en este tema y si no veamos. En Yoro de 18 diputados propietarios y suplentes, apenas 4 fueron mujeres.
En Santa Bárbara, de 18 posiciones, apenas 3 fueron mujeres. En Cortés, de 40 posiciones, apenas 10 mujeres lograron su objetivo. Y Francisco Morazán no fue la excepción porque de 46 posiciones, apenas 17 corresponden a mujeres.
Por el contrario, en el pasado proceso vimos buenos ejemplos dignos de imitar. En Atlántida, de los 16 diputados propietarios y suplentes, 9 son mujeres.
Si lo vemos desde otra óptica, de las 28 diputadas propietarias, 15 son de tres departamentos: Francisco Morazán (7), Cortés (5) y Atlántida (3). Las restantes 13 diputadas se reparten en 15 departamentos del país. ¿Qué pueden esperar las mujeres de estos 15 departamentos si ni siquiera tienen una representación fuerte y decisiva en el Poder Legislativo?
No dudamos de la enorme capacidad de las mujeres para transformar la sociedad. Ellas tienen el poder de hacer los cambios que se requieren para construir un país más justo, moderno y solidario.
Por ello celebramos la decisión de dar a la mujer el lugar y el espacio que le corresponde. Nuevos tiempos se avecinan para la nación ahora que cada mujer puede demostrar su capacidad y talento en igualdad de condiciones. ¡Enbuenahora!